Dos galletas y medio chicle

Las ONG siguen luchando contra viento y marea por ayudar a los migrantes y refugiados que huyen de las terribles condiciones de sus países de origen

 

 

MARÍA MADALENA MANCEBO MANN, YZAN SAAVEDRA ESCALANTE Y YAGO BARRIUSO VELEIRO | Barcelona - Madrid - Santa Pola - Esplugues de Llobregat - Kópavogur - Santiago de Compostela

En una de las misiones de Open Arms, el equipo rescata a 15 niños y 40 mujeres que se encontraban abandonados al borde de un acantilado a causa de las mafias. Tras llevarlos a puerto, y sin poder estar quietos, los socorristas deciden ayudar a las asociaciones que se dedican a repartir comida, ropa y demás recursos. Es entonces, al ofrecer dos galletas a los niños, que uno de ellos no es capaz de evitar ofrecer uno de los dulces a Edgar Garriga, socorrista voluntario de la ONG y narrador de esta emocionante anécdota personal, que todavía sonríe al relatarla.

 

 

Causas

La ternura del acto de compartir unas galletas dos seres humanos en una situación dramática lleva a preguntarse el porqué de estas situaciones. Y las causas de las migraciones son numerosas, pero en el caso de los refugiados el abanico se reduce. En palabras de Gonzo, periodista responsable del documental Detrás del muro, “los motivos se pueden contar con los dedos de la mano: escapar de una guerra, de la violencia sexual (la mayor parte mujeres), de la violencia religiosa, de las hambrunas o de las persecuciones políticas”. Sin importar la procedencia, las razones coinciden: “Esto les une, vengan de donde vengan”, explica Ramón Lara, director del programa Salvados y co-director junto con Jordi Évole del documental Astral, ilustrando esta misma idea. El siguiente paso, por tanto, es tratar de identificar a un responsable; sin embargo, estos factores ya varían. Para Gonzo “los principales motivos que hacen que la gente emigre son comportamientos humanos arcaicos”, responsabilizando, por tanto, a algunos gobiernos de “una corrupción brutal y una política también brutal contra sus propias poblaciones”.

 

Los peligros del viaje

“Un día, una bomba cayó en nuestra casa”, así comienza Muhammad Alzurqan a exponer el porqué de su escapada de Siria. Como inmigrante en Islandia, su historia es una de la de muchos sirios, con la diferencia de que él tuvo mucha más suerte. Tanta es la gravedad de la situación en sus países de origen, como refleja Muhammad al expresar que “Era triste como el escuchar tiros se volvió algo rutinario“, que los refugiados no dudan en emprender su viaje a pesar de los constantes peligros a los que se han de enfrentar. En este caso, no obstante, las características sí varían según la zona de la que provengan. En el caso de los migrantes centroamericanos, que se desplazan por tierra, la violencia tiene, según Gonzo, un rol principal. El periodista gallego afirma, incluso, que “muchas veces la policía secuestra a un grupo de inmigrantes para vendérselo a las mafias”.

Algo más cerca, en el Mediterráneo, muchos migrantes luchan a su vez por llegar a Europa navegando en barcos de goma, a la deriva en muchos de los casos. El socorrista Edgar Garriga comenta que “no todo el mundo lo logra”. Los peligros son muchos, como pudo comprobar el patrón de Nuestra Madre de Loreto, Pascual Durá, que considera que las condiciones meteorológicas son uno de los mayores inconvenientes: “De un día a otro se puede poner un temporal y adiós patera”. Además, destaca la probabilidad de que no puedan llegar a su destino por falta de gasóleo o, en caso de ser rescatados, que “ningún gobierno de Europa te abra las puertas para auxiliarte”, como ya le ocurrió a él a finales de noviembre de 2018. Este problema se lo achaca Ramón Lara a los traficantes que colocan a los refugiados en barcas “pensadas para que lleguen justo hasta la línea fronteriza en la que los traficantes calculan que va a haber barcos de rescate”. Contrasta con las palabras de Riccardo Gatti, capitán en la misión de apoyo de Open Arms al barco de Durá, siendo mucho más directo al afirmar que “es una ruleta rusa”. No duda al afirmar que “si no te rescatan, probablemente te mueres; y, si te rescatan, también es posible que te mueras”.

