«Los trabajadores llevados

a grandes fazendas eran explotados.

Amenazaban con matarlos»

 

Carmen Bascarán, Premio Nacional de Derechos Humanos y una de las fundadoras del Centro de Defensa de la Vida y de los Derechos de Açailandia, una de las zonas más pobres de Brasil, nos relata la aterradora realidad de la esclavitud en el siglo XXI y la llegada de Bolsonaro al poder.

 

ENTREVISTA. Estela García, Diego Martín · Mieres (Asturias) · Multimedia: Diego Martín.

 

Vídeo de la entrevista a Carmen Bascarán.

 
 
 

 

El equipo de nuestro periódico asiste a la charla de clausura de la XV Semana Solidaria  de Mieres, «El desarrollo en tus manos», para entrevistar a Carmen Bascarán. La ovetense fue una de las fundadoras en 1996 del Centro de Defensa de la Vida y de los Derechos Humanos de Açailandia, una de las zonas más desfavorecidas de Brasil, y en la que el trabajo esclavo era frecuente. Su encomiable labor fue reconocida con el Premio Nacional de Derechos Humanos, concedido en 2005 por el gobierno de Lula da Silva. En 2016, la periodista Patricia Simón relató su historia en el documental «La fuerza de los pequeños».

 

¿Qué le llevó a efectuar un cambio tan radical en su vida? ¿Por qué el lugar elegido fue Brasil?

Yo fui, junto con otras doce personas, fundadora del Centro de Derechos Humanos y luego, a lo largo del tiempo hubo un momento en el que fui primero secretaria ejecutiva, y después la presidenta del centro.

¿Qué me llevó? Yo tengo cuatro hijos y, cuando todos ellos acabaron la carrera empezaron a volar por su cuenta, yo también volé. No quería quedarme dentro de casa guardando el nido vacío, porque pensaba que había otros nidos que necesitan también a una madre o a alguien que echase una mano. Tengo un hermano que es misionero comboniano en Brasil, lleva cuarenta y cinco o cincuenta años allí. Yo había estado en Brasil como turista, y siempre me quedó la cosa de volver, y por eso fue.

 

¿Cómo se encontró la sociedad brasileña, en especial la del estado de Maranhão a su llegada?

Cuando llegué, solo conocía Salvador de Bahía, donde trabajaba antes mi hermano en las favelas. Después llegamos a Marañón, viajamos en un avión a San Luís, la capital, mi hermano nos metió en un coche y nos llevó 700 Km hacia el interior en la frontera  con el estado de Pará y llegamos a esta ciudad que se llama Açailandia. Açailandia es una ciudad que en el 95 tenía quince años de existencia, una ciudad muy nueva, que se había construido artificialmente, porque comenzaban los grandes proyectos de desarrollo o de destrucción del Amazonas, el desmantamento de tierras para madera... Allí se juntaba todo: la gente poderosa, los grandes empresarios que venían pensando en la explotación de la Amazonia; la gente expulsada de las tierras y los más pobres, por no decir miserables, que venían huyendo. Era una ciudad que tenía tres calles asfaltadas, el resto era todo de tierra. Una ciudad donde la violencia estaba institucionalizada, donde podías contratar un pistolero por el equivalente a diez euros para matar alguien, la llamaban, entonces, la ciudad de los pistoleros. El mayor problema que teníamos para comenzar a trabajar, por supuesto, sin saneamiento básico, las casas de madera, brea y barro… era que no teníamos raíces, no sabíamos por dónde tirar para empezar a trabajar.

 

¿Qué palabras utilizaría para definir su trabajo en el Centro de Defensa de la Vida y de los Derechos Humanos?

Esperanza y amor.

 

¿Qué podemos hacer nosotros, desde la posición del ciudadano, para mejorar las condiciones de vida de las personas en países en vías de desarrollo?

