El cambio climático en la sociedad

 

El pasado 12 de abril, el equipo de Quintaesencia realizó una encuesta online para conocer las opiniones y el conocimiento de la población acerca del cambio climático y las medidas que se tratan de implantar para intentar revertir el proceso y mitigar así sus consecuencias. Al finalizar el plazo, dos semanas después, se habían obtenido un total de 264 respuestas. He aquí el análisis de los resultados.

 

REPORTAJE. Diego Martín · Mieres (Asturias) · Imágenes: Diego Martín.

 

Primera tanda de preguntas de la encuesta online.

 

En primer lugar, para conocer el perfil de los encuestados, preguntamos acerca de su edad y Comunidad Autónoma, obteniendo resultados bastante diversos. En cuanto a la edad, el rango mayoritario fue el de 40-55 años con un 30,3%, como es lógico debido a la demografía española; seguido de un 30% de menores de 18; un 13,6% de 55-65 años y un 12% de 30-40. Por lo que respecta al lugar de origen, los resultados obtenidos fueron más homogéneos, siendo un 73% de los encuestados asturianos, seguidos de lejos con 7,6% de andaluces, un 5% de extremeños y un 3,4% de castellano-leoneses. No obstante, un total de 12 de las 17 Comunidades Autónomas se encuentran representadas en esta encuesta.

 

Empezamos la encuesta propiamente dicha formulando la pregunta más básica: «¿Cree en el cambio climático? Y si es así, ¿cómo de importante cree que es en nuestros días?». Afortunadamente, podemos afirmar que ni una sola persona opinó que no existía un cambio climático, lo que resulta un gran contraste con países como Australia o Estados Unidos, en los que un 17% y 12% de la población, respectivamente, niega su existencia. Encuestas estatales muestran que en España la cifra es de solamente un 2%, mientras que en nuestra encuesta sería de un 0%. Por lo que se refiere a la importancia del cambio climático en nuestros días, un 83,3% manifestó que era importante y debían llevarse a cabo medidas, mientras que un 16,3% afirmó su existencia, pero no lo considera uno de nuestros principales problemas.

 

Si atendemos a la simple pregunta, «¿Recicla?», las respuestas fueron un poco más variadas. Un 67% aseguró reciclar todo lo que podía, lo que contrasta con la segunda respuesta más habitual, un no al reciclaje, con un 17,8%. Se puede observar aquí una polarización de los españoles: aquellos que ven en el reciclaje una opción simple y sencilla para tratar de limitar nuestro impacto ambiental, y aquellos que opinan que es inútil, que no pueden reciclar, porque no disponen de los medios, o que no se molestan en hacerlo.

 

Nos centramos ahora en las medidas que la gente considera más apropiadas para solucionar el cambio climático, con opción de seleccionar varias, para así tratar de ver dónde confluyen las opiniones. Un 83,5% de los encuestados señaló la necesidad de una concienciación desde la juventud. Esta respuesta que puede resultar un tanto obvia, pues de lo contrario no podríamos obtener ninguna solución, no lo es tal. A tenor de los resultados obtenidos en la última pregunta de esta encuesta, parece que la educación que se está llevando a cabo, hoy en día, no es suficiente o no es la apropiada. En el segundo puesto encontramos el reciclaje, con un 64,4% de los votos, posiblemente influenciado por la pregunta anterior, y a la que siguen un cambio en el sistema económico y social (42,9%) y la utilización de transporte público. De estos resultados llaman la atención dos cuestiones. Por una parte, es interesante que la población sepa que para solucionar el problema debemos colectivamente cambiar el sistema social y económico en el que vivimos, pero resulta llamativo que piense que reducir nuestro consumo de productos y bajar la cantidad de carne consumida, dos de los principales métodos para este cambio, apenas son importantes, con un 29% y un 14% de votos, respectivamente. Por otra parte, también llama la atención el hecho de que tratar de optimizar nuestra dieta reduciendo el consumo de carne sea la opción menos escogida, ya que la industria cárnica es la responsable de un 18% de la contribución total al calentamiento global (un porcentaje superior al sector del transporte), una de las principales causas de la deforestación y uno de los sectores que más agua consume.

