Esfuerzo y serendipia en la lucha contra el cáncer

Investigadores, cuidadores y pacientes esperan una cura para la enfermedad que todos afirman que llegará más temprano que tarde de la mano de equipos multidisciplinares

 

 

YAGO BARRIUSO VELEIRO Y ANDREA IGLESIAS RÍOS | Kyoto, Madrid y Santiago de Compostela

Este es un año muy importante para todos los investigadores que luchan contra el cáncer. Después de treinta años sin que se le concediese ningún Premio Nobel a una investigación centrada exclusivamente en esta enfermedad (aunque sí a investigaciones relacionadas con ella), el galardón ha sido otorgado este 2018 a Tasuku Honjo y James Allison “por su descubrimiento de la terapia contra el cáncer por la inhibición de la regulación inmune negativa”. Algo enfatizado por un reconocido luchador contra esta dolencia, Mariano Barbacid, ex-director e investigador del CNIO, cuando afirma que “era ya hora que se diera un premio Nobel al cáncer. Pero lo importante es que esta terapia realmente tenga una aplicación todavía mayor que la que tiene ahora”. Una precisión que el científico japonés laureado en esta edición aproxima a los enfermos cuando asegura que “ver a los pacientes que cuentan la historia de como sus vidas fueron salvadas por el tratamiento que nosotros desarrollamos es más importante que los premios”. Una confesión esta que va asociada a la naturaleza a veces aleatoria de la investigación científica que, según el título de la conferencia de Honjo en su aceptación del premio, se deben al esfuerzo investigador, pero también a la “serendipia” que, según el Diccionario de la RAE, es un “hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual”. Una mezcla de ambos, esfuerzo y serendipia, es el secreto para encontrar una cura a esta complicada enfermedad.

 

 

Una lucha interdisciplinar

Pero la lucha contra el cáncer no se desarrolla únicamente desde el campo de la Medicina. Muchos otros ámbitos científicos han querido apoyar esta causa y aportar su granito de arena para descubrir la cura para esta dolencia.

El primero es la base de todas las ciencias de la vida, la Química. Desde este área se pueden hacer importantes contribuciones para frenar el cáncer. Uno de los campos más prometedores en este sentido es el desarrollo de máquinas moleculares. Uno de sus iniciadores, Jean Pierre Sauvage, prevé que dentro de unos años “en mi campo, se harán máquinas moleculares más sofisticadas y, en particular, máquinas moleculares biocompatibles, que se inyectarán en organismos y tal vez viajarán por los fluidos destruyendo bacterias y células malignas”.

Un paso más cerca está la Farmacia, que es “la química aplicada al medicamento” y a la Biología. En los laboratorios de la Universidad de Santiago se trabaja día a día para mejorar la eficiencia de los fármacos antitumorales. María José Alonso, catedrática de Biofarmacia y Tecnología Farmacéutica de la USC e investigadora principal del equipo de Nanomedicina y Liberación de Fármacos en el CiMUS, afirma que “a día de hoy existen nanomedicamentos para el tratamiento del cáncer con los cuales se ha conseguido mejorar la eficacia y reducir la toxicidad de algunos fármacos”. Su grupo es de los pioneros en nanofarmacología del mundo y el impacto de sus estudios la ha llevado a ser nombrada la investigadora más influyente de España este 2019. Una de las claves de ese éxito es que “la nanomedicina se ha convertido en un ámbito absolutamente multidisciplinar: biólogos, químicos, físicos y farmacéuticos trabajamos en colaboración”. Confiesa además que está “convencida que ese trabajo colaborativo va a dar lugar a frutos muy interesantes en particular para el tratamiento del cáncer”.

 

El principio de una larga lucha

Sin embargo, la batalla contra el cáncer no es cuestión únicamente del presente, del pasado o del futuro. Es un continuo que reúne los esfuerzos de miles de personas desde campos muy diversos para conseguir un objetivo común: la deseada cura.

Investigadores consagrados como Mariano Barbacid han dedicado toda su carrera a combatir esta enfermedad. El equipo de este prestigioso bioquímico español consiguió aislar el primer oncogén cuando él tenía 31 años. La trayectoria de este hombre está marcada por la pasión por su trabajo: “aunque ahora con mis años yo podía estar jubilado ya, todavía voy los sábados y los domingos al laboratorio porque me apetece”, confiesa.

