Eduardo Mendoza dedica su discurso del Premio Cervantes a El Quijote

 

Eduardo Mendoza ha recibido el Premio Cervantes 2016. En su discurso de agradecimiento, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá, el escritor recordó su personal relación con el libro de libros: El Quijote.

Texto e ilustración: Júlia Sabater

Pregunta:  "Para colmo le dan el Cervantes. ¿Ha pensado en el discurso?"

E. Mendoza: "Aún no. Lo que sí he hecho es leer algunos discursos anteriores. Y no debería, porque son de muy alto nivel. Alguno es extraordinario, como el de Ferlosio, una pieza que casi da pena que se desperdicie en un discurso. Yo no me veo con ánimo de hacer algo así, una lección magistral. Pero tienes que aprovechar la ocasión. No puedes ser pedante ni decir “muchas gracias” y contar dos chistes. Hay que decir que has llegado a una conclusión, pero yo todavía no sé a qué conclusión he llegado."

Así respondía, con prudencia y humildad, Eduardo Mendoza en una entrevista de El País publicada el pasado 11 de enero y que se puede consultar aquí:

http://cultura.elpais.com/cultura/2017/01/09/babelia/1483965256_391828.html

Pues bien, Mendoza no nos dejó indiferentes con su discurso, el pasado 20 de abril, al recoger el Premio Cervantes. Ni fue pedante, ni se limitó a decir "muchas gracias” y contar dos chistes.

Con su característica y entrañable modestia, el escritor nos brindó un discurso tan sencillo como profundo, repleto de mensajes contestatarios camuflados con su peculiar ironía e inconfundible sentido del humor.

 

 

Mendoza demostró una vez más, y con orgullo, la profunda huella que dejó la tradición cervantina en su carrera literaria; y qué mejor manera de elogiar a su antecesor, que dedicándole una palabras al magnánimo Quijote, del que se considera un asiduo lector. "Con mucha frecuencia acudo a sus páginas como quien visita a un buen amigo, a sabiendas de que siempre pasará un rato agradable y enriquecedor. Y así es: con cada relectura el libro mejora y, de paso, mejora el lector."

De esta forma el escritor inició un viaje al pasado y recordó las cuatro lecturas cabales que realizó para conocer, cada vez mejor, las aventuras del Caballero de la Triste Figura.

La primera vez que recorrió las llanuras manchegas, fue por imposición del currículo escolar. La obra de Cervantes no fue muy buen recibida y es que, por aquel entonces, la imaginación literaria de Mendoza y sus compañeros "se nutría de El Coyote y Hazañas Bélicas y las sesiones dobles del cine de barrio eran nuestro Shangri-La. Pero el Siglo de Oro, francamente, no."

Pero como todos sabemos, no se puede juzgar un libro por la portada; y Mendoza aseguró que pronto se rindió a su encanto. "La lectura del Quijote fue un bálsamo y una revelación” - señaló el escritor. "De Cervantes aprendí que se podía cualquier cosa: relatar una acción, plantear una situación, describir un paisaje, transcribir un diálogo, intercalar un discurso o hacer un comentario, sin forzar la prosa, con claridad, sencillez, musicalidad y elegancia."

Su segunda lectura íntegra, la realizó diez años más tarde. Mendoza señaló que entonces "era ignorante, inexperto y pretencioso". Pero a pesar de ello, continuaba escribiendo con entusiasmo, para poder encontrar su propio estilo.

Esta vez comprendió que él quería ser como Alonso Quijano, para poder "correr mundo, tener amores imposibles y deshacer entuertos."

Pero ni al escritor ni al Caballero de la Triste Figura le salen siempre las cosas bien. Y por eso explicó sus preferencias hacia los héroes trágicos del Romanticismo. "(...) un héroe trágico nunca deja de ser un héroe, porque es un héroe que se equivoca. Y en eso a don Quijote, como a mí, no nos ganaba nadie".

Al iniciar su tercera lectura, ya era un escritor bastante conocido y "lo que nuestro código civil llama un buen padre de familia”. En este viaje a la Mancha, lo que le cautivo fue el humor que empleaba Cervantes en su obra. Un humor que ha influenciado indudablemente en las obras y la personalidad de Eduardo Mendoza. Dicen la verdad quienes consideran que él es el escritor serio más divertido de la literatura española.

La cuarta vez que se propuso leer El Quijote entero, fue hace pocos meses; posiblemente para refrescar la memoria y dedicar un discurso honorable al mismo escritor que da nombre al premio que se le entregó.

Pero en esta última lectura, ya palpado su lenguaje, sus personajes y su humor, tan solo había algo que le faltaba aclarar: "Está loco don Quijote?". Mendoza respondió alto y claro que sí, que "mi conclusión es que don Quijote está realmente loco, pero sabe que lo está, y también sabe que los demás están cuerdos y, en consecuencia, le dejarán hacer cualquier disparate que le pase por la cabeza. Es justo lo contrario de lo que me ocurre a mí. Yo creo ser un modelo de sensatez y creo que los demás están como una regadera, y por este motivo vivo perplejo, atemorizado y descontento de cómo va el mundo”, añadió el escritor su hábil e ingenioso sentido del humor.

No tenemos claro si realmente Don Alonso Quijano estaba loco, pero lo que si sabemos con certeza es que Eduardo Mendoza por fin ha recibido el premio que tanto merecía; el premio de su mentor; el premio del escritor del Quijote, que le ha acompañado desde su infancia a la vejez.

Así pues, gracias Eduardo Mendoza por regalarnos tus más preciadas historias a lo largo de estos años y hacernos disfrutar como detectives en "La verdad sobre el caso Savolta".

Y gracias también por colaborar en el cambio de imagen de El Quijote para la juventud; que dejen de verla como "una tortura dividida en dos partes", y se sumerjan en un mundo de locos donde la justicia prevalece ante todo.

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