Yo sé lo que hice yo, lo que tienes que hacer tú o tú tenéis que responder vosotros. Yo no tengo ninguna varita mágica para actuar sobre tu libertad. Creo que tu libertad está por encima de todo, decides tú y tomas una opción: o estás al lado de los pobres y explotados o de los ricos y explotadores. La decisión es de cada uno.

 

¿Nos podría hablar acerca de la labor de la fundación?

Es un centro de derechos humanos. Nosotros cuando llegamos allí y vimos aquel panorama, empezamos a juntarnos con una gente y con otra, hasta que dijimos: «Aquí no se respeta ningún derecho humano». Entonces dijimos: «Vamos a hacer un centro de derechos humanos», y allá nos fuimos con toda la inconsciencia que nos caracterizaba. Creamos el centro. En cuanto empezamos a trabajar detectamos el trabajo esclavo. Los trabajadores eran llevados a grandes fazendas, y allí eran explotados. Cuando querían salir de ellas, eran amenazados, porque se encontraban con que debían más de lo que habían ganado. Los amenazaban con matarlos. Alguno de ellos se escapó, y nos contó esta historia.

A partir de ahí el centro decidió que eso iba a ser su prioridad de trabajo: investigar, ver lo que estaba pasando, denunciar, acoger y apoyar a estos trabajadores para que aquello, aunque esa realidad no se terminase, se intentase modificar. Así empezamos, y enseguida nos juntamos con otra gente que estaba pensando lo mismo, acabar con ese crimen. Era la comisión Pastoral de la tierra, organización de la Iglesia católica que trabaja por la propiedad de la tierra de los campesinos, desde hace cientos de años. Nos encontramos con don Pedro Casaldaliga, la primera persona que denunció el trabajo esclavo en Brasil. Nos encontramos con el Ministerio de Trabajo (en Brasil hay gente realmente heroica), con los procuradores de trabajo y todos juntos hicimos una cadena de apoyo, donde se trataba de acoger a los trabajadores que venían huyendo de la esclavitud, los que podían; denunciando y promoviendo alternativas para que ellos pudieran encontrar otra forma de vida.

Enseguida nos dimos cuenta que nosotros solo con denunciar y apoyar a los trabajadores no íbamos a llegar muy lejos, porque eso se reproducía. Había trabajadores que estuvieron en el centro hasta cinco veces, porque no tenían otra cosa,  la miseria y la impunidad eran tan grandes que no tenían otra salida. Por eso nos dedicamos mucho a los niños, a los adolescentes, a los jóvenes y a las mujeres, porque creíamos que si lográbamos transformar la realidad de los que venían empujando y de las que reproducen los sistemas de vida social, que eran las mujeres, si conseguíamos incidir ahí, podíamos modificar la realidad. Entonces empezamos a atraer a los niños que estaban por allí sueltos sin hacer nada con el teatro, la capoeira, la danza,  la pintura… En el centro llegó a haber hasta cinco mil chavales que estaban todo el día de acá para allá, diciendo, haciendo y proponiendo cosas; viviendo y dándose cuenta de que ellos eran importantes. Con las mujeres empezamos a hacer cursos de formación profesional. Yo siempre cuento que veía a las mismas mujeres en los mismos portales sentadas quitando piojos a los niños por la mañana, por la tarde y por la noche; y como después de veinte años, creo que no hay ni una sola mujer en Açailandia que no haya estudiado, que no haya hecho un curso de formación profesional y se sienta dueña de su vida y protagonista de lo que está pasando.

 

¿Animaría usted a la gente a llevar a cabo tareas de voluntariado en países con emergencias sociales, como puede ser Brasil?

Sí, claro. Creo que el voluntariado no es ningún mérito para el voluntario. Creo que recibes una riqueza, un premio tan grande que, si no sois tontos los chavales jóvenes, todos estaríais  peleándoos por iros a pasar dos, tres o seis meses a un país donde se está peleando por modificar esas realidades.