Su colega en el CNIO, Marisol Soengas, es un magnífico ejemplo de la investigación puntera. La científica, especializada en el melanoma, asegura que “la situación está difícil, [...] pero, a pesar de que tenemos menos fondos, somos increíblemente eficaces. De hecho, podemos competir con menos recursos con grandes grupos  porque creo que somos más inteligentes ya que buscamos mejor qué investigar para que sea un tema relevante y suficientemente novedoso para que nosotros podamos competir con los medios que tenemos”. La investigadora se muestra positiva con los avances que se están realizando en investigación: “Curar es difícil pero, al menos, extender la vida media y que el paciente viva mejor, eso se está consiguiendo ya en melanoma, en mama, en pulmón o en vejiga”. Y está de acuerdo con muchos de sus compañeros cuando afirma que “ver que un resultado de mi grupo que dio lugar a un compuesto que luego una compañía desarrolló y mejoró y está probando en pacientes y los pacientes están respondiendo, realmente es una gran satisfacción”.

Por eso hay que mirar siempre hacia delante. Para esto aparecen nuevas terapias muy esperanzadoras, pero que “ahora están en sus albores” como afirma Mariano Barbacid.  Uno de los responsables de estos tratamientos, el japonés Tasuku Honjo, opina, acerca de la búsqueda de la cura del cáncer, que “esto solo es el principio de una larga lucha. Mucha gente ahora está encontrando una vía, por lo que creo que en unas pocas décadas encontrarán una mejora y, eventualmente, el cáncer será completamente curado”.  Para él es una sensación muy reconfortante ver los resultados de su trabajo: “Cuando veo pacientes que cuentan su historia y como sus vidas se salvaron gracias al tratamiento que nosotros desarrollamos, me siento muy satisfecho”.

 

Humor científico. / LARA QUINTEIRO FERNÁNDEZ

 

La lucha de las víctimas

Pero en esta guerra no se lucha solamente en los laboratorios. La verdadera batalla se libra día a día en las miles de familias afectadas por esta dura enfermedad.

Precisamente para ayudarse en el combate, en 2012 nace en Santiago de Compostela la Asociación de Ayuda a Niños Oncológicos de Galicia (ASANOG) “con el fin de ver esas necesidades, de dar el apoyo entre los padres y decir: “Vale, nosotros, que somos la parte afectada, ¿qué podemos hacer para que esto sea lo más llevadero posible?”, cuenta Verónica García, vocal de la asociación. Además, es madre de un niño diagnosticado con leucemia linfoblástica aguda: “Con dos años y medio lo que menos esperas en tu vida es que, en ese momento de felicidad máxima, una simple fiebre te vaya a llevar a donde nos llevó”. Afortunadamente, su hijo se encuentra ahora en remisión tras haber superado la enfermedad. Sin embargo, Verónica sigue estando implicada en la actividad de la asociación, denunciando, por ejemplo, que “estamos viviendo unos tiempos de mundo perfecto [...]. En el momento en que algo se desvía de eso bonito es un problema y no todo el mundo es capaz de afrontarlo”. Y asegura que “la sociedad tiene que involucrarse, tiene que apoyar, dar muchísimo apoyo a las familias, a las personas”.

Por otra parte, en el lado de la asistencia directa al paciente, está Ruth Conde, enfermera pediátrica, que tiene una larga historia de relación con la oncología infantil: “Son niños que al final pasan a formar parte de tu día a día: los ves crecer, niños que ingresan que no hablan o no caminan y que aprenden a caminar en el hospital, que aprenden a hablar en el hospital, cuyas primeras palabras son: “Me vengo a poner plaquetas” o “la quimio”. A nivel profesional es brutal y a nivel personal también porque, al final, creas un vínculo con las familias, con los peques”, reconoce. Ahora trabaja en urgencias pediátricas, pero “yo lo que más echo de menos [de la unidad de oncología] es la continuidad, el verlos crecer”.

 

Serendipias

Sin embargo, esta superación de la enfermedad de manos de personas como Ruth y el equipo de oncología pediátrica de hospitales como el CHUS, también deberá echar mano de ese factor aleatorio que Tasuku Honjo menciona en su conferencia ante el público de los Premios Nobel 2018: “Serendipities of acquired immunity” (“Serendipias de inmunidad adquirida”). Una idea que también resalta otro Premio Nobel, Jean-Pierre Sauvage, galardonado en la modalidad de Química en 2016 y que relata con especial ilusión “una historia, para mostrar que los accidentes pueden tener consecuencias muy felices”. Esta historia no es otra que la de Barnett Rosenberg, “alguien que tenía una idea extraña de observar el efecto de un campo eléctrico sobre la división celular, lo que llevó a una aplicación extremadamente importante”: el descubrimiento del cisplatino, un fármaco muy usado en la quimioterapia que ha conseguido curar casi por completo el cáncer testicular. De la mano de la serendipia y el enorme esfuerzo de los equipos investigadores todos los entrevistados afirman con ilusión que, más tarde o más temprano, llegará la esperada cura del cáncer.

 

 

Créditos