ENTREVISTA

La Fundación Princesa de

 

Asturias: el making-of

 

 

 “El año pasado fue el año en que más candidaturas de mujeres hubo en la historia de la Fundación y no llegaron al 20%." Entrevistamos a Teresa Sanjurjo, directora de tan importante entidad.

  ​INÉS ABELLO, ADRIANA RODRÍGUEZ; MULTIMEDIA: MANUEL FERNÁNDEZ, DIEGO MARTÍN ·Oviedo· 20 MAR 2018

 

 

Hace 38 años, el entonces Príncipe Felipe cumplía 12 años y se constituía una de las organizaciones más representativas de nuestro país y nuestra comunidad: la Fundación Princesa de Asturias, que hasta la abdicación del Rey emérito en 2014 fue conocida como la Fundación Príncipe de Asturias. Como esta fundación sin ánimo de lucro aclara, sus objetivos primordiales son contribuir a la exaltación y promoción de cuantos valores científicos, culturales y humanísticos son patrimonio universal y consolidar los vínculos existentes entre el Principado de Asturias y el título que tradicionalmente ostentan los herederos de la Corona de España.

Se trata de una solemne ceremonia que, durante una semana, convierte a Oviedo, la ciudad de la Regenta, en la capital cultural, artística y humanitaria no sólo de España, sino de toda Europa y del mundo. Una ciudad que acoge a miles de periodistas e intelectuales, con el fin de celebrar el arte, la solidaridad, la ciencia y el progreso, la defensa de los derechos humanos, el deporte, la comunicación e, incluso, el humor. Una ciudad relativamente pequeña que, durante un corto periodo de tiempo, se eleva a adalid de la cultura en un país con una tradición tan rica que, irónicamente, a veces es olvidada. No obstante, la anfitriona no queda exenta de premio: uno de los galardones va destinado al Pueblo Ejemplar, por lo que las zonas rurales asturianas se hinchan de orgullo ante tal honor, como Poreñu, además de muchos otros en los que se exaltan la cultura y tradiciones asturianas.

Sin embargo, detrás de un gran proyecto siempre hay personas que se dedican en cuerpo y alma a que todo salga bien. ¿Cómo se organizaría entonces la llegada de cientos de periodistas, de turistas y eminencias internacionales de la talla de Leonard Cohen, Nelson Mandela, Annie Leibovitz o Almodóvar? ¿Quién se encuentra tras la organización que trajo a Asturias a Quino y su Mafalda, a los All Blacks y su haka o a Les Luthiers y su dominio de la palabra?

La directora de tan importante entidad desde 2009, Teresa Sanjurjo, nos ha concedido una entrevista en la sede de la Fundación para tratar las preocupaciones, metas y futuro de los Premios. Nacida en Madrid, licenciada en Derecho y con una gran trayectoria en el campo de entidades no lucrativas, ha respondido nuestras dudas con respecto a los Premios y la brecha de género, los momentos más emotivos vividos en la Semana de los Premios y todo lo que se esconde detrás de la gran ceremonia que se celebra en la capital asturiana.

 

Usted es la Directora de la Fundación desde 2009, debido a su experiencia anterior trabajando en entidades no lucrativas, especialmente en fundaciones, ¿cuál cree que ha sido su mayor aportación a la Fundación Princesa de Asturias?

Yo creo que la mayor aportación la tiene que juzgar, sobre todo, el resto de la gente, porque uno consigo mismo puede ser o demasiado benevolente o demasiado estricto. Lo que me encargó mi patronato, el órgano de gobierno de la Fundación, es conservar la esencia de la Fundación: mantener el foco de esta donde siempre ha estado y para lo que se creó, actualizar las formas de trabajo y profesionalizarla lo más posible. Eso es lo que se me ha encomendado y en lo que he estado trabajando. Espero ir por el buen camino, no me han dicho lo contrario todavía.

 

La Fundación es conocida mundialmente por los Premios, la semana de la entrega Oviedo es visualizada por todo el mundo, pero sabemos que se realizan muchas más actividades durante todo el año, especialmente en el área musical, ¿cuáles destacaría usted?

