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LA VERDAD EN INTERNET. EL PERIODISTA Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS.

Publicado el 19 de abril, 2017

LA VERDAD EN INTERNET. EL PERIODISTA Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS.

El 30 de octubre de 1938 EEUU fue víctima de una lluvia de meteoritos que contenían en su interior naves alienígenas que llegaron para someter la Tierra y matarnos a todos con rayos y gases venenosos. O al menos eso fue lo que contaron los noticiarios de radio de la época. Pero, tranquilos, no se trató de un hecho real, sino de la dramatización de la novela de H.G Wells La Guerra de Los Mundos.

A pesar de que los locutores indicaron que se trataba de ficción, el desarrollo de la emisión fue tan intenso y vívido que la mayoría de los radioyentes no asimiló este aviso y mucho menos fue a contrastarlo con las fuerzas del orden, sino que directamente corrió a comentarlo entre vecinos y familiares facilitando que cundiese el pánico y el caos en ciudades como Nueva York.

El responsable de esta convulsión fue el cineasta Orson Welles, que adaptó a guion de radio la novela. Aunque en esta ocasión no se trataba de un bulo en sí mismo, sino más bien de un experimento, es un episodio muy gráfico que utilizan los profesores de las facultades de Periodismo para ilustrar el enorme poder que tienen los medios para difundir noticias y lo rápido que puede extenderse una información falsa, amén de mostrar la insuficiente capacidad crítica y analítica que tiene una buena parte de la población para la que aún “si algo se publica, es que es verdad”.

Si en esa época el resultado fue el que fue, podéis imaginaros lo rápido que se difunde y viraliza hoy un contenido, especialmente si toca lo emocional, es morboso o tiene tintes políticos, y no ya a través de medios de comunicación que resultan, por lo general, bastante fiables y sólidos, sino a través de plataformas como Facebook, Twitter, blogs y sucedáneos, en los que cualquiera puede adoptar el papel de `informador´.

Fuente: Sur y Sur

Según la AIMC, el 56,6% de los internautas españoles utiliza las redes para informarse y para un 70%, IInternet es ya su fuente principal de información. Además,  diversos experimentos han demostrado que un bulo lo suficientemente jugoso, ¡puede llegar en menos de una hora a más de 100.000 personas a través de IInternet, llegar a hundir la bolsa o activar una investigación del FBI!

Ante esta situación, al famoso dicho “la mentira tiene las piernas cortas” habría que añadirle, en plena era digital, “pero rápidas como un rayo”.

EL PERIODISMO EN LA ERA DE LA POSVERDAD

Cuando un hecho objetivo tiene menos peso en la opinión pública que una emoción, una superstición o las creencias personales previamente concebidas, se produce lo que se conoce como posverdad. Este término fue nombrado como “palabra del año” en 2016 y viene a significar una verdad a medias con fines tendenciosos, un hecho manipulado o uno presentado para que case con nuestras convicciones previas.  Es un término que se ha popularizado con la implementación masiva de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana y con el reinado de Internet (y, sobre todo, de las redes sociales) como fuente principal de búsqueda de noticias.

Fuente: Actualidad sin mordaza

La Victoria de Trump y el resultado del Brexit pueden ser dos ejemplos de posverdad en la medida en la que la emoción (el miedo al inmigrante, en este caso y su uso como chivo expiatorio de todos los problemas nacionales) o las supersticiones han ganado la batalla al razonamiento reposado, a la información objetiva y a los análisis sensatos y documentados que presentaban la mayoría de los medios de comunicación convencionales. En el caso de Trump, además, los medios de comunicación se han convertido para él en “la oposición”, como él mismo ha dicho, llegando a prohibir la entrada a sus comparecencias públicas a los periódicos que no le son favorables en un intento por evitar la formación de una Opinión Pública 360º basada en hechos objetivos y veraces.

En ambos casos, la posverdad ha ganado una batalla cuyo frente es digital y cuyas consecuencias son, aún, imprevisibles.

Fuente: Twitter

Ante este panorama, la sociedad está vendida, a no ser que seamos conscientes de la existencia de esta manipulación, de las alertas que hay que tener frente a ella y de la manera de combatirla para no convertirnos en su víctima y mucho menos en su cómplice, haciéndonos eco y compartiendo informaciones falsas a través de la red.

De aquí que los medios traten de reconquistar su posición como emisores de la actualidad y recuperar el beneplácito del público, adaptándose, no siempre de manera correcta, a esa inmediatez y a ese morbo, cuando lo que no tienen que olvidar nunca es su papel crucial en la batalla contra la posverdad, mediante una buena praxis y unos procedimientos esenciales que hoy tienen que ser compartidos con los internautas de a pie, para que todos los pongamos en práctica.

El camino hacia la alfabetización mediática y digital

Para distinguir la verdad de la posverdad y garantizar la veracidad de los  hechos que vemos publicados o que compartimos es necesario:

Recibir con espíritu crítico cualquier noticia o contenido que nos llegue, especialmente si parece demasiado alucinante, porque no todo lo que leemos en nuestro smartphone es verdad.

