REPORTAJE

El lobo, cuatro puntos de vista

 

Hablamos con Rodrigo Suárez Robledano, codirector del Parque Nacional de Picos de Europa; Pablo García Esteban, director del Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias y de la Reserva Integral de Muniellos; Silvino Cordero, representante de la Coordinadora Ecoloxista d’Asturies y con Antonio Argüelles, ganadero residente en el concejo de Riosa acerca de la crisis del lobo.

DIEGO MARTÍN; MULTIMEDIA: DIEGO MARTÍN ·Mieres y Muniellos· 16 ABR 2018

 

 

El lobo, fuente inagotable de debate. Para ecologistas, una pieza fundamental del ecosistema y de nuestro patrimonio natural; para ganaderos un depredador despiadado que les roba a sus animales y para políticos un dolor de cabeza burocrático a la hora del pago de daños a los segundos. La realidad es que en el pasado 2017 cuarenta ejemplares fueron ejecutados, aun siendo una especie amenazada. El lobo ha sido siempre una especie muy perseguida por el hombre. El miedo y la rabia nos han llevado a cazarlos indiscriminadamente durante el siglo pasado hasta que su hábitat estable quedó reducido a solamente las tierras situadas al norte del río Duero, zona en la que actualmente vuelven a ser cazados. El futuro de la especie dependerá de nuestra voluntad.

 

¿Cuál es su opinión acerca de las batidas de lobos?

Rodrigo Suárez Robledano: El lobo es una especie importantísima en el parque, de un valor cultural y natural excepcional. Como tal, en el parque se gestiona. Tenemos el problema de que el lobo es una especie que requiere una gestión y, como cría todos los años, cada primavera se incorporan nuevos lobos a la población de parque. Por otra parte, la ganadería extensiva es un valor que también existe en el parque desde el principio. Buena parte de nuestro trabajo va enfocado a conseguir compatibilizar estos dos valores. Se ponen en práctica muchas medidas para conseguir no tener que hacer medidas de eliminación de ejemplares, pero, finalmente, el parque tiene una población que no puede alcanzar valores desbordantes. Ojalá encontremos una fórmula de actuación que permita esta conviviencia, ya sea mediante medidas preventivas o mediante la translocación de ejemplares a otros lugares de la Península que tienen al completo su ecosistema. No tendríamos ningún problema en capturar animales con vida y llevarlos a otro lugar, donde se sepa que estén seguros.

 

¿Qué opina de las batidas de lobos que se llevan a cabo en otras zonas de Asturias?

Pablo García Esteban: La problemática del lobo es inherente a la conservación de los espacios. En este punto no se trata de opinar de manera personal, hay una serie de reglamentos, normativas y legislaciones que es la que, al final, va a amparar las actuaciones. El lobo cuenta con un plan de gestión que admite que se organicen controles. Estos son extracciones de determinados animales que están perdidos de su grupo, y que están provocando una anormalidad en localidades o zonas habitadas. Si el plan prevé que se puedan extraer no hay nada que opinar. Yo entiendo que eso forma parte de la gestión del espacio y de la especie.

 

Las batidas de lobos, ¿esfuerzo de los políticos por conseguir más votos o por mejorar el estado de conservación de la especie?

Silvino Cordero: Nunca por mejorar su estado de conservación. En este sentido tenemos gente dentro del movimiento ecologista que está en las máximas instancias en lo que se refiere a la investigación. Quisiera citar el ejemplo de Javier Naves, biólogo perteneciente al CSIC. Dice: “el problema de la conservación de una especie no está en hacer controles de población, sino en controlar las actividades de la población humana. La crisis ecológica es de tal envergadura que deberíamos de plantear un control de lo que hemos hecho y estamos haciendo. La conservación es una emergencia social y este es el conflicto: el de plantearnos el resto de las actividades humanas, porque sino llegaríamos a un callejón sin salida.” 

