Enrique Ayarra, una vida dedicada al órgano

 

Miriam Castellón Moreno. Catedral de Sevilla

Entrevistamos al organista de la Catedral de Sevilla una tarde de octubre. La cita fue en la Puerta de San Miguel. Llegó, saludó y sacó una llave del bolsillo de su pantalón, la llave de la Catedral de Sevilla. Abrió la puerta y entramos, Allí todo era silencio y penumbra, recorrimos las naves del templo hasta llegar al impresionante y centenario órgano de la Catedral. José Enrique Ayarra es un personaje sorprendente que empezó a tocar con dos años y tuvo la carrera de piano con 11. Nacido en Jaca lleva más de 54 años siendo el organista de la Catedral de Sevilla cargo al que se presentó en la época del cardenal Bueno Monreal. Ha sabido compaginar su vocación sacerdotal con la de músico, habiendo dado más de 1000 conciertos en 63 países. Actualmente también es organista de la Fundación Focus Abengoa, llevando a cabo una labor educativa en la difusión del órgano entre los escolares de Sevilla.

Enrique Ayarra tocando el órgano en la Catedral de Sevilla / NEREA GÓMEZ

PREGUNTA: Usted empezó a tocar el piano con dos años y acabó su carrera de órgano con 11 años. ¿Podemos decir que su pasión por la música nació con usted?

RESPUESTA: Yo empecé a tocar con 2 años, tuve profesor de música con 3 años, acabé la carrera de piano con 11 años. Tengo el título del Conservatorio de Zaragoza como profesor de piano a la edad de 11 años y dos meses. Antes de nacer yo oía música  en el seno de mi madre, cuando esta tocaba el piano. Nací recién comenzada la guerra y mi madre se encontraba muy sola. Mi padre se había ido a la guerra y a mi abuelo lo acababa de matar un camión, así que ella se acompañaba tocando el piano. Al acabar la guerra yo tenía 2 años y en  Jaca que era una cuidad militar y casi todos los días había desfiles militares por las calles, yo iba al piano y con un dedo reproducía perfectamente las marchas militares que  estaba escuchando. Cuando me ponía enfurecido y lloraba me sentaban en el piano y se me acababa todo tocándolo. Por eso, a los 3 años me pusieron un profesor de piano y a los 5 años di mi primer concierto con una obra de Mozar. La toqué en un homenaje que se le hizo al Papa  Pio XII y de premio me dieron un billete de 5 pesetas, un duro, un capital en el año 39. Aún lo conservo porque mi madre tuvo el buen gusto de conservar la primera peseta que gané con la música. Ya entonces había empezado con los estudios de piano, pero no se podía examinar uno hasta los 8 años. Tengo con máxima nota toda la carrera de piano a los 11 años, pero para ese momento yo ya había decidido ser cura y entonces el piano no me iba  a servir de mucho y me dediqué al órgano. Mi profesor de piano había sido el organista de la catedral de Jaca y me hacía tocar el órgano para sustituirle, y  me iba familiarizado más con el órgano. Desde entonces órgano y más órgano, que podía ser mucho más afín a la vida como cura que yo iba a llevar. Sentado ante un teclado llevo más de 75 años.

P: ¿Por qué cuando acabó la carrera de piano y le ofrecieron una beca en Viena usted no la aceptó?

R: Cuando terminé la carrera de piano, la última prueba de la carrera era lo que llamaban música de salón y tuve que acompañar a un violinista de 13 años que también acababa la carrera de violín. Fue en un teatro en Zaragoza y en aquel concierto, según me contó mi padre, me quisieron contratar para tocar en una sala de fiesta en Zaragoza. Yo vivía en Jaca, en aquel entonces había casi 3 horas de tren de Jaca a Zaragoza. Hubiera tenido que tocar la noche del sábado, del domingo y lógicamente con 11 años me tenía que acompañar mi madre o mi padre. Por cada noche me ofrecían 600 pesetas teniendo que tocar cada noche en tres ocasiones media hora, yo al cabo del mes iba a cobrar  2400 pesetas que no las veía ni mi padre siendo ingeniero. Pero mis padres dijeron que de ninguna manera, porque "si este hijo se mete en ese ambiente con 11 años…. qué puede pasar". Ellos sin contar conmigo solicitaron una beca con el Ministro de Asuntos Exteriores para estudiar piano en Viena, porque el profesor de Jaca ya no me podía enseñar nada más, pero yo ya había hecho otra gestión. Por entonces era obispo de Jaca el que fue cardenal de Sevilla, José María Bueno Monreal, le dije que quería ser cura, pero él me dijo: "Espera, porque la carrera son 12 años y vas acabar con 22 y no vas a poder ser cura hasta los 24” y yo le dije: “Si no me deja entrar en el seminario, me voy de fraile”. Eso fue determinante porque como no tenían curas, para uno que le salía y se le fuera, no le hacía ninguna gracia. Entonces hizo un arreglo, dijo: “Tú termina la carrera de piano y a la vez haces el primer curso de cura sin entrar en el seminario y así cuando termines la carrera yo conseguiré del papa una dispensa para que te deje celebrar la misa antes de los 24 años”.  Eso fue lo que pasó y tuve que desistir de la beca en Viena porque yo quería ser cura.