Ser conscientes de que los medios de comunicación son fuentes más fiables que las redes sociales. Éstas, favorecen lo que se llama “burbuja informativa”, ya que, utilizando algoritmos que usan la información que les proporcionamos y cruzando datos, nos dirigen únicamente a aquellos contenidos que “queremos ver”, a aquello que “nos va a gustar”, favoreciendo que alimentemos y compartamos apenas esas opiniones sesgadas que pueden representar sólo una cara de la verdad. Las Redes Sociales son un buen complemento a los medios, pero no un sustituto.

Filtrar y fijarnos en la fuente firmante o remitida e investigarla para  comprobar su credibilidad.

  • Saber que las imágenes también hablan. Utilizar las fotos que acompañen esa información, filtrando por fecha, por ejemplo, a través de google images para comprobar si se trata de un hecho actual o corresponde a otro contexto.

Contrastar esa información o fact-checking, además de con varios medios de comunicación, con otras fuentes oficiales, como la Policía Nacional o con las administraciones públicas. Actualmente todos los organismos, además de los principales periodistas, tienen cuentas oficiales en las redes sociales (normalmente las distinguimos por el tick azul), con lo que esta tarea podría realizarse, con un poco de práctica, en apenas unos minutos.

No compartir todo lo que nos llame la atención por muy atractivo, gracioso o morboso que sea.

Denunciar los contenidos que incorporen falsedades y bulos a través de las propias plataformas en las que aparecen o de los medios.

Dejar de seguir / de utilizar como fuente a los usuarios o plataformas que hayan emitido esos contenidos falsos o manipulados.

En su cruzada contra las fake news, son ya numerosos los medios y plataformas que incluyen trucos y aportan la información necesaria para luchar contra los bulos. Algunos ejemplos son: Snopes.com, Politifact, Fact Checker del Washington Post y Les Décodeurs de Le Monde. En España destacan Verne y el blog Hechos, ambos de El País.

OTROS ALIADOS DE LOS MEDIOS EN LA LUCHA CONTRA LA FALSEDAD DIGITAL

Esfera pública: Instituciones como la Guardia Civil, la Policía Nacional, Protección Civil o diferentes ministerios están llevando a cabo iniciativas para frenar la viralización de bulos por las redes sociales y por canales como WhatsApp. En ocasiones son intencionadas y, en otros casos, se trata de internautas que quieren ayudar a difundir un contenido porque creen que ayudan al servicio público, pero no es así.

La difusión del hashtag #stopbulos está contribuyendo a que la población (conviene seguirles en las RRSS) conozca qué información es falsa para evitar su distribución. Además, el Departamento de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil ha clasificado los bulos en tres tipologías: los que buscan generar alarma social, los que buscan obtener dinero y los que simplemente buscan la reafirmación de unos ideales.

Esfera académica y empresarial: Un grupo de líderes académicos, filantrópicos y tecnológicos, como la Universidad de la Ciudad de Nueva York, Facebook, Mozilla o la Fundación Ford trabajan para poner en marcha La Iniciativa de la Integridad de las Noticias. El objetivo es “mejorar la confianza en el Periodismo alrededor del mundo” y “ayudar a las personas a hacerse una opinión clara sobre las informaciones que leen o comparten”. Una iniciativa dotada con 14 millones de dólares y apoyada por entidades como la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, la London School of Economics, el Centro Europeo de Periodismo en Holanda o la Sociedad de Editores de Asia.

Google: para ayudar a distinguir las noticias falsas de las veraces, Google ha implantado un sistema de etiquetas de `verificación de hechos´ a las noticias recogidas y que se basarán en comprobaciones de diversos editores. Este servicio de verificación está disponible desde el 7 de abril en Google Search y Google News en todo el mundo, según informa el blog oficial de la compañía tecnológica.

Fuente: Googleblog.com

Las propias redes sociales: Las redes no son el demonio, ni mucho menos. Sólo hay que saber utilizarlas y sacar partido a su Pepito Grillo particular. Ese que impulsa a hacer el bien y a no perder de vista la ética en su uso. A finales del año pasado, Mark Zuckerberg anunció una batería de medidas para atajar el problema de la fake news, entre ellas, la potenciación de artículos de calidad, la verificación de contenidos por terceros o una alerta que advierte al usuario cuando una noticia es de dudosa procedencia, además de ofrecer la posibilidad de denunciar bulos. Además, como ocurre con Facebook, en la comunidad de usuarios de Twitter también hay agentes que chequean y desacreditan información falsa.

La tecnología ha cambiado el paradigma periodístico y social. En ocasiones, sucede en pos de la desinformación, pero también democratiza la libertad de expresión, permite la emisión en tiempo real de lo que sucede en el mundo y favorece la interacción de los usuarios con los medios y entre sí, además de permitirnos acceder a multitud de fuentes para contrastar los contenidos y ser ciudadanos mucho mejor informados de lo que éramos hace apenas diez años. Pero, para ello, debemos combatir la falsedad digital con espíritu crítico, un mínimo de pericia y un máximo de responsabilidad y de ética. Básicas en el Periodismo... y en la vida.

Y es que en pleno siglo XXI la amenaza a la libertad no nos llega en forma de meteoritos, aliens mutantes o gases marcianos, sino de bulos, falacias y manipulaciones virtuales. El reto consiste en enfrentarlo desde todos los ámbitos y a todas las escalas, empezando por la más pequeña: cada uno de nosotros.

Fuente:http://miquelpellicer.com/

 

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Loreto Resco Guijarro

 

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