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DICCIONARIO

Los criterios  aplicados en los diccionarios de palabras y de abreviamientos (siglas y acrónimos) derivan de la parte teórica que les antecede.

Los principios más importantes del vocabulario están basados en la elección de términos castellanos frente a los extranjerismos que van entrando en el lenguaje de políticos y periodistas, pero que tienen equivalente en español; en la adopción como palabras normales —escritas en redonda— de vocablos creados muy recientemente —por ejemplo, sida, sídico, sidoso, ovni, grapos, porro, canuto, láser—, que no están recogidos por el diccionario oficial, pero son de uso extendido; y en la necesidad de no emplear nunca expresiones técnicas o excesivamente cultas que resulten ajenas al lector.

Los nombres de ciudades extranjeras se escribirán en castellano si tienen traducción a este idioma, salvo las excepciones recogidas en el siguiente diccionario.

El uso de la cursiva en este vocabulario es restrictivo: se reserva para palabras de otro idioma cuyo uso se admite (strip-tease, yuppies, ikastola, ilurriña...) para términos de significado diferente al habitual (los tiburones de la Bolsa, un camello de cocaína) y para algunos neologismos (penenes).

Las expresiones se han ordenado sin tener en cuenta que el diccionario oficial de la Real Academia toma como letras independientes la ch  y la ll.  Este sistema diferenciado del presente Libro de estilo tiene dos razones: que un diccionario debe ordenar letras, y no sonidos; y que permite una mejor clasificación de las palabras de otros idiomas. Así, por ejemplo, la ç  figura ordenada como una c,  como en el caso de la palabra calçots.  No obstante, y al margen del orden establecido para este vocabulario, la ch  sigue considerándose una letra más del alfabeto castellano, y así deberá emplearse en las siglas (por ejemplo, PCCh para Partido Comunista Chino).

Algunas palabras se han incluido en este diccionario no precisamente para que se usen, sino para orientar al redactor sobre su significado. Especialmente para cuando haya de manejar teletipos escritos en otros idiomas y en los que una traducción literal pueda inducirle a cometer un error. Así ocurre, por ejemplo, con las distintas graduaciones militares de países extranjeros.

Un término “se prefiere”  a otro cuando es el que ha de utilizarse como primera o única referencia; pero ello no impide que en referencias posteriores del mismo artículo se emplee el menos aconsejado, si queda claro que se usa como sinónimo y no induce a error. Las palabras cuyo uso se prohíbe en este Libro de estilo sí pueden utilizarse si están contenidas en una declaración textual hecha en castellano y van en un entrecomillado. En ese caso, se escriben como queda indicado en la entrada correspondiente.

Las palabras que aparecen en negrita  tienen una entrada propia en el presente diccionario.


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