 P: ¿Cómo llego usted a Sevilla y cómo fue su adaptación?

R: Yo no sé si estoy adaptado (risas). Se lo debo al cardenal José María Bueno Monreal que era muy amigo de mis padres y cuando se dio cuenta de que yo me quedaba sin profesor de órgano me llevo a Vitoria donde era obispo. Allí en el Seminario había muy buenos profesores porque eran los del Conservatorio. Cuando terminé la carrera de cura me ofrecieron: o ser canónigo de Vitoria encargado de la música o venirme con él a Sevilla, que ya había sido nombrado arzobispo de Sevilla. Y eso hice.

Cuando llegué a Sevilla, el organista entonces era Norberto Almandoz, gran organista, pero que se jubilaba el año siguiente. Entonces el cardenal me mandó a Ubrique a ejercer como cura porque tenían un órgano que acababan de estrenar y así podía prepararme la oposición para entrar en la catedral. Allí estuve casi un 1 año, hasta que se convocó la oposición. Vinieron dos más a competir, pero cuando vieron que me presentaba se fueron. Gané esta plaza, hace de eso 54 años. Cuando vi los músicos que habían pasado por aquí: Eslava, Guerrero… me dije: “Tengo que mejorar”. Y me fui 4 años a París para hacer el Diploma Internacional de órgano. Luego hice las oposiciones de órgano en Madrid para entrar como catedrático de órgano en el Conservatorio. Desde entonces he tenido que compaginar las 3 cosas: organista de la Catedral de Sevilla, catedrático en el conservatorio ( que ya estoy jubilado) y los conciertos, conciertos que son más de 1000 en 63 países.

P: ¿Recuerda usted la primera vez que tocó un órgano?

R: La primera vez no me acuerdo, pero que recuerde fue con 8 años. Luego a los 10 años el organista que era mi maestro, cuando se iba de vacaciones, yo tocaba la misa mayor de los canónigos y cuando había algún funeral. Él cobraba 35 pesetas, pero como yo era un estudiante me daba 10 pesetas.

P: Lleva usted siendo más de 50 años maestro organista de la Catedral, ¿qué siente usted al poder tocar en una gran Catedral como la de Sevilla?

R: No me acostumbro, porque la catedral es asombrosa. Yo conozco todas las grandes catedrales del mundo… en el Vaticano, que cada vez que voy tengo que tocar una misa. Hace 1 año estuve tocando en las 6 catedrales más grandes de Japón y no conozco ninguna catedral, no solo que sea tan grande como la de Sevilla, ni que esté mejor "vestida" que ésta. La riqueza que tenemos aquí en pintura, escultura orfebrería, ni en el Vaticano. La primera vez que vino el papa, Juan Pablo, una noche que estaba él regular y se acostó pronto, sus familiares, su médico, el camarlengo, el Secretario de Estado me llamaron por teléfono, a ver si yo les podía enseñar la Catedral. Fui a buscarles a las 11 de la noche y estuvimos aquí hasta las 2 de la mañana, viendo la Catedral a puerta cerrada. Cuando íbamos hacia el palacio donde estaban ellos hospedados, el cardenal Sodano, Secretario de Estado, la primera figura de la iglesia después del papa me dijo: “Esto ni en el Vaticano”. Tocar aquí acompleja, pero además el órgano es mi mejor amigo, un amigo se valora cuando tienes una plena confianza en él y te echa una mano cuando te hace falta. Cuando murió mi madre, que estaba viviendo conmigo aquí, quiso ser enterrada en Jaca y allí la llevamos. A la vuelta cuando llegamos al aeropuerto los familiares de mis hermanos vinieron a recogerlos, pero yo no tenía a nadie. Cuando entré en mi casa, abrí la puerta y la vi oscura, cosa que no había pasado nunca, porque cuando yo venía de viaje mi madre siempre me estaba esperando, fuera la hora que fuera, a mí se me vino la casa encima. Me bajé a la catedral y estuve toda la noche tocando el órgano. No os podéis imaginar hasta qué punto me sentí comprendido por el órgano. Desde ese momento es mi mejor amigo, hace poco murió mi hermano Javier e hice lo mismo, el órgano me comprende, habla el mismo idioma que yo, llora y reza conmigo.

P: Hemos leído que la música le lleva a Dios ¿nos lo podría explicar?

