“El mayor riesgo al que se enfrenta un joven al usar las TIC es el desconocimiento”

 

Actualmente, la tecnología es una herramienta muy importante en nuestro día a día. La usamos constantemente, es algo que siempre está presente. Usamos las distintas redes sociales como medio de comunicación, la utilizamos para hacer deporte, arte e incluso para la salud, además también la incluimos con mucha frecuencia en nuestros momentos de ocio. Forma parte de nuestra vida diaria, y aunque tiene aspectos positivos que nos hacen la vida en cierta manera más sencilla, también tiene aspectos negativos.

 

Para entender de una manera mejor por qué la tecnología nos puede afectar negativamente, hemos entrevistado a un experto, Diego Fco. Fariña Vega, licenciado en Psicología y Técnico Especialista en informática de Gestión. Diego Fariña, además de psicólogo e informático, es coordinador de la Comisión de Nuevas Tecnologías del Colegio Oficial de Psicología de Santa Cruz de Tenerife. Él define la tecnología como un conjunto de conocimientos y habilidades que transforman un producto para que supere dificultades del ser humano. Buenos ejemplos de la evolución tecnológica son la imprenta o la electricidad en la era industrial, en esta última década hemos asistido a un gran cambio en muchas de nuestras formas de realizar tareas en nuestra vida cotidiana. Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) son tecnologías potentes con una gran cantidad de posibilidades en todos los ámbitos de la actividad humana, pero al igual que las tecnologías físicas,aunque a diferente escala, también entrañan riesgos.

 

Como bien dice Diego Fariña, el mayor riesgo al que se enfrenta un joven a la hora de usar las TIC es el desconocimiento. Las tecnologías con las que convivimos están muy relacionadas con aspectos físicos, sociales y psicológicos. Aprender a utilizarlas significa ir más allá del simple uso instrumental. Más allá de saber qué botón pulsar, hay que aprender qué puede provocar esta acción en nosotros mismos, en nuestros amigos, familiares, o incluso en la sociedad, porque realmente las TIC pueden llegar a ser así de potentes.Para él, la edad a la que los jóvenes deben comenzar a utilizar el primer teléfono móvil puede variar según el caso. Ya que, no todos los menores tienen el mismo grado de madurez y responsabilidad y tampoco todos los padres tienen la misma capacidad de poder gestionar los contenidos a los que accede su hijo, por desconocimiento, o por falta de tiempo.

 

En cualquier caso, más que preguntarnos a qué edad usar el primer Smartphone, deberíamos preguntarnos para qué se necesita. Desde llamar a sus padres para que lo recojan tras quedar con amigos, hasta hacer búsquedas en Internet para realizar los trabajos de clase o jugar a un juego de moda, todos estos objetivos son válidos pero han de ser bien definidos. También, resulta importante atender a las edades recomendadas por las propias plataformas digitales. Por ejemplo: Facebook exige 14 años como mínimo y Whastsapp 16. Si un joven hace uso de estas herramientas con menos de su edad, la responsabilidades de sus progenitores.Se suele decir que la tecnología puede afectar a la relación padre-hijo.

 

Sin embargo, Fariña dice que las relaciones de los progenitores con sus hijos, por lo general, no vienen condicionadas por el uso de la tecnología, suele ser al revés. Si existe una relación familiar saludable, abierta al diálogo, a la participación y donde se promuevan valores humanos y la reflexión, probablemente encontraremos un uso positivo y responsable de las tecnologías así como, de la misma manera, encontraremos actuaciones positivas en otros aspectos vitales del núcleo familiar. Diego Fariña comentó que las redes sociales son uno de los recursos que han promovido el desarrollo de la humanidad.

 

Y es que el ser humano tiene una tendencia a la convivencia en comunidad, no ya solo porque el apoyo social contribuye a su bienestar, sino que asegura su perpetuidad como especie. Las redes sociales virtuales pueden tener muchas funciones, desde construir comunidades para intercambiar experiencias, inquietudes o defender causas sociales, hasta mantener y ampliar un círculo de relaciones profesionales o académicas.

 

Las dificultades y riesgos que pueden derivar de su uso, pueden ser interpretados como escollos que hay que aprender a superar. Como ocurre en cualquier grupo o comunidad fuera de la red, las redes sociales virtuales pueden afectar a la autoestima, la identidad, las relaciones, promover el aislamiento o el acoso, pero con la particularidad que la potencia de Internet amplificaeste tipo de problemas de una manera aguda, pudiendo afectar de forma inmediata y profunda. En relación al cyberbullying, Fariña piensa que se puede evitar desde la prevención, con la promoción de una educación digital que fomente valores que se puedan aplicar al mundo online y al offline, con aprendizaje en inteligencia emocional y un conocimiento crítico y saludable de las diferentes plataformas digitales.

 

El poder de las nuevas tecnologías es impresionante y absolutamente imprevisible. Al igual que ha modificado muchos de los aspectos del mundo en estos últimos años, de una u otra manera, lo seguirá haciendo en los años venideros. En la actualidad, encontramos unas tecnologías muy arraigadas a la conducta humana, es necesaria una apuesta por una educación digital crítica, reflexiva y saludable en relación a su uso, que proporcione habilidades para generar futuros ciudadanos virtuales cívicos, responsables y participativos.

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