 

Operación de rescate en el Mediterráneo de la ONG Proactiva Open Arms. / CEDIDA

 

Barcos al rescate

A raíz de este dilema, son muchos los voluntarios que han decidido ayudar a través de diferentes ONG. Entre ellas destaca Proactiva Open Arms, fundada en septiembre de 2015, y que se dedica principalmente a la búsqueda y rescate en el mar Mediterráneo. Edgar Garriga explica detalladamente el duro proceso de salvamento. En un caso concreto, esta actividad comenzó al ritmo del Mediterráneo de Serrat a las 4 de la madrugada y finalizó a las 5 de la mañana del día siguiente: “Estuvimos 25 horas sin parar”. Sin embargo, no duda de que el esfuerzo vale la pena cuando logran ayudar. El problema viene cuando esto no es posible, cuando llevan a cabo una “búsqueda sin frutos”. En ese caso, los refugiados que estuvieron tal vez a pocos kilómetros de los rescatadores, aparecerán ahora en las estadísticas como desaparecidos, a pesar de que “no hace falta ser muy inteligente para saber que si estás en el mar sin agua, sin comida y sin gasolina más de tres días, no desapareces, te hundes”, enfatiza Edgar con semblante serio.

El objetivo de esta ONG, empero, no es el rescate como tal. Lo explica Edgar: “Vamos a vigilar que no se vulneren los derechos humanos. Nuestra misión principal, sobre el papel, no es rescatar, porque eso es una obligación”. Y es irónico, entonces, que si esto es una obligación, Europa ponga tantas trabas a aquellos que cumplen su deber. Como fue por ejemplo, el caso del Nuestra Madre Loreto, barco pesquero que recogió a 12 personas, una menos de las que ya formaban parte de la tripulación. El patrón, Pascual Durá, describe la experiencia como “algo agónico, un momento de desesperación en el que no sabía qué hacer”. Tuvo que luchar contra viento y marea ante el rechazo de su propio país y de la Unión Europea, lo cual trastornó considerablemente su rutina “en el sentido que tuve que dejar de trabajar unos días y cambiar la ruta”. Muestra también su indignación al respecto al afirmar que le parece “una vergüenza [...] y no tener ni una pizca de humanidad” por parte de las autoridades europeas. Finalmente, meses después de haber conseguido volver con éxito al puerto de Santa Pola, tiene claro que no cambiaría nada de su actuación; a excepción, claro, del hecho de “contactar con los medios de comunicación un poco antes”.

 

Emociones intensas

Como indicaba Durá, los encuentros con los refugiados son duros e incluso “agónicos”. Aún así, todos aquellos que dedican parte de su tiempo al rescate de estos coinciden en una cosa: vale la pena. Y así lo relatan como alguno de los momentos más llenos de intensidad y emoción de sus vidas. Edgar Garriga, por ejemplo, se emociona al recordar como estuvo, con una niña siria, “a las dos o las tres de la madrugada jugando con fieltro y un gallo de látex”. Asombra lo que parece ser un comportamiento repetido, pues Ramón Lara destacaba también aquella escena del rodaje, en que observan como “un niño muy pequeño recién rescatado que tenía un chicle, que es lo único que tiene [...] y, al ver al rescatador de Open Arms, lo que hace es partirlo y compartirlo con él”.

Y es que tanto los niños como las mujeres parecen llevar la delantera a la hora de permanecer en el recuerdo de las personas que con ellas estuvieron. Gonzo, por su parte, no es capaz de seleccionar aquello que más le impactó, pero sí resalta el valor y el empuje de las mujeres: “Son seres de segunda en las sociedades de estos países, y son básicamente vistas como fuerza de trabajo u objeto sexual”, pero para el periodista gallego su espíritu luchador las convierte en “la única esperanza que tienen esos países”, a pesar de ser “las más vulnerables”.