Desde el punto de algunas organizaciones políticas en particular vemos que hay un interés en establecer un conflicto entre el mundo agrícola y los colectivos ecologistas. Nosotros pensamos que no hay tal conflicto y, de hecho participamos en el Comité del Lobo, que es un órgano de participación creado por el Plan de Gestión que une las distintas visiones sobre el lobo en un debate. El lobo está hoy en día bajo un plan de gestión en el que hay un programa de actuaciones de control de población para los años 2017 y 2018. Lo que observamos es que la administración cada día es más beligerante en contra de la conservación. Por eso, cuando nos negamos a los controles del lobo decimos que se están dejándo llevar por las presiones de unos grupos muy particulares dentro de determinados sectores sociales, desconociendo que la opinión mayoritaria, que se expresa tanto en iniciativas legislativas para la protección de la especie como en manifestaciones, va en un sentido totalmente contrario. Por otra parte, los tribunales de justicia en los últimos dos meses han respaldado las posiciones que mantenemos las entidades conservacionistas en el sentido de que todos estos planes que llevan consigo la matanza de lobos, bajo los eufemismos de extracciones y controles de población, no están fundamentadas en estudios científicos. Decir que la población del lobo ha aumentado no está constatado por ningún estudio. Además, la aplicación de estas medidas tampoco responde a criterios científicos. Estudios, como “La gestión de los lobos en España”, de Alberto Fernández Gil ponen de manifiesto como el lobo es una especie apical, es decir, tiene un sistema de autorregulación de población y, por lo tanto, la incidencia humana puede provocar la desestabilización de la población.

Respecto a si es una intención de los políticos para ganar votos yo os contestaría con este trabajo, en el que se ponen en relación el nivel de daños y la repercusión social. En este plan de gestión, Asturias se divide en ocho zonas. Vemos que no hay una correspondencia entre los daños que producen los lobos y el número de matanzas en cada zona, sino que allí donde más noticias aparecen en prensa y medios de comunicación sobre el lobo es donde más matanzas hay, como por ejemplo en la zona suroriental del Principado, donde el nivel de daños es muy pequeño en comparación con el número de muertes. También consideramos que es totalmente inadmisible que en espacios como el Parque Nacional de Picos de Europa, donde su mandato y creación han sido para la conservación, se pueda estar matando lobos.

No nos quedamos en la simple negativa a que se maten lobos, sino que contemplamos una serie de medidas, como mejoras en el pago de daños en cuanto a rapidez y una valoración adecuada por parte de la administración. Esta, en muchos casos es como si estuviese favoreciendo el conflicto, tardando en pagar o haciéndolo tarde, mal y nunca. También pedimos que, cuando haya estudios suficientes para demostrar que hay un ejemplar o unos ejemplares en una zona determinada que están produciendo unos daños en una cabaña ganadera y no haya medidas preventivas que puedan suplir ese peligro, se pueda matar esos lobos. Sin embargo, no hablamos de control. Al igual que, haciendo un símil, hay ciertas personas que por sus comportamientos sociales admitimos el encarcelamiento, también podríamos utilizarlo en criterios de naturaleza. Son inadmisibles los cuarenta ejemplares que se ejecutan de una manera absolutamente aleatoria y, lo que es más grave, una regresión con respecto a la conservación de la especie. Ahora mismo se está autorizando que esas matanzas no solo puedan ser realizadas por personal de la guardería o por empleados públicos, sino en cacerías por cazadores particulares.

 

¿Qué opina del lobo?

Antonio Argüelles: En lo que recuerdo yo de mi infancia aquí nunca los hubo, por lo menos no había quejas por ellos. Ahora esto es un desmadre: en lo que vamos de año ya me mataron dos corderinos y los pagos, si llegan, tardan mucho. Así es normal que nadie quiera ser ganadero. Si no se gestiona mejor el lobo este concejo quedará vacío. Primero son los humanos, y luego, ya, los animales.

 

 

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