 

Segunda tanda de preguntas de la encuesta online.

 

En cuanto a la importancia que tienen los programas de los partidos políticos para actuar contra el cambio climático a la hora de escoger el voto, las opiniones también fueron diversas. En primer lugar, se debe aclarar que un 30% de los encuestados son menores, por lo que no tienen edad para votar. Si eliminamos el 21,2% que lo constató, los resultados son los siguientes: casi la mitad de los encuestados (49,2%) alegó que tenía en cuenta las medidas, pero que no era su principal preocupación; un 33% que era de las cuestiones que más valoraba y un 17% que no le daba importancia, pues había temas más urgentes. Por consiguiente, ante un problema cuya envergadura nunca hemos visto antes, cabe señalar la poca  importancia que dan los encuestados al tema climático en los programas políticos. Si no se hace nada en tan solo unos pocos años, este provocará una reacción en cadena que podría desembocar en una nueva guerra mundial, debido a las tensiones por los recursos, el agua y los problemas raciales por la migración climática.

 

La siguiente pregunta hace referencia al plan de Gobierno para cerrar todas las centrales térmicas de carbón españolas antes del 2020, aprobado en el pleno del Congreso del 23 de octubre del año pasado. Este plan tuvo mucha repercusión en la sociedad asturiana debido a que el carbón, tras un siglo y medio de extracción, continúa jugando un papel importante, tanto en la psique popular como en el sector de la producción de energía. Debido a la disponibilidad directa del mineral, los planes para la construcción de plantas de generación eléctrica en la región fueron durante mucho tiempo centrales térmicas de carbón, de las que hay un total de cinco en activo: Soto de Ribera, Lada, La Pereda, Aboño y Narcea, tres de ellas situadas en un radio 10 kilómetros en la región de las Cuencas Mineras. Esta elevadísima concentración de térmicas hace que Asturias produzca mucha más energía de la que consume, un 67% la cual proviene de la quema de carbón, un porcentaje mucho más elevado que la media nacional de 17%. Esto conlleva unas consecuencias muy perjudiciales para el medioambiente: debido a la barrera que supone la Cordillera Cantábrica hacia el sur, suelen quedar atrapados los gases de efecto invernadero y demás residuos contaminando el aire de los valles. Pese a ello, las quejas contra este cierre son constantes, porque supone la pérdida de empleo.

También se alega la incapacidad para abastecer la demanda energética con únicamente renovables, lo que haría necesario la importación de electricidad, haciendo que otros países la generen con métodos que pueden ser mucho más contaminantes que los que se usan en Asturias. Por la existencia de este recurrente debate en suelo asturiano, hemos decidido incluir esta pregunta en la encuesta para conocer la opinión del público. Más de la mitad de los encuestados (un 54,9%) opinó que es un buen plan, pero se debe llevar a cabo de una forma más gradual, alargando el plazo más allá del 2020 para así asegurar la sustitución de la energía del carbón con renovables. Muy lejos, con un 18,5%, se encuentran aquellos que no le ven ninguna pega al programa, seguidos de un 14,2% de encuestados que les parece imposible abastecer la demanda energética sin las térmicas y un 12,2% que se oponen rotundamente pues se perderían miles de empleos.

 

A dos preguntas del final de la encuesta incluimos una cuestión acerca del movimiento «Fridays for Future», movimiento estudiantil y de la juventud de todo el mundo que se manifiesta cada viernes para protestar contra la inactividad de los políticos ante el cambio climático, alegando que «No hay un Planeta B» y que los jóvenes también nos merecemos contar con una Tierra en la que vivir. Es una respuesta bastante homogénea: un 70,8% opinó que era un movimiento legítimo y muy necesario, un 20%  que se debería hacer de manera más puntual y que no veía muy claros los beneficios, y un 8% que no servía de nada y que los alumnos no deberían perder clase por tales motivos. Solamente un 1% consideró que eran unos ingenuos si creían que de esa manera cambiarían algo y que se les debería castigar. A tenor de los resultados se observa que la mayoría de los encuestados están a favor de las protestas, pero estas no tuvieron, por lo menos en Asturias, un seguimiento demasiado generalizado.

