Carlos López Puccio, miembro fundador del grupo cómico-musical Les Luthiers, Premio Princesa de Asturias 2017

"El verdadero ejercicio de la libertad de expresión se define cuado las voces se alzan aún en contra de la corrección política"

C. Casas, I. Bano, C. Granados, V. Carriazo, B. Lara, M. Fernández, A. Organero y A. Alpetri

 
50 años en los escenarios es algo que solo se reserva a los mejores: Los Rolling Stones... o Les Luthiers. Carlos López Puccio, músico y cómico argentino, nos recibe con humor en esta entrevista para hablarnos de sus orígenes, retos creativos y también compromisos sociales a los que se han estado enfrentando durante todo este tiempo. Una historia de éxito y reconocimiento pero también de constantes desafíos donde la edad no parece ser un impedimiento. 
  • "Si una sociedad alcanza la capacidad de reírse de sí misma es porque ya está en vías de curación"
  • "Después del permio Princesa de Asturias sólo nos queda esperar el Nobel... me gustaría el de Física"
  • "Me parece que conservamos cierta sana ingenuidad en el deseo de divertir con elegancia, con sutileza. Digamos que ni las ansias de triunfar ni las exigencias del mundo del espectáculo nos han apartado de aquel ideal"

 

Medio siglo no es suficiente para jubilar a los miembros del grupo cómico-musical Les Luthiers. Carlos López Puccio lleva toda su vida en los escenarios junto a sus compañeros para transmitirnos sus ideas musicales originales, la crítica social, el humor y un compromiso total con su público. Estos motivos les han hecho ser reconocidos mundialmente con galardones como el Grammy Latino Especial o el premio Princesa de Asturias Comunicación y Humanidades en el 2017. Desde los coros universitarios de juventud hasta los retos de las nuevas tecnologías, sus instrumentos inverosímiles o la lucha por la libertad de expresión en un mundo cambiante: la historia de Les Luthiers está lejos de acabar.

 

Pregunta: ¿Cómo se puede mantener 50 años de talento artístico, humor renovado, nuevas ideas creativas, superar las peleas para montar espectáculos y giras mundiales, sobreponerse a las pérdidas de miembros queridos e históricos de la agrupación…? ¿De dónde sacan su fuerza creativa?

Respuesta:... no sé, habría que preguntarle a los Rolling Stones.

 

P.: Su agrupación nace de los coros universitarios argentinos, ¿qué queda de sus orígenes en las creaciones de sus espectáculos musicales?

R.: Me parece que conservamos cierta sana ingenuidad en el deseo de divertir con elegancia, con sutileza. Digamos que ni las ansias de triunfar ni las exigencias del mundo del espectáculo nos han apartado de aquel ideal, sencillo cuando se es joven pero difícil de sostener cuando se trabaja y se vive en el mundo competitivo del show business.

 

P.: Y al respecto de esos coros universitarios, ¿cómo valoran la situación actual musical de estas agrupaciones tradicionales y cuáles serían sus causas?

R.: Tendría mucho para decir puesto que parte de mi vida se ha mantenido en contacto activo con el mundo coral, pero trataré de ser breve. En el ancho mundo en que hoy vivimos hay de todo, según el país, su tradición coral y la circunstancia cultural, económica, etc. Hay grandes coros universitarios en Estados Unidos y algunos otros países en donde las universidades – independientemente del gobierno de turno - siguen conservando el aprecio y la valoración de las agrupaciones corales, en lo social, en lo cultural y en lo artístico. El peligro, la deformación que suelo ver (es común en mi país) es que tales coros, en lugar de dar, sólo deseen recibir. Esta es una de las razones por la cual en muchos grupos se abandone el extenso repertorio trascendente que existe, el de gran calidad (antiguo o contemporáneo) capaz de modificar a la audiencia, en beneficio de otro, chato, de fácil eco popular —arreglos y transcripciones de temas provenientes de otras vertientes culturales— inespecíficos y que no enriquecen a ninguna de las partes: ni a los coros ni a su público.

 

P.: Sus creaciones siempre se han caracterizado por promocionar música divertida, ingeniosa y original… ¿Cree que la sociedad común valora estos aspectos en la música?

R.: Tanto lo creo que pienso que esa es la razón secreta detrás del éxito y de la permanencia de Les Luthiers. Lo nuestro sigue siendo especial, diferente dentro del abanico de oferta en el mundo de la diversión popular. Así la “sociedad común” encuentra en Les Luthiers un oasis de refinamiento dentro de ese mar de productos mucho más baratos e insípidos a que está habituada.

 

Carlos López Puccio en sus diferentes apariciones musicales y televisivas. Archivo

 

P.: ¿Cuáles creen que son los máximos impedimentos que ven actualmente para el estilo de espectáculo que ustedes crean?

