Un adolescente en la élite se la juega

CRÓNICA. Ser deportista semi-profesional en un deporte minoritario es algo complicado. Si a eso le sumas el estar estudiando primero de bachillerato, el resultado de la ecuación es que te la juegas.

 

CRÓNICA. Texto y fotos: Isaac Valiño

Juego al voleibol, en el club Sant Pere i Sant Pau de Tarragona, que pertenece a un barrio del mismo nombre de la ciudad. Actualmente tengo diecisiete años y llevo tres años y medio jugando a voleibol.

Empecé jugando a los catorce años en el mismo equipo en el que compito actualmente. No tenía el nivel de mis compañeros y eso me frustraba muchísimo porque siempre he querido ser bueno en todo. Al poco tiempo me enteré de que un compañero mío, Álvaro Gimeno, estaba en un centro de alto rendimiento en Esplugues de Llobregat, la residencia “Joaquín Blume”, que es como se conoce el centro que aloja a los deportistas que residen y entrenan en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) del Consejo Superior de Deportes. Por lo que me dijeron mis compañeros, ese centro tenía muy buena fama en cuanto a la formación de jugadores para dar el salto al deporte de élite.

Le pregunté a mi entrenador sobre este centro y me dijo que él mantenía mucha relación con ellos, ya que el entrenador de “La Blume” (nombre como se conoce popularmente) estuvo entrenando al Sant Pere i Sant Pau durante cinco años y mi entrenador fue jugador suyo. Estaba muy inquieto sobre este tema y sin más dilaciones le pregunté que cómo se entraba en ese centro. Me dijo que en julio se celebraban unas pruebas de acceso en el propio centro para entrar la temporada siguiente si las pasabas. Por tanto, hice las pruebas y al día siguiente llamaron a casa para ofrecerme una beca completa para estudiar y entrenar allí. En ese momento empezó todo.

 

 Presentación antes de un partido

 

Irse de casa a los catorce años es duro para cualquier chiquillo, pero a mí ese verano se me hizo eterno por las ganas que tenía de marchar hacia allí.

Entrenábamos de lunes a jueves cinco horas diarias salvo los viernes en que solo lo hacíamos dos horas y media. Nuestro entrenador era muy exigente con nosotros, tanto con los resultados deportivos, como con los académicos porque de nuestros resultados dependían muchos puestos de trabajo y de mucho dinero y no nos podíamos permitir un tropiezo en ninguna de las temporadas.

En el colegio nos daban muchas facilidades y el horario escolar estaba adaptado a nuestras horas de entrenamiento. Nuestro horario era el siguiente: de ocho a doce de la mañana, estudiábamos; a las doce y cuarto empezaba el entreno hasta las tres menos cuarto; después comíamos y descansábamos hasta que a las cinco y media volvíamos a entrenar hasta las ocho y media. Yo estuve allí durante dos años, de la temporada 2014-15 a la 2015-16.

Este año he vuelto a Tarragona y por tanto a mi equipo, el Sant Pere i Sant Pau. Yo sabía que las cosas no iban a ser igual que en la Blume ya que no tenía los horarios del instituto adaptados a los entrenamientos y no contaba con la ayuda de tantos profesionales como allí (médicos, tutores especializados en el deporte en la adolescencia…) Pero el nivel y la exigencia en los entrenamientos es el mismo.

 

Isaac Valiño, primero a la izquierda

 

Tal y como he dicho tengo diecisiete años, y mi categoría de competición es la juvenil, pero juego en el primer equipo. Con él hemos militado esta temporada en Superliga-2 y hemos logrado un ascenso a la Superliga, la élite del voleibol en España.

Eso significa que tengo que entrenar con mis compañeros de categoría y con los mayores. Entreno de lunes a viernes: lunes, miércoles y viernes durante dos horas, mientras que los martes y los jueves lo hago durante tres.

Todas estas horas de entrenamiento suponen una responsabilidad extra en el tema de los estudios, ya que ha habido días en que he llegado a las once de la noche a casa y al día siguiente tenía dos exámenes. Lo admito, no sé organizar mi tiempo para encontrar ratos de estudio y lo dejo todo para el último día y eso tarde o temprano me ha pasado factura.

El primer trimestre la carga de estudio no era la misma y lo saqué sin problema, pero en el segundo todo cambió, el temario era más difícil, empezaba a estar más cansado por la carga de entrenamientos y eso me pasó factura. Fue un trimestre muy malo en lo académico, pero en lo deportivo seguíamos bien.

 

 Isaac rematando en un partido del Campeonato de España

Es muy importante, cuando no tienes la oportunidad de estar en un centro de alto rendimiento y no tienes esas facilidades de las que disponen otros, no rendirse. Todo se resume en constancia, esfuerzo y mucho sacrificio; si no tienes claras estas tres cosas no lograrás nada, no sólo en lo deportivo sino en cualquier ámbito de tu vida. Y saber que los estudios siempre son lo primero, ya que nunca sabes cuando una lesión o cualquier otro imprevisto te puede alejar de la cancha de juego.

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