 

Finalmente llegamos a una pregunta que, a diferencia de las otras, no era de opinión, sino de conocimientos. La pregunta es: «¿Sabría explicar la diferencia entre cambio climático y efecto invernadero?». Decidimos incluir esta cuestión, para conocer si la población tiene claros los conceptos que les permitan entender los procesos que están sucediendo en la Tierra. La pregunta era de respuesta libre y de las 264 personas que tomaron parte en la encuesta, 100 de ellas la dejaron en blanco, y un amplio número solo contestaron sí o no. La respuesta correcta sería que el efecto invernadero es un fenómeno natural causado por la presencia de gases que retienen las radiaciones infrarrojas en la atmósfera, en lugar de dejar que sea reflejada en el espacio, pero que debido a la emisión antrópica de gases, el efecto invernadero aumenta y eso hace que aumente la temperatura atmosférica y con ella vienen los cambios climáticos. Con mayor o menor complejidad, solo respondieron algo parecido a lo anterior un 17,9% de los encuestados, tan solo 29 de 162.

Destacan varios errores comunes. Por ejemplo, nos resultó muy llamativo que un gran número de encuestados respondieran que el efecto invernadero era causado por la capa de ozono, en lugar del metano, dióxido de carbono y demás gases. También destaca la creencia de que, además de la acción humana, son muy importantes las causas naturales del cambio climático. Además, un número considerable de encuestados  tenía los conceptos confusos y respondió que el efecto invernadero es una consecuencia del cambio climático, en lugar de una causa. No obstante, el error más general consistía en decir que nosotros somos los únicos actuadores del efecto invernadero, lo que es incorrecto, ya que en la atmósfera hay naturalmente gases de efecto invernadero sin nuestra intervención. Nosotros, al emitir CO2 y otros gases, hacemos que aumente la magnitud de este efecto invernadero y, por lo tanto, que la Tierra se caliente. Solo al entender los conceptos involucrados en el cambio de nuestro clima podremos comprender el proceso y llegar a asimilar la magnitud del problema. Por tanto, es necesario llegar a un nivel de concienciación muy superior al conseguido por nuestro sistema educativo, que solamente nos dice «Recicla, es bueno para ayudar al planeta, dúchate en vez de bañarte, cierra el grifo al lavarte los dientes». Aunque esto es necesario, se trata de una medida superficial y, en ningún caso, se debería  parar ahí. El conocimiento es fundamental, no sólo para comprender lo que dicen las noticias y los políticos, sino para adaptar nuestro estilo de vida.


En conclusión, podemos afirmar que la población española y, en particular, la asturiana está concienciada con el medio ambiente, apunta muy alto a la hora de proponer medidas para tratar de solucionar el problema, pero a la hora de su aplicación es bastante más moderada. Estamos ante una población que no considera el cambio climático una de las cuestiones principales en política y, que no ha cambiado sus hábitos de consumo; una población que no tiene muy claros los conceptos sobre cambio climático. Reside en la autoridad política el restringir los intereses económicos de las grandes empresas para velar por la supervivencia del pueblo, que puede estar en riesgo en los próximos años si no se toman medidas. Reside en la autoridad política proporcionar una enseñanza de mayor calidad y más detallada acerca del funcionamiento de los procesos climáticos de los que todos dependemos. No hace falta tener un doctorado para contar por lo menos con las nociones básicas que guiarán la política, la alimentación, el trabajo, las migraciones, los ecosistemas, los recursos, las relaciones internacionales, las guerras... Porque nunca nos hemos enfrentado a un problema de esta magnitud.

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