Ahora mismo en Açailandia, en el Centro de Defensa de la Vida y de los Derechos Humanos, está una chica de Gijón al frente, que, cuando yo estaba allí, fue a pasar seis meses, porque no sabía qué hacer con su vida. Yo conocía a su madre, y me preguntó si podía ir conmigo. Era ingeniera medioambiental y ahora es la que lleva el centro, lleva allí nueve años, se casó y tiene dos hijos.  Es la que está allí, junto con todo el personal de Brasil, trabajando, ese es un caso. Pero de todas maneras el ir a un sitio de estos y ver aquella realidad cambia la mentalidad, tu vida, tú corazón… Eres otra persona cuando vuelves.

 

¿Cómo definiría el trabajo esclavo en la actualidad?

Es un problema porque ahora mismo Brasil está sufriendo un retroceso tan grave, a las puertas de una dictadura militar. Todo el avance que creíamos que habíamos hecho se va a venir abajo. Las primeras medidas que el nuevo presidente de Brasil está anunciando son tales como que va a acabar con el Ministerio del Trabajo. Imaginad que el Ministerio de Trabajo era el instrumento que teníamos nosotros para luchar contra el trabajo esclavo. Este capitán del ejército con su segundo de a bordo, general del ejército, ya anunció que iba a acabar con el Ministerio de Trabajo y con el de Cultura. Imaginad que todo nuestro trabajo de cultura también se va a venir abajo. Ya anunció que el Ministerio de Agricultura y el Ministerio de Medioambiente los iba a unificar para poder hacer nuevas demarcaciones de tierras indígenas en la Amazonia y en otras  partes de Brasil. Eso quiero decir que el saqueo que se avecina es gravísimo. Yo no sé si aquí nos damos cuenta de la gravedad de lo que está pasando en Brasil, porque todo eso lo vamos a pagar aquí también. Imaginad que la Amazonia en muy pocos años va a ser destruida y, con ello, van a ser destruidas todas las fuentes de agua. Hay que tener en cuenta que el doce por ciento de agua potable que hay en este momento en el mundo está allí, y están acabando con ella con la mineralización del cobre, con la mineralización del hierro, con la mineralización del oro; utilizando mercurio indiscriminadamente para lavar los minerales. La situación es muy grave, quizá me decís: «Nos pintas un panorama…» Me gustaría tener más palabras para poder pintar un panorama peor, porque es vuestro futuro y está en peligro.  

 

Zona de conferencias de la XV Semana Solidaria de Mieres.

 

¿Qué opinión le merece Lula da Silva, y en su defecto, el Partido dos Trabalhadores?

Lula da Silva fue una esperanza para toda la sociedad brasileña. Bueno, para toda no, para la dueños de la tierra, para los terratenientes, para los ricos e indecentes que existen en Brasil no fue una esperanza, pero para el resto de la población lo fue. Creó expectativas y realidades enormemente esperanzadoras. El nivel de pobreza bajó muchísimo, creó programas que algunos critican, como el Bolsa Familia. Este programa sacó de la pobreza y de la ignorancia a millones y millones de brasileños. Ahora bien, Lula tuvo un gran defecto, no hizo todo lo que se debía haber hecho. Lula da Silva, para mantenerse en el poder, pactó con quien no debía haber pactado, entró dentro de unos mecanismos de política y de componendas que al mismo lo arrastraron a ser partícipe del sistema. Por otro lado, los movimientos sociales tuvieron una grave falta, y es que, para no molestar a Lula que era la esperanza de la izquierda, se callaron un poco. Por lo tanto, Lula quedó a merced del poder financiero y terrateniente de Brasil y cayó en la trampa. Él también entró en esa rueda de corrupción, de falta de honestidad, en algunos casos. Sin embargo, si hay que hacer un balance general del tiempo de Lula, para las clases populares, para las mujeres, para los jóvenes fue muy muy bueno. Se quedó corto y ese fue su pecado. No mudó las estructuras de poder ni financieras.

 

¿Cómo se vivió en la zona el escándalo político y económico de PetroBras?