R.: No tenemos muchas quejas afortunadamente. Tal vez quepa decir que en épocas de bonanza económica era frecuente contar con el apoyo del Estado para presentarnos. En España fue claro, esto implicaba una forma de subvención del costo de las entradas que al hacerlas más baratas, o aun gratuitas, nos posibilitaba llegar a públicos de niveles económicos más bajos. Con la crisis, ese apoyo estatal fue disminuyendo considerablemente, pero aún así contamos con una masa de público grande —obviamente de cierto mayor nivel económico — que sigue queriendo y pudiendo ver y disfrutar de nuestros espectáculos.

 

P.: Desde la cinta de casete, pasando por el vinilo, el CD, la MTV, la industria televisiva y sus “Got Talent” o las plataformas de música en streaming actuales, la industria musical siempre ha estado cambiando y desarrollándose, pero ¿creen que en toda esta vorágine industrial hay espacio para propuestas musicales diferentes como la suya?

R.: Nuestro producto, que sigue siendo esencialmente teatral, no fue nunca envasable. Por eso la opinión que podamos tener sobre este tema es poco relevante. Toda vez que produjimos y vendimos, primero discos de vinilo, luego CDs y DVDs, etc. lo hicimos como objetivo secundario: recordatorios para el público de lo que había visto en el teatro. Nunca significó un rédito económico significativo. Nuestros ingresos siempre provinieron del espectáculo en vivo y nuestra estética siempre estuvo encaminada hacia ese ámbito por lo cual la preocupación por la comercialización de registros grabados en cualquier formato no fue jamás motivo de preocupación.

 

P.: En el mismo sentido, y cuando la televisión tiene tanto peso en la actualidad, sus espectáculos se caracterizan por la asistencia de público de todas las generaciones. ¿Cómo consiguen seguir atrayendo y conectando a públicos tan diferentes?

R.: Tal vez sea culpa de dos normas basales autoimpuestas. Una: crear un humor de trasfondo universal, no temporal. Jamás hicimos referencia a hechos o personajes que pudieran aparecer en el periódico del día. Esto confirió cierta eternidad a nuestro humor, lo cual explicaría su supervivencia a lo largo de los años. La otra: mantuvimos la idea de que el humor fuera multicapa. Un espectáculo de Les Luthiers tiene niveles de profundidad diferentes y encimados. Hay desde el chiste más sofisticado y culterano, aquel que no todos entienden de inmediato, hasta el slapstick, la pantomima exterior (nunca la grosería). Cada espectador goza de su capa, la que seguramente va cambiando en su interior a lo largo de los años.

 

P.: Volviendo a su carrera musical, siempre se podrán recordar espectáculos como “Mastropiero que nunca”, “Lutherías”, “Bromato de Armonio”, “Do, re, mi, ¡ja!” y tantos más… de todos sus espectáculos musicales ¿cuál recuerdan con mayor cariño?

R.: No hay una postura grupal sobre esto. A mí personalmente me gusta Lutherapia sobre los demás, pero este tipo de preferencias muchas veces tiene que ver no tanto con la realidad objetiva como con rincones profundos de la conciencia, del gusto y de las historias personales, lo que las hace absolutamente intrascendentes y tal vez inválidas.

 

P.: Y dentro de su faceta como luthiers, ¿cuál es el instrumento musical que más les ha gustado crear, del que tienen un mejor recuerdo o guardan un mayor afecto?

R.: Hay varios candidatos. Por imponencia el mejor fue la Ferrocalíope, un engendro de bocinas de locomotoras activadas con vapor a presión, el único instrumento de nuestra historia que no necesitaba de amplificación y que nos ensordecía en el escenario. En otro orden, quizás el instrumento más emblemático sea el Basspipe a vara, aquel largo tubo de cartón con ruedas y campana por delante. Una especie de trombón deslizante cuya imagen fue muchas veces símbolo de Les Luthiers.

Otro gran protagonista, más reciente, fue el Bolaromonio, una creación de Fernando Tortosa en base a pelotas y lengüetas de tipo acordeón que se convirtió en estrella de Raphsody in Blues. Un instrumento muy expresivo, por encima de la media, con el cual se puede obtener excelentes resultados musicales.

 

Instrumentos desatacados por Carlos L. Puccio durante la entrevista. Archivo
 

P.: Y respecto a su faceta humorística, ¿cuál creen que es la receta para poder hacer reír de esta forma tan desenfadada que ustedes tienen?

R.: No podemos hablar de receta, tal vez sí de normas: cuidado en la forma, en el diseño del chiste, elaboración de los mecanismos, atención al refinamiento de las palabras y las ideas. Nunca una mala palabra, un exabrupto, siempre la idea por delante. Diría que un buen chiste no debería necesitar de signos de admiración: sólo de las ideas.

