¿Un hogar más limpio?

 

Sustancias presentes en nuestros hogares y repartidas de una forma alarmante entre muebles, papeles pintados de las paredes, tejidos, materiales de construcción, etc. Sustancias de las que desconocemos en gran medida su alta toxicidad y consecuencias para nuestra salud y el medio ambiente. Por ello nos hemos planteado la siguiente pregunta: ¿Qué es mejor, limpiar o no ensuciar?

Texto y fotos: Carmen Romero

Uno de los principales protagonistas de nuestras casas son los productos de limpieza que usamos en las labores de higiene. No es ningún secreto que dichos productos conllevan una gran cantidad de sustancias suministradas por la industria química y que, gracias a su expansión, traen a nuestros hogares cantidades masivas de sustancias sintéticas. Ya en 1930 la química sintética en el hogar suponía alrededor de un millón de toneladas. Esta cifra alcanzó, en el año 2000, la desorbitada cantidad de unos 400 millones de toneladas.

Sustancias presentes en nuestros hogares y repartidas de una forma alarmante entre muebles, papeles pintados de las paredes, tejidos, materiales de construcción, etc. Sustancias de las que desconocemos en gran medida su alta toxicidad y consecuencias para nuestra salud y el medio ambiente. Por ello nos hemos planteado la siguiente pregunta: ¿Qué es mejor, limpiar o no ensuciar?

Restringir el uso de estos productos y por lo tanto sus consecuencias medioambientales puede tener un efecto positivo sobre nuestra salud y la de nuestro entorno.  A continuación vamos a analizar la toxicidad de dos productos muy comunes como son la lejía y el limpiacristales.

 

A pesar de las advertencias que aparecen en estos productos, desconocemos los efectos perversos que provocan.

Empezando por la lejía, este producto puede introducirse en nuestro organismo por inhalación y por irritación a través de la epidermis.

Con respecto a la inhalación, el esófago y los pulmones, tracto respiratorio incluido, resultan dañados debido a que las propiedades irritantes de los compuestos volátiles pueden dañar el revestimiento de las células pulmonares provocando inflamación y facilitando infecciones relacionadas con el aparato respiratorio.

Otro de los efectos secundarios que presenta es diluyéndola con agua debido a que al hacerlo suelta un gas tóxico al que no es recomendable exponerse de manera prolongada.

La irritación a través de la piel se puede producir debido a que el nivel de acidez es mayor que 7, el nivel neutro. Con respecto al contacto que se produce en la piel, esta queda resbaladiza y con un fuerte olor residual que es peligroso llevar consigo en las manos durante mucho tiempo porque pequeñas partículas residuales pueden quedar en los poros y pueden ser ingeridos.

En segundo lugar, el limpiacristales, que puede ser ingerido aunque principalmente es más inhalado en grandes cantidades no tan solo en los hogares si no también en las oficinas. Los síntomas por inhalación de algunos de los compuestos de los limpiacristales como son el amoniaco, el etanol, el alcohol isopropílico y el metanol entre otros pueden producir:

• pérdida de visión (en caso de pulverización ocular)

• fuerte dolor de garganta y recto respiratorio.

• Ardor de nariz, ojos y labios.

• Quemaduras en el esófago.

• Presencia de sangre en las heces.

• Vómitos

• Fuerte dolor abdominal.

Estos deberían de ser motivos más que suficientes para plantearnos si realmente es necesario utilizar estos productos en la medida en que lo hacemos hoy día y con esto no nos referimos a dejar de limpiar sino a evitar el uso y la contaminación del aire de nuestras casas.

 

Nuestros hogares están sobrecargados de productos tóxicos.

Por otro lado para saber más sobre los usos y costumbres en los hogares, hemos realizado unas encuestas a un total de sesenta personas, de las que hemos podido extraer las siguientes conclusiones:

• A pesar de algunas fuentes de información que se pueden consultar o a las que se puede acudir, la mayoría de la gente no recuerda que le hayan dado ningún tipo de aviso para tomar medidas y evitar estragos con estos productos.

• A la gran mayoría no le preocupaba el hecho de que hubiera sustancias dañinas para su salud en los productos.

• Para acabar, se les preguntó si el concepto “seguridad” para ellos estaba relacionado con su hogar y una gran cantidad respondió que sí, dando a entender que el concepto de seguridad que ellos tienen está demasiado englobado a “accidentes” y que al enfocarlo en ese sentido no son capaces de ver otras fuentes de riesgo.

En definitiva, una de las cuestiones sobre las que debemos reflexionar es cómo de limpio y seguro es el aire que nos rodea en casa, uno de los espacio en los que cualquiera de nosotros o nuestros seres queridos pasa más tiempo.

Créditos