 

Prejuicios norteños

Por eso es impactante que desde los ricos países del norte sigan utilizándose y triunfando incluso los discursos en contra de la inmigración; aquellos que criminalizan a personas que simplemente están intentando huir del miedo y la desesperación. En lo que coinciden Edgar y el equipo de Salvados y Astral es que la principal concepción errónea de la mayoría de la población es ese prejuicio que identifica al refugiado con alguien pobre, sin estudios y completamente desamparado. Y es que no podía ser más al contrario: “Son gente normal, con estudios, muy capacitada y que hablan dos o tres idiomas”, defiende el socorrista de Open Arms. El peligro de la generalización de este tipo de discursos va ligado a la influencia que ejercen en los ciudadanos. Txell, del equipo de Salvados, explica que son estos los que ejercen “un miedo que están trasladando a quien está votando a estos partidos”. No obstante, lo que verdaderamente sorprende es aquello que ilustra Gonzo: “¿Sabéis cuáles son las zonas de Estados Unidos donde más fuerza tiene el voto pro-Trump? En las zonas en las que hay menos inmigrantes”. Dato que demuestra, de esta manera, que las opiniones negativas van de la mano de un claro desconocimiento de causa. Esta falta o, más bien, transfiguración de los hechos “está condicionado por un interés de los medios de comunicación y de ciertos partidos políticos” según Gonzo   . Es importante, por tanto, tratar de concienciar a la población general, partiendo de la base de que es una crisis humanitaria que nos debe incumbir a todos. Pensando en aquellos que parecen no querer observar el problema desde otra perspectiva, Edgar asegura que “si esa gente se embarcara con nosotros o con cualquier ONG, se cambiarían muchas decisiones de las que se toman”.

 

Educación contra la ignorancia

A bordo de una embarcación como el Astral o el Open Arms la ley del mar dicta que se debe rescatar a las personas siempre que sea posible; se trata, pues, de “cumplir con el Derecho Marítimo”. Empero, al hacerlo, según Riccardo Gatti, “te enfrentas a situaciones muy duras y muchas veces también al rechazo de la sociedad civil y de la ciudadanía, porque el mensaje por parte de intereses políticos y mediáticos muchas veces criminaliza a la persona migrante”. De esta manera, el capitán del Astral ilustra lo contradictorio del paisaje actual. Es más que una obligación moral acudir al rescate de los refugiados en caso de encontrarlos, pero parece que los gobiernos hacen lo posible por impedir eso mismo. No interesa, al fin y al cabo, acoger a los inmigrantes. Para Gonzo el origen del problema está en la falta de conocimiento: “¿Cómo se puede evitar eso? Educando”. Siguiendo esa línea, Edgar argumenta que la forma de “educar”, desde España, al resto de Europa es a base de “reacciones como la del Aquarius”, que marcarían “un frente contra las políticas fascistas”. Al final, todo gira en torno a la solución que Riccardo pinta como obvia: “Respetando las convenciones que ya están firmadas”.

 

Empatía

Unas convenciones que llevaron y llevan a socorristas como Edgar a echar mano de un sentimiento humano, la empatía, que provoca situaciones como el compartir unas galletas con un refugiado; o a Riccardo, el jefe de misión de Open Arms, a abrazar y consolar sobre la cubierta de su barco a un joven africano al que acaban de salvar de las garras del mar. Solo los psicópatas carecen de este sentimiento. Y a veces da la impresión de que, por desgracia, en el llamado Primer Mundo hay personas que parecen estar más cerca de esa actitud de desprecio ante aquellas personas a las que se ve como un peligro, pero que, en realidad, son capaces de compartir lo poco que tienen con aquellos que les muestran un poco de solidaridad.

 

 

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