Perdón por lo que

hemos hecho al mundo

 

El calentamiento global, al igual que la ansiedad y sensación de pérdida que esto nos produce, no sólo afecta a nuestra naturaleza. Todo lo que constituye una sociedad (economía, política, religión, cultura, arte) sufre cambios, como el legendario guionista y director Paul Schrader nos presenta en su última obra: El reverendo (First Reformed), protagonizada por Ethan Hawke.

 

CRÍTICA CULTURAL. Adriana Rodríguez · Mieres (Asturias) · Imágenes: A24.

 

Con una bellísima y cuidada fotografía en formato 1:1, el reverendo Toller (Ethan Hawke) se pasea por un mar de basura. Créditos: A24.

 

Culpa, dolor, desesperación, monólogos interiores, pérdida…, todas estas son características comunes al cine intimista de Ingmar Bergman, la imagen poética de Andrei Tarkovsky o los infinitos primeros planos de Dreyer. Todos ellos máximos exponentes del cine europeo del siglo XX. Cualquier purista del cine diría, al igual que Jorge Manrique, que todo tiempo pasado fue mejor. ¿Podría surgir otro genio así en la era de la comunicación, alzarse y expresar la misma angustia que ellos? La respuesta es sí. Pero también no.

 

El mundo cambia y, con ello, los conflictos y la manera que tienen los artistas de expresar su pavor ante estos. Mientras que en el siglo pasado estaban las constantes guerras, ¿qué nos queda a nosotros? Podría hablar de las desigualdades sociales, racismo y clasismo que nos presenta La Haine (1995, dir. Mathieu Kassovitz); de la explotación sexual de las mujeres, como en Lilja 4-ever (2000, dir. Lukas Moodysson); de la precariedad que tan dulcemente nos muestra The Florida Project (2017, dir. Sean Baker)... Pensándolo bien, todos estos son problemas que bien se podrían haber representado en cualquier época de la existencia de la humanidad. Entonces, ¿qué es algo que realmente caracteriza a nuestra era y que nos diferencia de todo lo que vino con anterioridad? La respuesta se encuentra en los medios de comunicación: encendemos la TV o la radio, abrimos el periódico y ahí se encuentra, esperando expectante a que nos horroricemos. El calentamiento global, al igual que Dios, es omnipresente. Todos hemos visto (e incluso participado) en las numerosas manifestaciones contra este fenómeno que se han ido realizando en los últimos meses en todo el mundo, gracias a la acción de la joven activista Greta Thunberg. ¿Cómo extrapolamos este tema tan controvertido al celuloide?

 

Paul Schrader es un nombre que ya evoca a los grandes hitos, no sólo del cine norteamericano, sino de toda la historia del séptimo arte. Frecuente colaborador de Martin Scorsese, fue el guionista de Taxi Driver y de Toro Salvaje. Junto a la productora A24 y el mejor Ethan Hawke de toda su carrera, estrenó en 2017 su último trabajo: El reverendo (First Reformed). En síntesis, este largometraje surge de mezclar el dolor y tristes caras de Dreyer, la desesperación y ansiedad existencial de Bergman y la cuidada fotografía de Tarkovsky.

 

Esta peculiar historia gira en torno a un pastor evangélico, reconcomido todavía por la muerte de su hijo en Irak, cuya vida escapa de su control tras conocer a una pareja formada por un ecologista radical y su mujer embarazada. Una vida de santidad pasa a ser una de pecado, tras el suicidio de dicho activista medioambiental. Este es un relato intimista acerca de la trascendencia de la religión y la presencia de Dios en un mundo que se está viendo destruido, poco a poco, por sus propios hijos.

 

«¿Puede Dios perdonarnos por lo que hemos hecho al mundo?»

 

No es de sorprender que esta sea una película extraordinariamente fría, no sólo por su estética pálida y decadente, sino por lo inherentemente fríos que son los temas que trata: el dolor, la pérdida e, irónicamente, el calentamiento global. Este filme de dos horas no es más que un estudio de personaje; no obstante, ¿quién es el personaje? Un reverendo, Ernst Toller, que regenta una iglesia de capa caída en el estado de Nueva York. En última instancia, una persona que vive en soledad. La voz en off de Ethan Hawke resuena en la mente del espectador, mientras este nos lleva a través de su monótona vida. Una vida gris que, gracias al personaje de Amanda Seyfried, comienza a descubrir la verdad acerca del futuro del planeta. Desgraciadamente, este hecho no hace que su vida sea menos gris, sino que le hace comprender la tortura que es vivir en la Tierra.

 

«¿Nos perdonará Dios?», reza el cartel de la decadente iglesia de First Reformed, reflejando la cuestión del filme. Créditos: A24.

 

No resulta sorprendente que El reverendo sea una especie de Taxi Driver, un Travis Bickle santo del siglo XXI, que en vez de enfrentarse a la «escoria» de Nueva York se enfrenta a un enemigo común: nosotros mismos y nuestras acciones. La fe es una vía fácil ante el conflicto. En su soledad, Toller comienza a entender las implicaciones que tendría el calentamiento global sobre el planeta, sobre el hijo predilecto de nuestro creador. En una balanza que antes se encontraba en equilibrio, están la fe y el cambio, la fe y la lucha, la fe y la violencia. El reverendo piensa. El reverendo reflexiona. El reverendo ha de guiar a los feligreses, ha de guiar a los fieles hacia la verdad. Esta es la historia de la impotencia de un hombre que no puede hacer nada ante la ira de Dios o, más bien, un hombre que cree que no puede hacer nada ante sus propias acciones.

 

«La sabiduría consiste en creer en dos verdades contradictorias a la vez».

 

El pastor evangelista, una vez representación de la fe en una pequeña comunidad religiosa del estado americano, ahora se pasea por un paisaje desolado, cubierto de basura. Al igual que Travis Bickle se rapó y cogió su pistola para combatir el mal, Toller toma un cinturón de explosivos para volar su propia iglesia. Incluso un pastor necesita un pastor. Tras ver frustrado este intento, considera que ya no merece la pena vivir en un mundo que está destruyéndose poco a poco. Pecado tras pecado. En una bellísima y onírica escena final, el pastor se convierte en mártir de su propia causa. El pastor y Dios se hacen uno, y deciden rendirse ante el inminente fin del planeta Tierra. El reverendo se viste con un alambre de espino y bebe lejía.

 

El pesimismo vence. Ya varias películas han tratado temas parecidos, como la bellísima Children of Men (2005, dir. Alfonso Cuarón). De hecho, ambas tienen papeletas para convertirse en futuras películas de culto. Sin embargo, ninguna lo ha hecho de forma tan íntima y, a la vez, despersonalizada como esta. No es fácil empatizar con ninguno de los personajes. Sin embargo, tal sentimiento de angustia hace que nos asfixiemos y entendamos la propia desesperación de Toller. La única manera de no llegar a tales niveles de desesperación es actuar, cambiar el presente. Quizá entonces Dios, o más bien nuestro planeta, sí nos perdone.

 

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