Ese todavía está rulando hoy. Os voy a contar una cosa que seguro que os va a sonar. El director de Petrobras, Odebrecht, una de las cosas que hacía era pagar el tres por ciento a políticos para que le dieran las concesiones de las grandes empresas hidroeléctricas, constructoras, etc. ¿Os suena? ¿Os suena el tres por cierto? ¿Cómo se vivió? Se vivió como un auténtico desastre. Pero con esto os quiero decir que el poder financiero, el poder que corrompe a la gente funciona igual en España, en Brasil, en la India, en Estados Unidos y en cualquier sitio. Compran, compran, compran… Y os va a extrañar, pero la mayor parte del dinero que compra las grandes haciendas en Brasil es dinero que procede de Europa, no es dinero que procede de otro lado. PetroBras ya no es una empresa brasileña, es una empresa multinacional, y ahí hay dinero de Estados Unidos, Alemania, Holanda, Noruega, Suecia y Japón. Ellos son los que están modificando la realidades sociales y políticas según sus intereses, y PetroBras es una más.

 

¿Observó usted mucho racismo en el Brasil que conoció por primera vez hace ya más de 20 años? ¿Cómo diría que ha evolucionado la cuestión, tanto en su entorno inmediato como en el país en su conjunto?

Brasil es un país racista, así, con todas las letras. La imagen que tenemos de Brasil es así medio de folclore, que es verdad que bailan que lo queman, son unos artistas natos y tienen una energía vital tremenda, pero hay tal introyección del racismo que hay cosas que no se explican. En el Centro de Defensa de la Vida y de los Derechos Humanos había una familia negra, que podía ser de Zambia o de Ghana, no mulata, y yo oía a una de las chicas que trabajaba en el Centro de Defensa con nosotros decir que no era negra, porque se sentía mal admiténdose como negra, renegaba. El trabajo en el Centro de Defensa, junto con la raíz contra el trabajo esclavo, es antirracista y pro afrobrasileño. La mayor parte de la gente que trabaja con nosotros son negros. La evolución fue ver cómo esa misma persona tres años después cogía el micrófono públicamente en una sala más grande que esta y se presentaba diciendo «yo tengo orgullo de mi raza y de mi color». Ese es el cambio. Cuando tú das la capacidad de decisión y de valoración, das no, pones los medios para que ellos los conquisten, inmediatamente se asumen. Por ejemplo, en el centro la obsesión de todas las niñas negras era alisarse el cabello, hoy ves cómo presumen con su cabeza rizosa bonita, ese es el cambio, eso es un cambio muy profundo. En el país, volvemos a lo que se avecina. Bolsonaro ya dijo que va a ir contra las minorías, gays y lesbianas, mujeres, negros, jóvenes, movimientos sociales. Indigno. Estamos ahí, vamos a ver lo que pasa.

 

¿Cuál diría que han sido las razones de la subida al poder de Bolsonaro?

Creo que lo dije antes cuando comenté que Lula había hecho muchas cosas bien, pero no había modificado las estructuras de poder, ni las estructuras económicas, ni las estructuras políticas ni las estructuras sociales. Había mejorado la vida de mucha gente, pero no cambió las estructuras. Por lo tanto,  todo quedó ahí cuando el capital internacional, las multinacionales, los militares, toda la gente que ostentaba el poder (desde la bancada terrorista hasta la Iglesia Universal del Reino de Dios) decidieron que era el momento de volver a ascender al poder. Todo ello no lo olvidemos con un cambio de coyuntura en Estados Unidos, fundamental. Hasta el 2009, Estados Unidos estaba muy preocupado con la guerra de Irak, etc. En 2009, se da cuenta de que en América latina está en Bolivia Evo Morales, en Chile Bachelet, y en Brasil Lula, y se le estaba yendo de las manos. En ese momento decide entrar otra vez en América Latina y empieza el desastre. Eso, y la ambición desmedida de las multinacionales por hacerse con el Amazonas y con todas las riquezas del Amazonas, sin importarles el futuro del planeta.