 

P.: “Tener la conciencia limpia es síntoma de mala memoria”, o “Lo importante no es ganar sino hacer perder al otro” … son tantos los guiños humorísticos que sería difícil elegir, pero esa creatividad humorística no para de funcionar año tras año. ¿Cómo se entrena algo como el humor?

R.: Pertenecer a Les Luthiers siempre significó un fuerte entrenamiento tanto dentro como afuera del escenario. En los primeros años del grupo todo encuentro, aún los sociales, eran un desafío de ingenio, una competencia tácita en la que uno no podía quedarse atrás. Aprendimos mucho el uno del otro. Por otra parte, cada nueva obra, cada nuevo chiste era analizado a la luz de su técnica, su exposición, su desarrollo, sobre todo cuando no producían la risa que esperábamos y el diagnóstico exigía mucha claridad conceptual. Y esto significó un fuerte aprendizaje, un curso de años que nunca se detuvo y que se completó siempre con el ensayo y error. Esta es una prebenda, un privilegio de los humoristas: las ideas, los chistes, se prueban, se contrastan con la risa del público y uno sabe de inmediato si funcionan o no. De este privilegio no goza un autor dramático o trágico, incapaces de medir con tanta inmediatez el volumen de las lágrimas de la audiencia.

 

P.: Y en el mismo sentido, ante tanta tristeza por la pobreza y la desigualdad, las crisis económicas, los conflictos armados, etc., ustedes dicen que no pueden cambiar la sociedad pero al menos sí divertirla. ¿Un mundo más divertido sería más justo? ¿O debe la sociedad reírse de sí misma para verse como es y así poder cambiar?

R.: Creo que reírse de uno mismo implica un estado de conciencia muy elevado. Si una sociedad alcanza esa capacidad es porque ya está en vías de curación. Generalmente, cuando aludimos lateralmente a un aspecto deleznable de nuestra sociedad o de nuestra cultura (un político corrupto, un locutor de radio que habla de lo que no sabe) quienes se ríen no suelen ser los aludidos sino aquellos que pueden advertir ese rasgo en los demás.

 

P.: El jurado del premio Princesa de Asturias les calificó como “un referente a la libertad” cuando les galardonaron con el premio de Comunicación y Humanidades 2017. Aun así, en numerosos países, desde los Estados Unidos hasta el nuestro propio, cada vez existen mayores restricciones al ejercicio de la libertad de expresión. ¿Creen que las artes están actualmente amenazadas en su libertad creativa y expresiva?

R.: Honestamente no me parece que por ahora sea un problema serio en el mundo occidental. Por el contrario siento que, haciendo un gran promedio, en Occidente vivimos una época altamente superior en libertad de expresión a la de décadas pasadas. Basta pensar en el MacCarthismo, en las restricciones paranoides durante la guerra fría, en el control solapado de la información por parte de los estados en la era pre Internet. Digo esto pensando en una sumatoria y más allá de los intentos evidentes y conocidos de regulación del flujo de información en la web por parte de los estados y –claro- exceptúo de esta consideración a las grandes y pequeñas dictaduras que abundan por allí, las ideológicas, las religiosas, las económicas, las cuales son hoy tan represivas como antes. Eso no ha cambiado, pero occidente por fortuna sí.

Para mí el verdadero ejercicio de la libertad de expresión se define cuando las voces se alzan aún en contra de la corrección política, cuando las propuestas de quienes realmente piensan generan inquietudes más allá de lo que el medio acepta como correcto. Esto siempre ha sido difícil para los creadores pero, insisto, creo que en occidente esa ventana no se ha cerrado del todo.

 

Carlos López Puccio junto a sus SS. MM. los Reyes de España durante la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias. Archivo

 

P.: Después de medio siglo en los escenarios, los premios recibidos, el reconocimiento de todo el planeta y en especial de nuestro país con el premio Princesa de Asturias 2017, ¿qué más le queda por hacer a “Les Luthiers”?

R.: Después del Princesa de Asturias sólo nos queda esperar el Nobel, me gustaría el de Física.

 

P.: Y nuevamente, después de 50 años: ¿creen ustedes que surgirá un verdadero relevo para la música y el humor de Les Luthiers?

R.: No lo dudo, es una tontería y una señal de senilidad pensar que uno es el final de alguna gran cadena. No sé cuándo, pero confío en que nuestro trabajo haya marcado un cierto camino que tomen o que mínimamente inspire a las generaciones venideras. Por lo menos en la idea de que aún en humor de gran alcance es posible hacer cosas con calidad, refinamiento y contenido. Y que el resultado puede muy bien alcanzar a audiencias grandes.

 

Para saber más:

Les Luthiers, página oficial

Canal oficial de YouTube

Les Luthiers en Spotify

Carlos López Puccio, base de datos IMBd

 

 

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