Antes de entrar en el área musical debo matizar una cuestión que enmarca el trabajo de los Premios. Para llegar a esos días de entrega hay un trabajo de todo el año, lo que ocurre con él es que no se ve porque es un trabajo de puertas adentro. La peor pregunta que nos pueden hacer a todos los que trabajamos aquí es: “y usted el resto de la semana que no son esos dos días de octubre, ¿qué hace?”. A lo que nosotros respondemos: “¿cómo que qué hacemos? Trabajar para que eso pueda ser”. Pero es trabajo iceberg: asoma un poco pero está todo por debajo para que esa pequeña parte se pueda ver y sea perfecta. El resto de actividades, además de las que fundamentalmente no se ven, nuestro área musical tiene tres coros (un coro adulto, uno joven y uno infantil) y también tenemos una escuela internacional de música que une cada año en Asturias, concretamente en Oviedo, a entre cien y doscientos estudiantes de muchas nacionalidades con un gran claustro de profesores. El resto del año tenemos contacto constante con los medios de comunicación, contactos institucionales, viajes: acabo de estar en México, dentro de poco tengo otros dos viajes internacionales,... Hay mucho trabajo. Es como pensar que el único trabajo de un estudiante es el examen final cuando este tan solo es una hora y media, habiendo semanas de estudio anterior.

 

El trabajo que realiza tiene su difusión la semana de entrega de los Premios, pero como en todo es un trabajo de todo el año y en equipo ¿qué es lo más duro o que más cuesta sacar adelante durante este periodo?

No diría duro, pero sí que hay muchísimo trabajo en todo el proceso. Si no lo haces todo bien, falla en algún sitio. Nuestra manera de ver las cosas es que hay que hacerlo bien y que aspirar a mejorar en todo, ya sea grande o pequeño, se vea o no. Desde que convocamos los Premios y buscamos candidaturas por todo el mundo, queremos que estas sean las mejores. Eso implica un trabajo previo para ver a quién le pides que presente, la conformación de los jurados quienes los componen, las reuniones con la tensión de conocer lo que van a votar o no al no saber lo que va a resultar de cada deliberación, la comunicación con el premiado para que esté localizable y disponible, la preparación de todos los actos culturales y del programa educativo Toma la Palabra,... Cabe mencionar una cuestión que parece menor pero no lo es: el teatro Campoamor es muy pequeño y tiene un aforo de solamente 1.313 personas. Todo tiene su dificultad pero lo hacemos todo al cien por cien de nuestra capacidad. Nos equivocamos a veces, como todos, pero intentamos aprender de cada error y que siempre sea distinto.

 

Respecto a su labor en la Fundación, ¿cómo se siente ser directora de una de las instituciones más importantes de nuestro país? ¿Su experiencia anterior en Fundaciones la preparó para este puesto o le resultó difícil adaptarse a él?

Me siento, sobre todo, responsable. Mi principal sentimiento es de responsabilidad y también de agradecimiento porque me encanta este trabajo. Creo que hay muchas personas que podrían hacer este trabajo, pasé por un proceso de selección y fui elegida, pero podrían haber seleccionado a otra persona. En cuanto a si estaba preparada, siempre he trabajado con fundaciones y he trabajado mucho. Veo todo aquello en lo que podría mejorar y son muchas cosas, uno no se puede engañar: hay cosas que haces mejor y otras en las que tienes que insistir mucho para mejorar.

 

Las candidaturas para obtener los distintos Premios se pueden presentar hasta el 14 de marzo de este año, ¿cualquiera puede presentar un candidato de forma individual o debe ser una institución, una entidad que avale el trabajo de dicho candidato y justifique la candidatura?

La candidatura tiene que estar justificada siempre. Nosotros tenemos unos grupos de proponentes de candidaturas que están expresamente recogidos en el reglamento, como premiados de ediciones anteriores o los embajadores en extranjero o extranjeros en España. Pero el reglamento deja siempre una ventana abierta para que cualquier otra persona o institución de prestigio puedan presentar una candidatura. Pensamos que de esta forma tenemos más “antenas” desplegadas por el mundo buscando el talento de nuestros posibles premiados. Si acotas mucho quién puede proponer, se pueden perder muchas personas que a lo mejor por no ser conocidas en determinados ámbitos no llegan a la Fundación. No nos queremos perder esa posibilidad.

