Reportaje

Salvando lo que el mar olvida

F. Patiño, J. Cantos, A. Vela y R. Muñoz

 

¿Quién es capaz de dejar a la deriva a hombres, mujeres y niños sin hacer nada? ¿Quién piensa que no es una obligación moral y legal rescatar al máximo número de refugiados posible? Proactiva Open Arms nació con ese objetivo: salvar vidas. Gerard Canals, Jefe de Operaciones en el mar Mediterráneo de la ONG, nos informa de la situación que se vive día a día.

 

  • No es solo una acción moral, es una obligación legal el rescate de inmigrantes”
  • Esta gente está destinada a morir en el mar
  • “Salvas a la gente de las pateras y se ponen a cantar, bailar, comen, es muy bonito ya que ves contenta a gente que se ha jugado la vida para prosperar huyendo de la guerra y del hambre”
  • “Dadle importancia a la calidad de vida de la que disponéis, luchad por ella”

 

 

Con el lema “si salvar vidas es un crimen, somos criminales“ cientos de voces, como las de Javier Bardem y Dani Rovira, se han alzado en diferentes redes sociales y medios de comunicación para apoyar la labor de la ONG Proactiva Open Arms debido a su reciente acusación por parte de las autoridades italianas y tras el hecho de que su barco fuese incautado acusado de fomentar la migración irregular. ¿El delito? Salvar más de 60.000 vidas humanas.

Hablamos con Gerard Canals, el Jefe de Operaciones en el mar Mediterráneo de la ONG, quien nos pone al corriente de lo que supone hacerse cargo de una labor tan peligrosa y a la vez tan necesaria como la que hace Proactiva Open Arms. Y es que, la labor, aunque algunos se empeñen en criminalizarla, es muy sencilla: consiste en rescatar a los refugiados que se encuentran a la deriva en el mar: “Desafortunadamente”, según decía él, “un adjetivo que remarcar sería imprescindible, ya que no hay prácticamente nadie más que lo esté haciendo y hay una necesidad muy grande de hacer este trabajo. No es solo una acción moral, es una obligación legal el rescate de inmigrantes."

Gerard, que había sido socorrista, comenta cómo su visión del mundo cambió cuando se detuvo a observar la situación que, día a día, se repetía en el Mediterráneo. Una situación que se plasmaba con su cara más amarga en el cuerpo sin vida de Aylan Kurdi ahogado en la playa. Fue así como aquel deseo de salvar a la gente que muere diariamente en el mar se materializó en la ONG Proactiva Open Arms, y, junto a su amigo Oscar Camps, se puso manos a la obra hasta construir una de las principales organizaciones encargadas del rescate de personas en el mar.

Actualmente, como equipo operativo de tierra realizan solo la labor de logística, para garantizar el éxito de la operación de rescate y por si hay que hacer un cambio de rumbo, que éste sea lo más dinámico posible. Además hay cinco personas en la oficina dedicándose a labores de comunicación: programando eventos, atendiendo a las personas según las necesidades que requieren o haciendo campañas para los fondos de la organización.

Cuando le preguntamos cómo es un día en la labor de rescate de la organización nos habla de la dureza de su misión: “Los días son largos y duros, más que nada porque no es como un día normal en casa, hay unas dinámicas establecidas en los barcos y los rescates tardan en llevarse a cabo unas 5 o 6 horas. Además hay que recoger las barcas de rescate y subirlas al barco en el que son transportadas y cubrir todas las necesidades de los inmigrantes.”

 

Los voluntarios de Proactiva Open Arms han salvado más de 60.000 vidas desde su nacimiento. Fotos: Proactiva Open Arms

 

Y ante esta respuesta, y estando en presencia de alguien que arriesga su propia vida para salvar la de los demás, nos sentimos en la necesidad de conocer sus emociones en los rescates. Gerard nos habla de varios casos, pero como situación tensa recuerda especialmente la del 28 de octubre de 2015: “Fue una situación triste porque se hundían en una barca de madera 330 personas y había bebes y niños. Esto es algo que afecta mucho ya que ves cómo se ahogan los bebés y por mucho que lo intentas no los puedes salvar a todos”.  Sin embargo, y en contraste, resalta los momentos alegres en los que "salvas a la gente de las pateras y se ponen a cantar, bailar, comen, es muy bonito ya que ves contenta a la gente que se ha jugado la vida para prosperar huyendo de la guerra y del hambre. Con el tiempo te vas dando cuenta de que tenemos mucha suerte de disponer de una casa, familia, dinero, trabajo, en general una buena vida”.  E inevitablemente surge la comparación entre los problemas que afrontan los inmigrantes con los nuestros, y “te das cuenta de lo mal que viven y empatizas con ellos, este momento en el que piensas y sabes que viven mucho peor que tú, te destroza, pues él es un ser humano igual que tú”. Emocionalmente se puede observar la frustración ya que es muy difícil y pasan por muchos momentos de tristeza, para lo que, nos comenta, tienen contratado un equipo de psicólogos que los ayudan y guían en estos duros trances.

