Escuela de Creación Literaria:“El escritor nace, y también se hace”

Marina Pérez y Nicole Bourmistrova, dos de nuestras redactoras, se adentran en la rutina de la Escuela Literaria en el norte de Tenerife

 

Nuestras redactoras Marina y Nicole con los alumnos.

 

Suena el despertador. Son las nueve de la mañana. Intentas despejar el sueño que nubla tu mente y te levantas de la cama. Desayunas, te aseas, y preparas todo. ¿Libreta? Listo. ¿Bolígrafos? Listo. ¿Mochila? Listo. Estás preparado para otro viaje literario, tal como haces sábado tras sábado. La música suena en el coche y te centras en las letras. En las palabras y su significado. Eso que tanto es para ti. Tu mundo. Con tanto pensamiento llegas al lugar en un parpadeo de ojos. Te bajas del vehículo, te despides de tus padres y te paras en frente de la puerta. Esa puerta que parece llevarte a una dimensión secreta, una que solo tú y unos pocos conocéis: La Escuela Literaria en el norte de Tenerife. Ese portal con un rótulo invisible que parpadea “Entrada para escritores”.

Una rutina que se repite todos los sábados desde el 4 de octubre hasta el 23 de mayo, una experiencia que para las chicas y chicos que conforman el grupo supone una puerta trasera de la realidad. Desde encontrar una voz propia para escribir, madurar como persona, hasta encontrar gente con los mismos gustos y saber que uno no está solo, pueden ser las razones por las que cualquiera decide acudir al curso. Sin embargo, todas desembocan en la misma respuesta: para ser uno mismo. “Es la familia de los sábados” decía una de las alumnas.

Y llega el momento en el que la clase empieza. El reloj apunta a las once de la mañana y los jóvenes empiezan a ocupar los asientos. Una pizarra, unos apuntes y la figura de un profesor es lo único que se necesita. Las explicaciones empiezan a vagar por el aire y los alumnos cogen las enseñanzas al vuelo. Parece dar igual el temario: el monólogo interior, el flujo de consciencia, la caracterización de personajes; siempre se encuentra un camino a la diversión y el aprendizaje. Como si fueran dos personajes de sus historias, van de la mano. La comunicación entre el profesorado y el alumno es bastante fluida: risas, seriedad, respeto, ganas de trabajar e ilusión, todo cabe entre conversación y conversación.

“Ser creativa, con alto conocimiento de la literatura (internacional y nacional), conocer los recursos que debe tener una buena obra de arte y tener vocación” nos responde Antonia Molinero Calleja, directora y profesora en la escuela, sobre las cualidades que debe tener el profesorado del centro, de la misma manera que nos aclara lo que pide a los alumnos al principio del curso: tener mucha ilusión por la literatura, interés por formarse, y que pierdan el miedo a escribir.  “Cuando volvía a Tenerife después de haber estudiado en Madrid, me di cuenta de que no había ninguna escuela que enseñase a escribir. Y encontré este espacio y lo hice. Creé la escuela” nos contaba a razón de cómo surgió la idea de abrir el centro.

Tras preguntas y respuestas, las dos horas empiezan a llegar a su fin. Después de leer los textos talentosos, y complejos de los jóvenes escritores, solo queda una cosa que hacer: decir adiós, aunque no sin antes resolver una duda que cualquiera puede plantearse a lo largo de su vida, ¿el escritor nace, o se hace? “¿Por qué la literatura no puede tener una escuela? ¿No acude un músico a un conservatorio? ¿Un pintor a Bellas Artes? Si uno tiene talento, puede desarrollarlo. Por lo que el escritor nace, y también se hace” nos contestaban, y esa indiscutible verdad selló la mañana literaria.

Entonces uno recoge las cosas, cierra la mochila y se prepara para volver a la realidad cotidiana. Tus padres te esperan en la puerta –o portal- y te preguntan qué tal el día. No esperan una contestación. La sonrisa en tu cara ya es suficiente respuesta.

 

 

 

 

 

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