 

Cuando se reúnen los diferentes jurados que determinan quién será el premiado, seguramente ya se habrá realizado una selección de aquellos candidatos que puedan optar a él, ¿cómo se hace, qué determina que se pueda optar o no?

Ha de cumplir el reglamento. Aplicamos el reglamento, disponible en la página web de la Fundación. Este exige excelencia en cada una de las ocho categorías de nuestros premios, trascendencia internacional y la presentación de la candidatura conforme a todas las pautas y requisitos de forma y plazo. La valoración inicial es su ajuste al reglamento. La valoración cualitativa de fondo corresponde al jurado. Nosotros no somos expertos en todo, para eso tenemos un marco general de cumplimiento y después los jurados entran a valorar.

 

¿Considera que ha cambiado el enfoque de los Premios en los últimos años, respecto a temas tan variados como el arte, la ciencia o la ayuda humanitaria?

No creo que haya cambiado el enfoque, sino que todo avanza cada vez más rápido y los Premios avanzan con el resto de la sociedad. La excelencia y los valores existen desde la constitución de la Fundación y siguen ahí. Es muy importante no perder el foco, pero la forma cambia: en el año ochenta no había correo electrónico ni Internet. Cuando tenías que contactar con alguien tenías que dar con un número de fax o un teléfono y se cortaba quince veces. No podemos pretender trabajar igual entonces que ahora. El mundo ha cambiado y nosotros nos adaptamos.

 

Teresa Sanjurjo nos explica el detalle que se les dio a los premiados en ediciones anteriores. IMAGEN: Manuel Fernández.

 

Dado que este es el año por excelencia de la defensa de las mujeres en la cultura, ¿considera que a día de hoy hay más premiadas que en los comienzos de la Fundación?

Más que la defensa de las mujeres en la cultura, tendríamos que trabajar por la igualdad de todas las personas sin importar el género, la raza, la nacionalidad, la religión o la orientación sexual. Ojalá no hubiera que decir que es el tiempo de la igualdad porque eso significaría que la igualdad ya está. Va habiendo más mujeres pero son pocas. Esta es una cuestión en la que estamos trabajando pero no enfocándose desde el punto de vista de decidir quién es el premiado (que no podríamos nunca) sino de conseguir que haya más mujeres candidatas. Recibimos muy pocas candidaturas de mujeres. El año pasado fue el año en que más candidaturas de mujeres hubo en la historia de la Fundación y no llegaron al 20%. Al no llegar a este porcentaje, es muy raro que después haya más mujeres premiadas. Enviamos la candidatura a más de 4.000 personalidades e instituciones de todo el mundo, muchas de ellas trabajando el tema de la igualdad de género, y seguimos recibiendo pocas candidaturas de mujeres. La necesidad de cambio empieza antes, no en la deliberación del jurado sino en por qué no hay más mujeres candidatas.

 

¿Diría que la Fundación debe luchar por que existan más mujeres galardonadas y por su visibilización?

Como ya digo, estamos trabajando muy activamente para que haya más mujeres candidatas con profesionales que se dedican a los temas de igualdad de género para que nos ayuden a identificar instituciones de prestigio en todo el mundo que puedan presentarnos buenas candidatas. Ni aun así conseguimos subir de ninguna manera del 20%, ni siquiera se ha alcanzado.

 

¿Existen actividades culturales relacionadas con los Premios dirigidas a adolescentes de nuestra edad?

Sí, hay de hecho un programa educativo específico, Toma la palabra, dedicado a todo el sistema educativo del Principado de Asturias. Además de eso, tenemos durante la semana de los premios actividades abiertas a todos los públicos. Entonces, depende de los intereses de cada uno: a lo mejor a alguno le gustó el año pasado Les Luthiers o, el año que Coppola ganó el premio hubo un ciclo de cine con un montón de proyecciones y las entradas se podían conseguir gratuitamente a través de nuestra web o directamente presentándose en la sala de proyecciones y entrando. Por tanto, intentamos dirigirnos a todos los grupos de edad, desde los niños de primaria, que el año pasado inventaron palabras, hasta adultos.

