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LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA. ¿PREPARADOS PARA 2050?

Publicado el 25 de enero, 2018

LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA. ¿PREPARADOS PARA 2050?

En diciembre de 2016 se alcanzó el Acuerdo de París, en la XXI Conferencia de las Partes (COP21). Una convención, en el marco de las Naciones Unidas, para reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático. A este pacto global se sumaron más de 195 países que se comprometieron a contener el incremento de la temperatura de la Tierra muy por debajo de los 2ºC, así como a conseguir la neutralidad de emisiones entre 2050 y 2100.

La Unión Europea ya toma medidas para alcanzar su objetivo de reducir a un 40% (como mínimo) la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) en 2030. Lo cual supone que ya estamos inmersos en una época de cambios, de empatía con el medio ambiente y de transición hacia una energía mucho más eficiente.

 

Bienvenidos a la transición energética


Como bien apunta el exdirector general del CIEMAT (Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas), Cayetano López, en El País: “la transición energética consiste en pasar a un sistema energético que no dependa, como ocurre ahora, de forma preponderante de fuentes fósiles”.

Hasta ahora, los combustibles fósiles (principalmente el carbón, el petróleo y gas natural) han sido los pilares de la obtención de energía.

Los expertos indican que si las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) continúan al paso actual, las temperaturas atmosféricas seguirán aumentando. Lo cual se traducirá en un planeta más caliente, en el aumento del nivel del mar, en unas tormentas e inundaciones más fuertes… En resumen, las condiciones de la Tierra serán más extremas y por ello debemos actuar.
 

Según estimaciones de la Agencia Internacional de Energía (IEA), entre 1995 y 2013, las emisiones GEI han aumentado más de un 25%. Acorde a los objetivos definidos en el Acuerdo de París, deben reducirse las emisiones globales para controlar la subida de temperatura del planeta. Y para conseguirlo, explica Cayetano, “lo importante es definir los medios (reducción de emisiones) que hagan posible esos objetivos y las acciones para dicha reducción: instalación de potencia renovable, cierre de plantas de combustibles fósiles, eficiencia energética, movilidad menos contaminante, etcétera”.

A nadie se le escapa que esta transición fundamental puede hacerse bien… o mal…y que la factura, en el más amplio sentido de la palabra, de hacerlo mal sería elevadísima. Deloitte publicó en enero un informe muy rompedor y claro en este sentido:

Según Deloitte "el mantenimiento de las plantas de generación eléctrica convencional es necesario mientras se sigue avanzando en la instalación de plantas eólicas y solares – el 27% de la demanda final de energía debe ser renovable en 2030 – y en las nuevas tecnologías de almacenamiento. Esto permitirá garantizar la seguridad del suministro (vamos, que siempre que lo necesitemos tengamos energía) y mantener el coste de generación en niveles aceptables (que la factura no se dispare)".

El caso alemán es significativo: su cierre de las centrales nucleares ha hecho que tengan que “tirar” de carbón a unos niveles destacadísimos, por lo que arreglando parte del problema, están, por otro lado, empeorando la situación.

El informe de Deloitte también hace referencia a esta fallida solución y advierte del sobrecoste que supondría cerrar de forma anticipada las centrales térmicas convencionales y las nucleares, ya que obligaría a abrir otras nuevas centrales térmicas que aseguren el respaldo, lo que elevaría los costes y no reduciría las emisiones”.

Sumergidos en este marco, ya podemos cuestionarnos…
 


Cómo será el mundo en 2050: ¿qué nos depara el futuro?

Imaginar cómo será el mundo en 2050 puede resultar un ejercicio muy divertido. ¿Volaremos por las calles en coches eléctricos? ¿Seremos atendidos por robots? ¿Cultivaremos alimentos con características a elegir? ¿Tendremos una economía puramente digital? Alejándonos por completo de las obras cumbre de la Ciencia Ficción, como el mundo de George Orwell en 1984 o las leyes de la robótica de Isaac Asimov en “Yo, robot”, hemos podido ver que la realidad suele ir más despacio que la imaginación.

En este recién estrenado 2018 nuestras vidas son bastante menos distintas de lo que imaginábamos que serían. No obstante, campos como la ciencia, la biotecnología, la arquitectura o el propio mundo digital han avanzado a pasos agigantados.

 

Fuente: www.quo.es
 

Sabiendo esto, ¿imaginas cómo sería el día a día de los ciudadanos del mundo en 2050?