 

Estados Unidos, Polonia, Italia, Hungría, Austria, Francia, Alemania y ahora Brasil, ¿tiene alguna opinión acerca del progresivo aumento del poder de la extrema derecha en el ámbito global?

Te puedo dar mi humildísima opinión. Creo que cuando los movimientos populares y la gente normal, nosotros, bajamos los brazos, porque creemos que ya está conquistado el cielo, pensamos que inmediatamente va a haber otro que ocupe el lugar que nosotros dejamos en la lucha por un mundo mejor. Si de lo que se trata es de que el poder económico, concentrado cada día más en menos personas, no sea el que domine el mundo, o nosotros actuamos o nos van a machacar, de hecho, nos están machacando. No olvidemos nunca el poder de las redes sociales. Si soy millonario y puedo comprar campañas mediáticas para crear medios de comunicación y plataformas donde puedo decir todas las mentiras que se me ocurran sobre mi adversario, que ya no es mi adversario político, si no mi enemigo a vencer, ahí está servido todo el caldo de cultivo para que pase todo lo que está pasando. O los movimientos populares se ponen las pilas, y digo movimientos populares por no decir tú y tú y tú y yo, o el futuro no es nada bueno.

Hay que tener en cuenta una cosa. Como dije antes, Estados Unidos a partir de 2009, que fue cuando el golpe de estado de Honduras, decidió que también había que ir por Europa. Vosotros estáis viendo cómo Europa se está desmembrando, no le interesa negociar con una Europa unida. Propiciar el Brexit de Reino Unido o el tema de Italia, está alimentando esa división, porque le va a ser mucho más fácil actuar con estados de taifas divididos que con una Europa fuerte. No va a admitir de ninguna manera que el dólar no sea la moneda internacional. ¿Os acordáis del presidente del Fondo Monetario Internacional, aquel que abusó de una camarera en un hotel y que dos o tres días después apareció muerto? Detrás de esto, hay que ese señor estaba promoviendo un banco de monedas plurinacionales en contra del dólar. Es curiosísimo. Es así como funciona, y por eso hay que ponerse las pilas. Vosotros, que sois inteligentísimos y tenéis todas las oportunidades para estar informados, tenéis que organizaros.

 

¿Qué consecuencias cree usted que tendrá y cómo cree que afectará a la labor de su fundación?

En este momento tengo mucho miedo, porque ellos y ellas continúan trabajando en contra del trabajo esclavo y defendiendo los derechos humanos. Hoy, me llegaban fotografías de la labor que están haciendo en poblados donde el trabajo esclavo es un problema de los más graves que tienen, cómo están yendo allí a trabajar con los líderes de las comunidades, con las mujeres, con los chavales... Y al mismo tiempo, que me siento orgullosa por la fuerza que tienen de continuar, el miedo de que les hagan algo está ahí. Imaginad que en este momento la violencia en Brasil se desató. Al día siguiente de llegar al poder Bolsonaro, mataron a un líder de capoeira (Romualdo Rosário da Costa), de un estado de al lado, arrasaron una escuela y centro de salud de unos indígenas de allí cerca… La gente que era fascista y estaba callada, porque no se atrevía a hablar, está saliendo y yo tengo miedo que el valor de la vida empiece a ser mínimo y empiecen a desaparecer líderes comunitarios de cualquier manera.

 

Y ya para finalizar, tenemos también la noticia de que el 1 de noviembre los medios anunciaban que la policía brasileña ha confiscado panfletos en defensa de la democracia por ser “propaganda política para Haddad”, el contrincante de Bolsonaro, ¿Cree que la democracia y los derechos humanos podrían verse infligidos en el futuro cercano de Brasil?

Se hizo de todo en estas elecciones, todo lo que se os ocurra. No da la imaginación para pensar las cosas que se hicieron durante este tiempo, en las escuelas. Es muy duro, estar por allí dentro y no poder hacer nada, como no puedo hacer nada yo ahora.

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