 

¿Qué efecto cree que tienen los premios en la población en general?

A mí me cuesta hablar, porque sentirme con la capacidad de decir “La población en general piensa que…” me parece un poco osado. Yo puedo hablar de lo que nosotros queremos que sean los Premios, nuestra aspiración: nosotros queremos que los premios pongan de relieve, la atención pública en personas e instituciones que nos hacen mejores como sociedad, pues creo que los modelos que uno siguen lo definen. Cuando me dicen “¿A quién admiras?”, yo puedo admirar a una persona o a otra y, en función de a quién admire, también me estoy definiendo, qué tipo de persona soy, qué quiero ser en el futuro, hacia dónde quiero ir. Los premios sirven para eso. En primera instancia, como modelos de referencia y de valores de excelencia, de progreso, de ciencia, de arte, de cultura… Y con respecto a la actividad concreta, pensamos que a través del programa educativo Toma la palabra y de la Semana de los Premios, estamos ofreciendo un programa cultural único en el mundo, de muchísima calidad, gratuito, que intentamos distribuir por toda Asturias dando participación a muchas personas, artistas e instituciones asturianas. Pensamos que eso es una buena oportunidad para el conjunto de la sociedad que participa. Tengo que decir que cada vez más, y que si tenemos un problema con esto es el problema de aforo y que quepa la gente en los sitios. Eso es lo que nosotros queremos, ahora si lo logramos o no, ese es el juicio de cada persona que pueda asistir.

 

¿Cuál es el momento más emotivo que recuerde de la entrega de premios? Ya sea un discurso o una intervención memorable.

Es una pregunta muy difícil. Los momentos más emotivos que recuerde creo que son fuera del teatro, viendo a los premiados hablar con las personas. Por ejemplo, el año que Hugh Herr estuvo precisamente en el programa educativo con un montón de niños de Avilés que habían hecho unos dibujos. La actividad se llamaba Superherro (un juego de palabras de la palabra Superhero y su apellido Herr), contando su vida, desde que tuvo el accidente de montaña a los 17 años, cuando se le congelaron las piernas y se las amputaron; cómo él fue superando esa dificultad y cómo fue entrando en el mundo de la biónica y la biomecatrónica; cómo llegó a hacerse sus piernas biónicas… Vio todos los dibujos de los niños y se emocionó mucho. Su padre me dijo después que le hubiera gustado guardar ese momento en una botellita de cristal para abrirla cuando la vida le diera un golpe y poder recuperarlo. Como eran niños de primaria, llegó un niño que se le agachó y empezó a mirarle las piernas. No veía nada, porque llevaba pantalones largos y zapatos. Él, que es un hombre altísimo, lo miraba desde arriba y se agachó también: se empezó a enrollar los pantalones hasta que se vieron sus dos piernas biónicas. Entonces, todos los niños que estaban allí dijeron “¡Halaaa…!” y le empezaron a aplaudir. Fue tan bonito, que todavía me emociono. Fue maravilloso, porque pensé: un hombre maravilloso, que se podía haber hundido, porque es un golpe muy duro, ¿cuántos años tenéis? [Quince]… imaginaos vosotros que con 17 años os amputasen las dos piernas. Entonces, uno decide, ¿qué hago con mi vida? Voy a estudiar, voy a formarme, voy a superar esto, y además no voy a superar esto sólo para mí, sino para otras muchas personas en el mundo que pueden tener este problema. Fueron más, pero como además soy yo muy emotiva, si os empiezo a contar me vengo abajo. 

 

Durante la semana de los premios, ¿le resulta a uno difícil verse rodeado por tantas eminencias del panorama internacional? ¿O estas eminencias dejan su importancia aparte y se muestran como uno más?