 

  • Vivirán en ciudades inteligentes:


De acuerdo con el Programa de desarrollo de las Naciones Unidas (UNDP), en 2050 un 61,8% de la población mundial vivirá en ciudades. No es una idea descabellada el pronosticar que un 85% de las ciudades serán inteligentes. Si todavía no conoces estos términos, las Smart Cities son aquellas ciudades sostenibles económica, social y medioambientalmente que aplican las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) para: un desarrollo sostenible, el incremento de la calidad de vida de sus ciudadanos, una mayor eficacia de los recursos y una participación activa de sus Smart Citizen. Como modelo de inteligencia, sus edificios serán domóticos e inteligentes, para respetar el medio ambiente, ahorrar y producir energía por sí mismos; en definitiva, lograr la eficiencia energética.

Existen otros proyectos como las wikiciudades que, además de ser inteligentes,   son ciudades colaborativas en las que sus ciudadanos participan en la toma de decisiones de gestión y urbanística. De forma que todos colaboran en la planificación y funcionamiento de los entornos urbanos del futuro a través de las tecnologías de la comunicación.  

 

  • Usarán fuentes de energía renovables y eficientes:


En 2050 habrán cambiado los patrones de producción y consumo de energía, en todos los sectores económicos, para alcanzar la neutralidad en emisiones. Por ello, se utilizará la energía de una forma más responsable e inteligente para alargar la vida del planeta y crear países energéticamente autosuficientes.

Cuando el Siglo XXI llegue a su ecuador, una revolución limpia recorrerá todo el mundo. En primer lugar, se habrán reducido las emisiones de gases a la atmósfera, disminuyendo el uso de combustibles fósiles, y se apostará por las energías renovables. De acuerdo con el objetivo Europeo, “en 2020, el 20% de la energía que se consuma en España – eléctrica, transporte o calefacción –serán de origen renovable”. Un estudio liderado por la Universidad de Stanford, aseguran que 139 países (entre ellos España) podrán abastecerse con un 80% de energías renovables en 2030 y el 100% en 2050 a partir de energía eólica, hidráulica y solar.

En términos de eficiencia, también se aprovecharán muy bien los recursos a través del reciclaje. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estudia fórmulas para que la basura sea una de las materias primas del futuro, usándola, por ejemplo, como combustible.

 

  • La ciencia y tecnología les acompañarán allá donde vaya:


La tecnología intervendrá en todos los aspectos de nuestra vida en el futuro. En palabras del neurobiólogo español, Rafael Yuste, “estamos a punto de ver una revolución que va a alterar la condición humana”. Sin duda, en 2050 se habrán producido enormes avances en ciencia, medicina, genética, computación, inteligencia artificial y mucho más, gracias al uso globalizado de la tecnología. Se habla de descubrimientos como: escáneres cerebrales que muestran lo que se imagina, embriones genéticamente modificados o viajes a Marte, entre una lista interminable de inventos que cambiará la vida tal cual la conocemos.

Como si de la serie Black Mirror se tratara, la compañía de seguridad Kaspersky Lab junto a un grupo de expertos, científicos, artistas y futurólogos han lanzado: 2050.earth. Una web con la que imaginar el avance de las ciudades y la tecnología del futuro. Entre ellos, se hablan de las lentes de contacto inteligentes, los médicos robots e, incluso, los gobiernos liderados por humanos e inteligencias artificiales.

En cuanto a las comunicaciones, seremos la “sociedad hiperconectada”. Podremos comunicarnos con máquinas, sensores, dispositivos y cualquier objeto cotidiano a nuestro alcance. Además, se aplicará la tecnología en otros campos como la creación de la “fábrica del futuro” en la que “las máquinas se comunicarán entre sí para optimizar el funcionamiento conjunto”.

 

  • Conducirá vehículos eléctricos y sostenibles:


En boca del economista de Harvard, Tony Seba, “en 2050, los coches con motor de combustión interna solo se verán en los museos y las películas”. Los coches fueron los primeros emisores de gases de efecto invernadero y, por ello, en el futuro ya no existirán los coches con motores de explosión. Por supuesto, los vehículos que tendremos estarán electrificados, ya que son uno de los principales aliados mundiales para luchar contra el cambio climático. Por eso, la Agencia Europea de la Energía planea un escenario en el que el 80% de los vehículos serán eléctricos o híbridos enchufables en 2050.

Si desaparecen los coches como los conocemos, probablemente, desaparecerán también los empleos relacionados con la conducción.  Los avances en inteligencia artificial y robótica permitirán la automatización de los procesos de conducción, por lo que, los conductores de las próximas décadas serán robots.

 

No sabemos con seguridad lo que nos deparará el futuro; y aunque aún nos quedan unos cuantos años para pertenecer a la sociedad del futuro, estamos deseando ver si el mundo es como lo imaginábamos. Un mundo impulsado por fuentes de energía renovables; con países y ciudades eficientes basadas en el autoabastecimiento; y una sociedad que practica un consumo energético responsable y sostenible, en apoyo con la tecnología.

 

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