“¿No es increíble todo lo que puede tener adentro un lápiz?”

Entrevistamos a Andreu Faro, ilustrador de viñetas, que nos habla sobre su oficio, los límites del humor y nos descubre todo lo que puede salir de un simple lápiz. 

 

Texto: Redacción de Primera Plana

¿Cómo un químico acaba dedicándose al humor gráfico? ¿Se puede vivir de ser humorista gráfico?

Es una pregunta que me han hecho alguna vez. Parece que la gente piensa que la ciencia y el arte son actividades contrapuestas. Yo pienso justamente lo contrario. Las personas deberían interesarse por las ciencias, por las letras, por el arte. Es la esencia del humanismo. Alguien dijo una vez que un científico que sólo sabe de ciencia ni de ciencia sabe.

De humorista gráfico más que vivir se puede sobrevivir. Bueno, de hecho, cualquier autónomo hoy en día siempre avanza sobre la cuerda floja Y si además se dedica al arte o la cultura debajo de esa cuerda floja hay lava ardiente.

¿Qué es lo que más te gusta de tu profesión? 

Lo más grande de esta profesión es poder hablar cada día con miles de personas. Sí, hablar, porque esa viñeta que sale impresa en la contrapartida del diario es una especie de diálogo que se establece entre dos interlocutores invisibles, el autor y el lector. Sugerir a través de los dibujos un universo de sentimientos en un lector que ni conoces es sin duda lo más grande.

¿La inspiración llega o es cuestión de trabajo? 

Alguien dijo una vez que la inspiración es un 99% de transpiración, es decir, de sudor, de trabajo. Tenía razón. Aunque a veces las musas te regalan algo generosamente, por lo general sólo suelen aparecer cuando llevas una o dos horas sentado delante de la mesa con el lápiz y el papel en blanco. Las musas tienen unas costumbres muy marcadas.

¿Qué mecanismos utilizas para inspirarte?

Necesito aislarme. Física y mentalmente. Suelo irme de casa. A la biblioteca, a un bar, en el tren. Para inspirarme empiezo a leer artículos de prensa, especialmente los de opinión. También para empezar a calentar las neuronas, me procuro libros motivadores. Libros de humor gráfico, volúmenes de humor. Todo aquel escrito inteligente y con chispa que te pueda dar un tono para empezar a componer tu melodía.

Este año cumples 20 años como colaborador habitual del Diari de Tarragona. En estos años, ¿en qué ha cambiado tu mirada sobre la realidad?

Creo que antes ponía más atención en la realidad local. Ahora, con la magnitud del desastre mundial y nacional (crisis, guerras, corrupción, etc) Mi punto de mira se ha desviado un poco. Debo reflexionar sobre eso. Siempre me gustó hacer humor de temas locales, es mi esencia.

Tu serie Plim i Cutxinel·lo gira alrededor del respeto al medio ambiente. ¿El humor gráfico sirve para despertar conciencias?

Probablemente sea de las armas más potentes para abofetear a las conciencias dormidas. Piensa que en general en un chiste condensa en pocas palabras una idea. Y además el texto viene reforzado por un dibujo. Eso le da la potencia de un misil dirigido directamente contra lo más profundo de nuestros pensamientos.

No sé si es bueno malo pero por lo general la gente intercambia más chistes reivindicativos que largos textos o artículos de opinión. Debe ser que en general no tenemos tiempo de leer. Ya digo que no sé si es bueno o malo.

 En tus viñetas tratas sobre todo temas políticos y sociales. ¿Hay algún tema que no quieras tratar por motivos éticos?

En general se pueden tratar todos los temas. Simplemente tienes que encontrarle el punto. Sobre algunos temas se puede reír pero otros requieren un tratamiento más sensible. Por ejemplo, un atentado con muertos. Ahí, no suelo utilizar el humor o el sarcasmo, utilizo más bien imágenes simbólicas o sensibles en las que el lector pueda concretar su sentimiento de tristeza en un dibujo. Por ejemplo, hace años murió una madre con sus tres hijos en una explosión. La viñeta del día siguiente fue una rosa con tres rosas pequeñitas que crecían en un mar de nubes, allá en el cielo.