Mi experiencia personal es que son personas normales, encantadoras, muy muy muy trabajadoras. Agradecen mucho que se les trate con mucha profesionalidad y les entusiasma muchísimo cuando ven que está todo organizado, que la gente responde, les encanta que el público vaya a los actos, ver el trabajo de los estudiantes, ir a la universidad, ir a una conferencia y ver esa atención en general. Y yo, lo que procuro es aprender lo máximo de ellos.

 

¿Qué opinan los premiados de Asturias? Es por todos sabido que Woody Allen ama Oviedo, ¿y los demás?

El grado de vinculación de los premiados con Asturias obviamente es diferente, pero la respuesta que recibimos más veces de los premiados cuando se van es “Esto ha sido una experiencia única en el mundo”. Muchos de ellos no conocen Asturias antes de venir: les encanta la gente (es un comentario general), la naturaleza, ver el mar y la montaña tan cerca, les gusta mucho la historia y preguntan mucho por ella, la gastronomía, ven que hay mucho nivel profesional en los sitios a los que los llevamos (cómo se preparan las personas, las actividades…). Se van siempre muy contentos.

 

¿Cuál es el premio que cree usted que tiene una mayor repercusión tanto estatal como mundial?

Es que aquí ha venido Nelson Mandela, por ejemplo. Aquí estuvieron Peter Higgs y François Englert, que descubrieron de qué está hecha y cómo funciona la materia del universo, el Bosón de Higgs. Aquí han estado glorias de la literatura y el arte. ¿El mayor impacto? No lo sé, porque una cuestión es la notoriedad pública y otra la relevancia de la aportación de ese premiado al avance de la humanidad. Yo recuerdo, cuando aún no dirigía la Fundación, una imagen de los supervivientes del Holocausto. Eran personas dando testimonio de una de las épocas más oscuras de la historia de la humanidad. Impacto en los medios, no lo sé, pero la importancia que tienen esas personas y pensar que esto no puede volver a ocurrir… El impacto se puede medir de maneras distintas.

 

¿Considera que este es el evento cultural más importante de nuestro país?

Yo considero que trabajamos mucho para que sean los más grandes premios y, afortunadamente, tenemos un país riquísimo culturalmente con una variedad de centros y administraciones culturales, empezando por nuestro mismo idioma, que a veces se nos olvida: somos millones de personas hablando español. Nosotros queremos hacerlo muy bien y no me atrevo a ponerme la medalla de “somos los más importantes”.

 

Suponemos que la semana de los premios, todos los premiados en Oviedo y un montón de actividades, ¿qué es lo más duro: organizar la seguridad, organizar las actividades…?

Todo es complicado. La seguridad, afortunadamente, no depende de nosotros. Pero la organización de las actividades, los miles de personas que vienen a atender a los medios, se acreditan aproximadamente 900 periodistas de muchos países y agencias, que los premiados estén bien, que todo funcione, que no haya ninguna incidencia. Como decía antes, lo que se ve y no se ve, lo grande y lo pequeño, es una carga de trabajo elevadísima. Aquí estamos todo el día, medianoche, hay que trabajar mucho.

 

¿Tiene idea de quién es el favorito para obtener alguno de los premios? Aunque seguramente no se pueda decir.

Cada año, uno se va haciendo a la idea. No sé si favorito o el que más opciones pueda tener, y hay veces que aciertas y otras que el jurado va por otro lado. Y está muy bien eso, porque descubres cosas y perfiles que no conocías. Nuestros jurados creo que aciertan casi siempre o siempre, diría yo.

 

Y por último, Su Majestad, el rey Felipe dio su primer discurso con 13 años. ¿Pronunciará este año la Princesa Leonor unas palabras? ¿O es confidencial? [RISAS]

Pues no lo sabemos, porque no es algo que dependa de la Fundación. Es una decisión que tomarán los Reyes, y no lo sabemos todavía. Pero bueno, la Princesa Leonor, cuando lleguen los Premios, tendrá todavía doce años. No depende de nosotros y no tenemos pista siquiera.

 

Teresa Sanjurjo y las redactoras, Inés Abello y Adriana Rodríguez, en un momento de la entrevista. IMAGEN: Manuel Fernández.

 

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