Testimonio de Alba Teresa Higueras Buitrago

 

 

 

Refugiada política en España desde el año 2003

 

Lucia de la Encarnación y Sila Camara

 

Durante la conversación con Alba Teresa/Foto ECOS

 

Los dos graves conflictos en Colombia,  desde mi  visión e historia personal

Soy colombiana. Tuve que salir del país hace trece años. La historia mía es como la historia de muchas mujeres en un país como Colombia, con un alto índice de desempleo, con pobreza, con hambre. Cuando vives en ese ambiente, no puedes quedarte callada. La exigencia del derecho está contemplada en los organismos internacionales de derechos humanos, pero yo me di cuenta que vemos que mis representantes políticos no garantizaban los derechos humanos, los derechos fundamentales. Es por ello que me levanté y alcé la voz, porque no estaban garantizados nuestros derechos fundamentales.  

Empecé a trabajar por el derecho a la salud, por el derecho a la educación de la  juventud, vuestro futuro, por la conservación del medio ambiente. Este futuro común que tendríamos que conservar para las próximas generaciones. Por los derechos de las mujeres a levantarnos y organizarnos.

Desgraciadamente, esta voz es la que me ha forzado a salir de mi país como exiliada política, porque hubo un momento en el que mi vida y la de mi familia corrían peligro. He aquí mi historia:

La Colombia de hoy en día está en proceso de negociación en la Habana (Cuba). Por un lado encontramos una de las guerrillas, la FARC, y en el otro lado de la negociación está el gobierno colombiano. Paralelamente existe otra negociación entre el ejército de liberación nacional, el LN, con el gobierno colombiano, en Ecuador. Tanto Cuba como Ecuador actúan en este caso como intermediarios neutrales para favorecer el proceso.

Para llegar al nivel de negociación en el que nos encontramos han pasado más de sesenta años. Sesenta años donde se han librado dos tipos de conflictos. Uno es el conflicto socio-estructural: la pobreza, la falta de trabajo, la falta de vivienda, el impacto de las políticas sobre la vida de las mujeres, la juventud como vosotras y vosotros que no tiene alternativa de futuro, porque la educación de las universidades es  privada, aunque se diga que es pública. Es en ese contexto, donde las mujeres se hacen especialmente vulnerables, por ser las que están más desempleadas. Por otra parte, el conflicto armado es el enfrentamiento entre grupos insurgentes, como la guerrilla colombiana y las fuerzas militares, que actúan en representación del gobierno colombiano. Este enfrentamiento genera muchas víctimas, sobre todo en las zonas rurales –aunque también ha llegado a las ciudades–. En estas circunstancias de conflicto, el estado colombiano recibió muchas críticas internacionales, y es por ello que generó un grupo, los paramilitares. ¿Por qué se crean?

Las fuerzas militares tienen un papel constitucional, tanto en Colombia como en España y otros lugares, de proteger a la ciudadanía. El problema es que en Colombia, las fuerzas militares eran responsables de persecuciones, amenazas y asesinatos, a lo largo de la década de los ochenta. Es por ello que muchos gobiernos a nivel internacional exigieran al gobierno colombiano una explicación, porque era necesario garantizar los derechos humanos. Es entonces cuando se crean los grupos paramilitares. Son un grupo de ultraderecha que empiezan a hacer el trabajo sucio que no podía hacer la fuerza militar. Y son financiados por gremios económicos en Colombia, terratenientes y personas que tienen representación también en la política partidista, en el Congreso y en el Senado. Estos grupos pasan a hacer el trabajo de criminalizar y perseguir a las personas que somos defensoras de los derechos humanos.

Las mujeres tenemos una esperanza de retejer unas mejores condiciones de vida

Y siguiendo con mi historia personal, cuando ves que la gente se muere de hambre o que  se muere en la puerta de los hospitales porque no los atienden, que la juventud como vosotras y vosotros, no tienen acceso a la educación, ni a las universidades. Cuándo hay un alto índice de desempleo y los niños y las niñas – más de dos millones y medio–  tienen que trabajar, y son niños y niñas de la calle. Cuando se viola a las mujeres. Es en esa situación cuando ya no puedes callarte más, y cuando compruebas que las mujeres tenemos una capacidad grande de resistir, a pesar de ser grandes afectadas en este panorama de pobreza. Y aunque nos destruyen lo que vamos construyendo, tenemos capacidad para levantarnos y volver a construir.

Entre las mujeres, por lo tanto,  hay una esperanza de retejer unas mejores condiciones de vida, no solo por nuestros hijos y nuestras hijas, sino también por las futuras generaciones.

Pero cuando hacemos esto se nos empieza a perseguir, se nos amenaza y se nos hostiga

Muchas compañeras y compañeros han sido asesinados. Y muchas otras para salvar la vida tuvimos que salir del país. Llegó un momento en mi vida en que tenía que salir a la calle con chalecos antibalas, como veis en las películas. Porque cuando salíamos de la oficina a la casa, te podían pegar un tiro. En la oficina donde trabajábamos teníamos los cristales anti-esquirlas, porque en algún momento podían tirar una bomba. Nos protegían las puertas de las oficinas con puertas blindadas, con televisor dentro y televisor fuera, para saber quién entraba. Porque muchas veces compañeras y compañeros nuestros, defensores de los derechos humanos, estaban en la oficina y de repente, llegaba alguien, les pegaba tres o cuatro tiros y se iba como si nada.