Recientemente hemos visto cómo se condenaba a una tuitera por un chiste sobre el atentado contra Carrero Blanco. ¿Tiene límites el humor? Y si es así ¿cuáles son?

Es una pregunta que se hace frecuentemente. Hoy en día parece claro que hay más límites al humor que hace años. Prácticamente siempre hay una persona agraviada cuando se hace humor de algo. Las feministas, las minorías, los funcionarios, los vegetarianos. Los únicos que no se molestan son los políticos. Parece que han aprendido que es parte de su trabajo.

Hace poco un humorista norteamericano sacó una viñeta totalmente en blanco. Y debajo escribió: el único chiste que no ofenderá a nadie.

¿Qué opinión tienes sobre las polémicas portadas de la revista El Jueves sobre la monarquía? ¿Consideras adecuado que se retiren ejemplares por una portada (por ejemplo, el caso de la portada sobre la abdicación del rey)?

Creo que es sano que se haga ironía o sarcasmo sobre la monarquía. Hace unos años era un tema tabú. Como si fuera una institución por encima del bien y el mal. No tenía sentido pues hemos visto que la corona hay tanta porquería o más que en el patio de un corral. El humor va a ser la última arma que podrá arrojar un pueblo sometido durante siglos a las élites que siempre se aprovecharon de él. Seguramente no cambiará el estado de las cosas pero nos quedamos muy tranquilos después de haberles metido el dedo en el ojo. Ves con que poco nos conformamos.

¿Te han censurado alguna vez una viñeta? ¿Te has autocensurado en alguna ocasión? ¿Te has arrepentido de alguna viñeta publicada?

Hace bastantes años me cambiaron el texto de alguna viñeta. Fue algo anecdótico. Casi ni lo recordaba. Por lo general, después de tanto tiempo de profesión los directores de los medios respetan mi trabajo. Se podría decir que tengo una casi total libertad, (digo casi). Sea como sea en este tema, me siento a gusto.

No tengo la sensación de autocensurarme (supongo que siempre somos muy complacientes con nosotros mismos). En todo caso, cuando un tema es delicado siempre busco la forma de hacer la ironía por el único y estrecho camino posible. Me digo a mí mismo: tengo que encontrar la forma de decir esto que no se puede decir. En la relaciones Cataluña y España a veces he tenido que hilar muy fino. En temas de religión, también. Por no hablar del humor sobre las mujeres. Bueno, vamos a dejarlo.

¿Qué te espera en el futuro?

Mi futuro como mucho se plantea a uno o dos días vista. Voy resolviendo cada día el quilombo cotidiano. Quilombo es una expresión argentina para definir un lío o un enredo.

Sinceramente, más que retos profesionales mi objetivo está más bien en el plano personal. Tener tantas dedicaciones me resta tiempo para hacer una cerveza con un viejo amigo o para dedicar dos horas a un grupo de estudiantes que quieren hacerme una entrevista. Vivir las cosas pequeñas de la vida es un buen objetivo de futuro.

 Por último, ¿con qué viñeta ilustrarías esta entrevista?

¡Ah, qué pregunta más buena! Nunca me la habían hecho. A ver, déjame pensar.

Creo que utilizaría esta. La publiqué cuando asesinaron a los dibujantes de la revista francesa Charlie Hebdo. Me gusta pensar que el lápiz del dibujante es en el fondo una planta que hará crecer más lápices. Algunos afilados, otros más suaves que dibujarán sueños. Como decía Quino en un cómic de Mafalda: “¿no es increíble todo lo que puede tener adentro un lápiz?”

 

 

 

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