R: Eso es muy sencillo, cuando uno es sensible a un arte, es indudable que ve belleza. Yo hago música porque me gusta y hago la música que me gusta. Esa belleza me lleva a meterme dentro de mí mismo. A través de la belleza con minúscula es muy fácil llegar a la belleza con mayúscula, porque en ese silencio interior Dios habla y es cuando mejor lo escuchas porque no hay más ruido. Es un diálogo que no se narra con palabras, pero se vive.

P: ¿Después de haber tocado en 63 países hay algún lado en el  que todavía no ha tocado y le gustaría?

R: No, yo en ese sentido me encuentro saturado. Me gusta volver, por ejemplo, me llaman  a Roma y yo voy siempre. Sin embargo, me han llamado dos veces a Polonia y Rumania y no voy porque como ya he tocado, ya no tengo nada que demostrar. Además  me cansa viajar, y para disfrutar de un órgano, tengo éste y el de la Fundación Focos Abengoa que es maravilloso y está hecho a mi imagen y semejanza y lo tendré mientras viva.

P: ¿En qué país de los que ha tocado se ha sentido mejor recibido?

R: Me he sentido bien recibido en todos, pero dónde voy yo más a gusto… pues este verano fui a Filipina, tenía razones sentimentales. Mi abuelo estuvo allí  y fue de los “últimos de Filipina”, estuvo dos años y medio hasta que perdimos la guerra. Yo quería conocer los escenarios de la vida de mi abuelo, fue un viaje maravilloso. Pero por otro lado si me invitan ahora no voy, porque vi tanta pobreza. Lo que vi en Filipinas eso no se ve en ningún sitio. Son pobres que ya ni piden y pasas y ves que la gente pasa y pasa de largo, porque están habituados. Vi una mujer en un parque con un cartón y un bebé de aproximadamente 8 meses desnudo y ella casi desnuda sin fuerzas para llevárselo a su regazo.

P: ¿Cuál es su autor y su obra favorita?

R: Obras no lo sé, pero autor Juan Sebastián Bach, fue un músico del sigo XVIII alemán protestante luterano, pero gran cristiano y como organista fantástico.Tanto es así que yo conozco el sepulcro de Cristo, de San Pablo, San Pedro… y muchos más, pero conozco el de Bach y después del de Cristo es en el que más emotivo me encuentro, porque es un hombre de la calle sencillo, que tuvo que luchar para sobrevivir y mantener a 22 hijos.

P: ¿Nos podrías contar alguna anécdota de su trayectoria como organista?

R: Voy a contar una que me pasó en una ciudad rusa junto al Mar Negro. Iba yo a dar un concierto en un teatro, porque no había Iglesia católica y en las ortodoxas no hay órganos. Se separaron de la Iglesia católica antes de que entrara el órgano y por ello no tienen esa tradición. Las protestantes sí lo tienen porque se separaron seis siglos después y ya se había incorporado el órgano a la liturgia. Por ello los órganos están en los teatros y en los conservatorios.Toqué en un teatro, era la época de Gorbachov, yo tenía permiso para celebrar misa, pero a la hora de dar un concierto no podía ir vestido de cura y usaba  una pajarita, pero la gente sabía que yo era cura. Observé que en el patio central había un muchacho de veintitantos años, en silla de ruedas que aplaudía con un entusiasmo especial. Cuando terminó el concierto y la intérprete y yo salimos hacia el hotel en el parque nos encontramos al chico. Al pasar junto a él, la intérprete me dice que quiere que me acerque. Lo hago y me coge la mano y me la besa al tiempo que dice que él era católico, pero nunca había visto un cura católico. Él estaba disfrutando en el concierto y pidiendo a Dios que yo quedara muy bien. Al final, en ruso, dice que le gustaría que le diera la bendición y allí mismo se quedó llorando y yo me fui llorando también.

También otra vez en Moscú tras un concierto una periodista que me entrevistó me preguntó si la iglesia me dejaba ser concertista y cura y cómo hablaba con Dios.Todas las preguntas eran sobre mi condición de sacerdote y mi relación con Dios. Era también la época comunista y recibí una carta de Radio Moscú informándome todas las veces que se había emitido, y también se había difundido en América del Sur muchas veces.

P: ¿De no haber sido sacerdote y organista qué le hubiera gustado ser?

R: Intenté hacer dos cosas y no me salieron. Quise ser capellán de la legión y no me dejaron, (ya era organista de la catedral de Sevilla),  además, quise ser paracaidista y resulta que pesaba más de 80 kilos y me dijeron que no, porque era un riesgo con mis kilos.

 

 

Enrique Ayarra / NEREA GÓMEZ

 

 

Enlace con el canal de Youtube de Diario Amate en el que se pude ver la entrevista que le hicimos a don Enrique Ayarra

https://www.youtube.com/watch?v=TTh8X6sEVTQ

 

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