Marwan, tren de sueños

El poeta y cantautor madrileño inauguró el ciclo “Escritores en su tinta”, de Molina de Segura,  junto con su hermano Samir.

 

Un semáforo en rojo se interponía entre este mundo lleno de ignorancia y un universo paralelo formado de imprevistos inolvidables. Tras este obstáculo inesperado,  una cola interminable era la barrera que nos distanciaba de poder entrar a una  biblioteca convertida, por un día, en anfitriona de la poesía. La perseverancia tuvo su recompensa, eterna a la vez de efímera. Inmensa a la vez de irrisoria. Porque el recital de Marwan fue sublime; fue un regalo para los sentidos; fue una noche para el recuerdo; fue una muerte momentánea de la palabra “incultura”. Fue un periodo de tiempo tan corto como el viaje que realiza el segundero en un reloj. El poeta y cantante nos deleitó con música y poemas de su autoría en compañía de su hermano, cómplice de la “hipnosis” a la que fueron sometidas las más de trescientas personas asistentes al evento.  

El público no pudo evitar levantarse de su asiento y aplaudir al unísono. Este hecho significó que la espera llegaba a su fin. Marwan comenzó atendiendo nuestras preguntas. Indeciso entre decírselo o no, me decidí a descifrar mi enigma con su ayuda. ¿Se puede escribir sin haber sufrido? “No se puede escribir sin haber sufrido porque no hay ser humano que no lo haya hecho. Pero se puede escribir sin sufrir. Siendo feliz se puede escribir, lo que sucede es que la tristeza es muy fotogénica. Cuando uno está feliz no se hace muchas preguntas porque está disfrutando de la vida. Cuando estamos tristes acudimos al folio a tratar de extraer un sentimiento. Sufriendo se escribe mucho más”. Marwan desveló que no ligaba con la guitarra y que era una persona insegura, desmintiendo el tópico que afirma que los cantantes “atormentados” son imanes de corazones.  Tras mostrarse cercano, sincero y, con un toque de humor, se dispuso a recitar su primer poema, con una voz ronca y un tono color “sufrido”, que logra despertar los sentimientos que duermen en nuestro yo más profundo. Lágrimas y risas se alternaban en un ambiente memorable.

Marwan en la firma de libros.

Pasados veinte minutos, su guitarra esperaba ansiosa el momento de la “fusión” con sus dedos. “No te preocupes corazón si alguna vez me sientes lejos”. Marwan derritió el alma de todos nosotros con su canción “Desde que duermes junto a mí”, que actuó de psicóloga en vivo.

Asia, lugar de procedencia del padre de Marwan, también fue protagonista de la noche. Verdades como puños incrustadas en letras, nos hacían ver que el sufrimiento también se hereda. “Países hechos de cucharas vacías donde la democracia se la mira como a un intruso”.  África y Sudamérica compartieron un lugar con el continente asiático en el poema, un mensaje acerca de la desigualdad.   

Samir puso la nota de humor con la lectura de “Éter”. Una noche de locuras, por la que tuvo que pedir perdón a su madre y con la que la sala se llenó de risas.  “Lo escribí en diez minutos al volver muy tarde una noche a casa. No estaba borracho ni nada”.

A lo largo de la velada, los poemas de Cosas que he roto, de Samir, se alternaron con los de Todos mis futuros son contigo, de Marwan. Los hermanos intercambiaron complicidad, bromas, miradas, abrazos. En el recital también hubo hueco para las anécdotas, e incluso para las confusiones –“Molina de Aragón” fue un lapsus de Samir que quedará en el recuerdo- .

Marwan recitando uno de sus poemas.

 

“Un día de estos” fue el desenlace del mágico recital. Al acabar, la multitud se abalanzó sobre los protagonistas de la noche con el fin de poder obtener un recuerdo en forma de autógrafo sobre sus libros. Nosotros salimos de la biblioteca, como quien regresa de un universo mágico, y volvimos a la realidad con ojos nuevos.

 

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