OPINIÓN

Muniellos en el punto de mira

 

En una época de acelerado cambio, tanto social como global, necesitamos modelos para conservar nuestros espacios naturales. Ahí es donde entra Muniellos.

DIEGO MARTÍN; MULTIMEDIA: DIEGO MARTÍNMANUEL FERNÁNDEZ ·Reserva Integral de Muniellos· 10 ABR 2018

 

 

En el centro del suroccidente asturiano destaca como una reminiscencia de lo que otrora fueron estos territorios, casi como un recuerdo nostálgico de lo que eran los bosques atlánticos vírgenes la Reserva Integral de Muniellos. Densos bosques dominados por roble albar, con manchas de hayas en las zonas umbrías, un bosque de ribera bien conservado, roquedos y zonas de matorrales cubren las empinadas laderas de la sierra, compuesta por rocas silíceas, las dominantes en el occidente de Asturias. No obstante, este bosque de virgen tiene bien poco. Desde antaño, en el siglo XVIII, su madera fue talada y enviada por río hasta el mar, donde se dice que se utilizaba para la construcción de navíos. En el siglo XX, esta explotación se intensificó, sobre todo bajo el liderazgo de la empresa Muniellos S.A. La fama de los bosques de Muniellos venía de tiempo atrás, y esto llevó al estado a cesar su explotación poco antes del final del régimen franquista, en el 1973. Adquirido posteriormente por el ICONA, en el 1982 fue declarado Reserva Biológica Nacional. Ya en el 2000, la UNESCO lo designó como Reserva de la Biosfera, su título actual.

Esta regeneración es uno de los principales llamativos de Muniellos y demuestra la capacidad de los ecosistemas a volver a su estado natural, con las medidas adecuadas por nuestra parte. La Reserva Integral de Muniellos, además de ser el espacio más protegido en Asturias, está completamente rodeado por el Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias. Los Parques Naturales son declarados por la Comunidad Autónoma, y son esfuerzos para preservar en cierta medida el valor natural de un sitio humanizado, en ocasiones mantener un paisaje pintoresco y, sobre todo, preservar los usos tradicionales de la tierra y el modo de vida rural. Estos son muy controvertidos, pues no son establecidos democráticamente e imponen a sus ciudadanos unas reglas a seguir.

 

Valle de Muniellos, cubierto por la nieve en el silencio del invierno. IMAGEN: Diego Martín

El entorno del pueblo de Moal, que no pertenece a la reserva, es un buen ejemplo de lo que se desea conservar. Esta localidad se encuentra en la cabeza del valle que principalmente constituye el bosque y aquí el entorno ha sido antropizado. El bosque de ribera de la pequeña llanura aluvial ha sido sustituido por pastos para el ganado y en las montañas una parte de los bosques han dado lugar a zonas de matorrales, vestigios de pasadas explotaciones forestales. Vivir en estas zonas oseras no era fácil, y los habitantes debían mostrar su ingenio. Una de estas invenciones es el famoso cotín, una estructura ovalada formada por elevados muros de piedra en cuyo interior se encuentran unas treinta colmenas de las que los pueblerinos extraían la preciada miel que, en su época, se utilizaba para pagar los impuestos al cercano monasterio. De esta forma se frenaba el voraz apetito del animal, que era incapaz de sobrepasar los muros. Otra muestra de ingenio son los frecuentes saltos de agua que pudimos observar en nuestro recorrido desde el pueblo de Moal hasta Tablizas, el centro de recepción a visitantes de la reserva. El suroccidente asturiano es la zona que normalmente recoge los récords de temperaturas máximas en la Comunidad debido a un clima un poco más continentalizado. Para evitar que los prados se sequen durante el estío, se organizaron una serie de pequeños saltos en los que se recoge el agua y se la lleva por acequias para mantener el suelo húmedo.

Es innegable el patrimonio asturiano en sus pueblos y aldeas perdidos en las montañas. Hoy en día, este patrimonio se ve amenazado por un generalizado éxodo rural. Las nuevas generaciones no ven oportunidades y deciden mudarse a las ciudades para buscar un mejor futuro laboral. Con ellos se van las tradiciones, la sabiduría popular de la naturaleza, la artesanía, las construcciones típicas, el apego a la tierra, los bailes y los cantos; se va la vida de los pueblos. Pero al cerrarse una puerta se abre una ventana para que otro tipo de vida regrese: la vida animal. Muniellos siempre tuvo una ventaja con respecto al resto de espacios protegidos de Asturias en el sentido de que no tiene población interior que pueda ser afectada negativamente por las medidas de protección de especies. Por tanto, por lo que yo alcanzo a ver, si al éxodo rural se le da el enfoque adecuado, podría ser beneficioso para el entorno natural de Asturias. Si la gente joven rechaza la vida en el campo y se va a vivir a las ciudades, podríamos vivir con mucho menos espacio del que ocupamos hoy en día. De esta forma, si se declarase la zona de la Cordillera Cantábrica con una figura de protección intensiva, como la de Muniellos, los bosques volverían más o menos a su estado natural en tan solo décadas. Además, con la ayuda del personal se ayudaría a que esta regeneración fuese lo mejor y lo más rápida posible. No obstante todo es cuestión del enfoque que se le dé. Si en vez de decantarnos por la conservación se establecen en el territorio explotaciones intensivas, al estilo de minas a cielo abierto y grandes explotaciones forestales, se perdería casi todo el valor natural del territorio, además del patrimonio de aldea.

Está comprobado que el éxodo rural gana cada vez más fuerza. Una vez más depende de nuestra elección el futuro del entorno natural de Asturias.

 

Una tarabilla europea, saxicola rubicola, echa a volar desde una hortensia en el jardín de una casa en el pueblo de Moal. IMAGEN: Diego Martín

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