El miedo

Y en medio de todo eso ven que nosotras persistimos. Es cierto que sentimos miedo, porque el miedo es algo que sentimos todas las personas, en muchos lugares y por circunstancias diferentes. Cuando sabes que en cualquier momento te pueden matar, vives con temor, pero eso no puede paralizarte. Es una actitud humana, pero que no nos ha de echar atrás y estamos convencidas de lo que debemos hacer, que es la exigibilidad y la defensa de los derechos humanos para cualquier persona en cualquier lugar del mundo.

El problema que yo tuve es que vieron que no tenía miedo y no podían paralizarme, así que amenazaron la vida de mis hijos. Mi hijo pequeño tenía seis años Y estaba embarazada del segundo. Intentaron llegar a mi casa, hacer  allanamientos. Me llamaron al teléfono y me dijeron que si no dejaba de trabajar en la defensa de derechos humanos y los derechos humanos de la mujer, no solamente me iban a asesinar a mí, sino que iban a exterminar a mi familia.  Y se iban a llevar a mi hijo,  sabían dónde estudiaba, al colegio que iba y que cuando fuera por él, no lo iba a encontrar.

Entonces comprendí que llegaba el momento en el que había empeñado mi vida por la causa, pero no estaba dispuesta a darla por la vida de los otros, porque ellos todavía no habían escogido esa opción. Es por lo que decidimos que no podíamos seguir viviendo en Colombia. No solo me iban a asesinar a mí –que ya no podía salir de la oficina o de la casa–, sino que mi familia también peligraba. En cualquier momento nos podían pegar un tiro, o nos llevarían a desaparecer.

Desaparecer es un crimen de estado, y es uno de los crímenes más atroces, de lesa humanidad. Un crimen de lesa humanidad es cuando duele a todas las personas en cualquier lugar del mundo en lo más íntimo, por la crueldad con la que han sido asesinadas las víctimas. Los paramilitares se llevaban a las personas y las descuartizaban vivas, con sierras. Las cortaban, pedacito a pedacito. Y luego esos pedacitos los echaban con costales y piedras a los ríos, para que nunca se encuentren los cuerpos. Esa desaparición forzada la vienen realizando los paramilitares en connivencia y complicidad con las fuerzas militares, con el gobierno colombiano y con los gremios económicos.

Colombia tiene un programa de protección con Amnistía Internacional

Ellos sabían que cuando amenazaban a mis hijos o a mi esposo, yo era más vulnerable. Ya no podía seguir viviendo en Colombia. A través de un comité de protección a defensoras y defensores de derechos humanos presentamos el caso a Amnistía Internacional, e inmediatamente Amnistía Internacional nos sacó del país. Esto ocurrió  en el año 2003. Vinimos a España porque era el único país que tenía un programa de protección con Colombia para sacar a las familias. También existían acuerdos con México, con Chile y Uruguay pero solo permitían marchar a la persona amenazada. Yo lo tenía claro,  si no me llevo mis hijos y salgo con mi familia, me matarán en el país, pero no me marcho. Por eso, al final me sacaron con mi familia y vinimos a España.

 

 

Las personas refugiadas

 

Desde entonces estamos aquí. Y somos muchas las mujeres refugiadas colombianas. Es cierto que nos da tristeza hoy en día ver el problema de Siria. El  último acuerdo sobre refugiados –si podemos llamarle acuerdo– es la vergüenza de la Unión Europea.  Las personas que están saliendo de sus países y llegan a Grecia o  Europa  son nuevamente retornadas a Turquía.

Nosotros no nos fuimos del país por voluntad propia, sino porque, en ocasiones, hay circunstancias que obligan a las personas a salir de sus países de origen. Según los convenios de Ginebra de 1951 y el Protocolo de 1967 que amplía el concepto de persona refugiada, contemplado en el artículo catorce de la Carta Magna, en la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas, dice que cuando las personas están sufriendo amenazas u hostigamientos, su vida está en peligro y sienten que tienen que salir de su país, han de ser acogidos por el país al que decidan marchar. Por religión, por política, por nacionalidad, por pertenecer a un grupo social de oposición o grupo social diferente… cualquiera de estas circunstancias pueden obligarte a salir de tu país. Y se debe reconocer el estatus de persona refugiada ante el estado que la reciba. Y lo que tendría que hacer el estado, cumpliendo estos pactos y estas normas de derecho internacional de protección, es asumir a estos refugiados. Pero por el contrario, el acuerdo firmado recientemente entre la Unión Europea y Turquía es un acuerdo de la vergüenza, donde en lugar de acoger a las personas refugiadas que solicitan asilo, lo que se está haciendo es retornarlas, y levantar fronteras y muros, sin garantizar derechos humanos en absoluto. Y es triste.