Y es que, en lo que va de año, han muerto ya 500 personas en el Mediterráneo y Gerard no entiende por qué tiene que morir tanta gente y sufre por no disponer de más dinero con el que impedir que esta cifra siga aumentando. Porque en definitiva, ellos son una organización pequeña.

A este respecto, Oscar Camps ha afirmado en alguna ocasión que “alguien no está haciendo el trabajo que debe” refiriéndose a los militares que no están salvando a la gente que día a día muere en el mar y, podemos intuir, también a los gobiernos y dirigentes que lloraban con la fotografía del niño ahogado, pero cuyas promesas y buenas intenciones yacen bajo tierra como el pequeño Aylan.

El 2 de febrero murieron ahogadas otras 90 personas en el Mediterráneo y ante el comunicado de desconocimiento total del suceso por parte de la Unión Europea y de Frontex, Gerard muestra su absoluta decepción alegando que esto es inadmisible y que continuamente se está violando la ley del no retorno, se están violando los derechos de los seres humanos y que los responsables de esto son los guardacostas libios financiados por la Unión Europea. Porque, según él “el flujo de Libia no se va a detener en mucho tiempo y menos porque el país de origen arregle sus problemas, pero si se detiene será porque la Unión Europea le pague una millonada a Libia”

Pero la postura o posición de España con respecto a esta situación no se queda atrás, ya que todos fuimos testigos de cómo prometió traer al menos 17.000 personas a la costa y no lo han cumplido, por no hablar  del control de flujos migratorios que realiza nuestro país: uno de ellos  es el uso de concertinas (que no son otra cosa que barras de hierro en forma de tubo con alambre que se ponen encima de la vallas fronterizas para evitar que los inmigrantes las salten) cuyo uso incluso se ha exportado a otros países. Aunque también podríamos recordar aquí otros métodos disuasorios que España ha utilizado para evitar el paso de inmigrantes, como el vergonzoso momento en el que se disparó al agua pelotas de goma para evitar la llegada de inmigrantes a nuestras costas.

En relación a esto, Gerard nos comenta que hay  dos razones por las cuales aumenta el número de refugiados: la principal razón es conseguir una mejor condición de vida en otro país, cuando en el tuyo  prácticamente " falta de todo y  cuando vives así te das cuenta de lo bien que viven unos y lo mal que vives tú, entonces, qué haces si ves que el gato de Facebook come mejor que tú, seguro que sin pensártelo te vas hacia el país en el que el gato come mejor que tus hijos”;  aunque algunos de los motivos tienen relación directa con las guerras, de las que, de una manera u otra somos responsables.

Las condiciones de viaje de los refugiados son terribles.  Si tienes en cuenta a los inmigrantes que vienen de África tienes que recordar que “han cruzado desiertos, han sido vendidos como esclavos, han sido extorsionados, abusados sexualmente etc, y después de todo esto les han metido en una barca que no es nada segura ni apropiada para navegar” pero que, además de esto “en lugar de meter las 20 o 30 personas que deberían montar en el bote, montan a 150 dándoles un solo compás o brújula en tierra”. Ante expectativas, el viaje se presenta casi imposible y como apunta Gerard "Esta gente está destinada a vivir en el mar".

 

 

A pesar de su trabajo, 500 personas han muerto en el Mediterráneo en lo que va de 2018. Foto: Proactiva Open Arms

En forma de conclusión a sus palabras Gerard nos habla de las posibles vías de solución, o de concienciación, y para ello nombra el importantísimo papel que juegan los medios de comunicación, porque, mucha de la financiación y de las donaciones que han recibido se ha debido a la exposición de su labor en medios de comunicación y redes sociales.  Y aunque todavía falta mucha concienciación social sobre este problema, es consciente de que si la gente está informada puede llegar a solidarizarse, y si se conciencia, pueden llegar a colaborar de una manera u otra.

Al finalizar la entrevista, y aunque sabemos que su nombre no es muy conocido, nos damos cuenta de que nos encontramos ante una de las personas más bondadosas y generosas que se cruzarán por nuestro camino, porque Gerard Canals es un ejemplo de pura humanidad, valentía y coraje. Una persona capaz de luchar y morir por otra, y hoy en día, es difícil encontrar seres humanos de esta índole. Por ello, a modo de reflexión, o meta nos quedamos con su mensaje: “Cuando tengáis problemas enormes, mirad a vuestro alrededor, tenéis muchos recursos a la mano, en cómo vivís en vuestro día a día y solo tenéis que mirar lo que está pasando en el resto del mundo, mirad las cosas con perspectiva y daros cuenta de la suerte que tenéis, dadle importancia a la calidad de vida de la que disponéis, luchad por ella”.

 

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