Porque yo que soy refugiada y sé lo que se vive y lo que se siente, es importante  denunciar ese acuerdo de la vergüenza. Es inmoral, ilegal e inhumano. Y viola todos los derechos fundamentales de las personas. Y eso tenemos que decirlo, porque no podemos ser cómplices de que los estados se preocupen solo por protegerse a sí mismos.

 

 Colectiva de mujeres refugiadas, exiliadas e inmigradas

En España hemos conformado una Colectiva de mujeres refugiadas, exiliadas e inmigradas desde hace diez años. Nuestro objetivo es seguir trabajando con el movimiento social de mujeres en Colombia. Pero también visibilizar la situación y la realidad de las mujeres refugiadas y exiliadas en España. Ha sido difícil porque no hemos contado con el apoyo económico,  porque  cuando tomamos esta opción de vida, de seguir resistiendo, nos encontramos con dificultades económicas para sobrevivir con nuestra familia. Pero aún así nosotras no damos lo que nos sobra, sino damos la vida misma, que creemos que es lo que tendríamos que hacer para defender los derechos humanos.

Estamos en diferentes regiones en el estado español. En Castilla-La Mancha, en Albacete, estoy yo. En la comunidad valenciana, Alicante y Valencia, en la Comunidad de Madrid y el País Vasco, también en Barcelona, en Andalucía en Asturias, hay muchas mujeres que a través de la Colectiva nos encontramos para visibilizar la situación y la realidad de las mujeres que han sido obligadas a emigrar. Pero también para intercambiar opiniones y experiencias.

En este momento hemos enviado nuestras propuestas al proceso de paz a la Habana, a la FARC y al gobierno colombiano. Estamos hablando con  la subcomisión de género, que  es una comisión que se ha conformado en el proceso en la Habana que es sui géneris  en todos los procesos de negociación que han existido hasta hoy en día. Es una comisión de género con perspectiva de mujer, donde se incluye y se nombre lo que las mujeres aportan, la visión de  las mujeres, y que sean contempladas en las políticas públicas. Eso es muy importante. Y hasta ahí se va avanzando.

Estamos haciendo un llamamiento al gobierno colombiano, para que enmiende el error que ha cometido hasta el día de hoy y facilite y quite los obstáculos para que las mujeres refugiadas y exiliadas participemos en el derecho de paz que se construye en La Habana con las FARC y con el  LN en Ecuador. Es importante la voz de las refugiadas, que estemos presentes y que nuestras demandas estén contempladas en las políticas públicas.

El problema es que a las mujeres que estamos en el refugio se nos invisibiliza. Hoy en día es cierto que el proceso social de mujeres en Colombia nos está rescatando, pero hay mucho trabajo por hacer. Nuestro objetivo es hacer que se cumpla la Resolución 1325 de Naciones Unidas, donde dice que las mujeres tenemos participación directa en los procesos y en la construcción de la paz y el mantenimiento de la seguridad, que los procesos de paz tienen que construirse en el mundo con la participación de las mujeres, con nuestra voz,  pero con una incidencia directa en la política. Estamos hablando con el centro nacional de la memoria histórica y con una unidad de víctimas que son organismos del gobierno colombiano creados a partir de la aprobación de la ley 1448 de 2011. Donde se dice que es una ley para intentar ayudar e indemnizar y que haya justicia,  verdad,  reparación,  no repetición. Las mujeres refugiadas queremos verdad, queremos justicia y queremos reparación. No repetición, y también queremos retorno con garantías.

Yo viajaré el primero de mayo a Bogotá,  he sido invitada en representación de todas las mujeres exiliadas, refugiadas e inmigradas para un proceso que invita la subcomisión de género en Colombia, por parte del gobierno colombiano, para negociar el programa de protección de derechos humanos. Para nosotros, la lucha y la resistencia, el acompañamiento entre las organizaciones de mujeres y el movimiento social no tienen fronteras.

La formación en el pensamiento crítico

La juventud,  vosotras y vosotros tenéis un papel fundamental. El papel de estudiar y prepararos, de ser críticos, de no creer todo lo que os dicen, ni de creer todo lo que les muestran. De investigar y trabajar duro. Es necesario que tengáis esa disciplina porque vosotras y vosotros, sois la futura generación, para decir que es posible la garantía de los derechos humanos. Unos derechos que respeten y que el centro seamos las personas. Y os invito a ello. Es importante la disciplina,  la constancia. Y ello significa leer, pero también significa actuar para transformar la realidad. Y es lo que tiene que ser nuestra voz,  que nuestra práctica de vida sean los actos que transforman la realidad. Y creemos que es posible cambiar las relaciones injustas de poder,  las relaciones de desigualdad que existen. Porque queremos en un mundo mejor y porque creemos que es posible construir unas relaciones sociales, políticas, económicas y medioambientales diferentes a las de este sistema, que no hace sino generar injusticias y desigualdad.

 

Créditos