Fariña para aprender

El autor del libro y los protagonistas y el director de la serie de Atresmedia reflexionan sobre las circunstancias del narcotráfico en Galicia y recuerdan su participación en el rodaje

 

 

MANUELA GÓMEZ FERRO, GAEL NODAR FERNÁNDEZ Y ANDREA IGLESIAS RÍOS | A Coruña, Vigo, Bertamiráns, Madrid y Santiago de Compostela

Fariña de Nacho Carretero triunfa en las librerías españolas como un análisis de la realidad que se ha vivido en las costas gallegas desde los años del contrabando de tabaco hasta la actualidad. Este ensayo periodístico salta al mundo audiovisual y triunfa en las televisiones de todo el mundo. El  fenómeno televisivo basado en la historia de Nacho Carretero, narra la entrada masiva de droga en Galicia y triunfa internacionalmente de la mano de Atresmedia y Netflix, que impulsan su fama. Es una obra que causa incomodidad entre traficantes como Laureano Oubiña o Bea Gondar, quien consiguió que un juzgado secuestrase el libro, una acción poco frecuente en una democracia. Esta polémica coincide con el lanzamiento del primer episodio de la serie en el que el juez Garzón baja de un helicóptero en el Pazo de Baión para liderar la primera gran redada contra estos delincuentes, la Operación Nécora. A continuación, el propio autor, el director de la serie, Carlos Sedes, y una parte de sus protagonistas, Javier Rey, Antonio Durán, Carlos Blanco y Iolanda Muíños, reflexionan sobre Fariña y sobre lo que supuso el narcotráfico y la llegada de las drogas a la costa gallega.

 

 

Del estraperlo al narcotráfico

La investigación empieza por una inquietud del escritor Nacho Carretero que encuentra curiosa la normalidad con la que se vivía el tema del narcotráfico en Galicia: ”Que interceptaran un alijo de cocaína, que encontrasen una planeadora varada en la playa, que detuviesen a un narcotraficante en su mansión en la Ría de Arousa parecían cosas normales”, haciendo alusión a lo cotidiano que era en los años 80 y 90 ver la entrada de droga en las rías. Esa normalidad llevaba también al silencio, algo que también diferenciaba a Galicia en comparación con otros países: “A medida que yo iba creciendo me daba cuenta de que en otros sitios donde tenían fenómenos criminales parecidos, como en Italia o en Latinoamérica, hacían una explotación cultural en forma de libros, series, películas, novelas… y veía que en Galicia no se hacía nada de eso”. Por lo que el autor coruñés decidió que era el momento de airear lo que habitualmente quedaba oculto entre las bateas.

 

De la realidad a la ficción

El libro se traspasó a la ficción televisiva dirigida por Carlos Sedes. Él mismo habla de las dificultades que tuvieron a la hora de adaptar el guión: ”No es un libro fácil de adaptar y me parece que tiene mucho mérito todo el equipo de guión. Por eso muchas veces, aunque está basado o inspirado en “hechos reales”, muchas veces cambiamos nombres e incluimos personajes que no eran reales”. El hecho de que la mayoría de los personajes sean reales genera una preparación especial para los actores. Javier Rey, como Sito Miñanco, Carlos Blanco, que representa a Laureano Oubiña o Antonio Durán “Morris”, en el papel Manuel Charlín, tuvieron que meterse en la piel de esos narcotraficantes que generaron tanta polémica en las rías gallegas: “Son muchas las dificultades a la hora de meterse en personajes como Sito. La máxima dificultad como personaje es que existió, es real; y tú vas a llevar su nombre y su apellido. Es un ser humano que está vivo”. Morris va un paso más allá en su personificación de Manuel Charlín: “En muchas entrevistas me preguntaban: “¿Cómo llegaste a hacer a Charlín?” Y yo les contestaba: “Le robé el alma”.

 

Experiencia personal

Pero esa dificultad se atenúa, tanto Nacho Carretero como para los actores y el director de la serie, porque vivieron en primera persona esta época en la que las drogas estaban en auge. La conocen bien. Así lo cuenta Iolanda Muíños, Carmen Avendaño en la serie: “En los años 80 vivía en un barrio donde había muchas drogas y hay muchos chicos de mi generación que ya no están desde hace mucho tiempo”. Carlos Sedes vivía en los ochenta en el barrio coruñés dos Maios: “Me acuerdo de bajar a la calle y veías lo que veías: veías las chutas. Y recuerdo cuando iba a San Pedro de Mezonzo a jugar a la pelota y te venían a atracar con una jeringuilla; o sea, había momentos muy extremos de lo que estaba pasando, sobre todo con la heroína”. Para Morris esta era una historia que formaba parte de su vida: ”Yo conocía perfectamente la historia de Fariña. Cuando todo esto pasó, la Operación Nécora, yo tenía veinte años y me pilló en lo que se llamaba la movida viguesa”. Incluso Javier Rey, nacido en 1980, recuerda los terribles efectos de la droga en su pueblo: “Yo tenía como seis o siete años e íbamos a jugar al fútbol de una zona de Noia donde yo vivía de aquella y había unos chavales a los que llamábamos “los chavales” en la grada que para nosotros era gente muy mayor, pero que no dejaban de ser chavales de 16, 17, 18 y 19 años. Y toda esa gente se drogaba, pero a nosotros nos caían muy bien porque ellos, aparte de dejarnos jugar en el campo de fútbol, cuando venían otros a jugar, ellos los echaban fuera para que jugásemos nosotros. Entonces eran unos tipos que nos caían muy bien, pero a día de hoy no queda ninguno vivo”.

 

Madres contra la droga

Esos “chavales” de los que habla Javier Rey fueron la razón principal para el surgimiento de un movimiento muy importante para la lucha contra el narcotráfico: el de madres como Carmen Avendaño que se organizaron para denunciarlos directamente y romper el pacto de silencio que protegía a los narcos: “Las madres fueron la punta de lanza de la sociedad gallega que se reveló contra la presencia de las drogas. Hasta ese momento había un silencio que tenía que ver con el miedo, con la incapacidad y también con la falta de medios. Lo que no podían hacer los vecinos era hacer la guerra por su cuenta”, afirma Carretero. Iolanda Muíños, que hace de Avendaño en la serie, resalta las características de líder que tenía y sigue teniendo Carmen: “ Ella hablaba muy claramente, con las ideas muy ordenadas, y muy lúcida, como ahora, [...] porque tiene una manera de pensar muy estratégica y una forma de hablar muy clara”. Pero Carlos Blanco va más allá y asegura que, sin las madres, la situación habría sido muy diferente: “¿Qué habría sido de nosotros sin ellas? [...] Si no hubiese sido por ellas, probablemente Galicia sería una pequeña Sicilia”.

 

Dilema ético

Por esa fuerza social de los traficantes puede surgir una polémica ética a la hora de humanizar a los personajes, a los que son claramente los malos de esta historia. Así, algunas personas cuestionan el hecho de ficcionalizar las figuras de los narcotraficantes, haciéndolos a veces personajes cercanos, que sufren y pelean por lo suyo. Sin embargo, Carlos Sedes defiende la opción de trabajar desde la ficción en este producto audiovisual porque uno de los propósitos principales es entretener al espectador: “No todo se debe contar desde un lado Disney. Las historias no son blancas o negras, y el propio Nacho Carretero le confesaba a Pablo Iglesias en una entrevista cómo lo enganchaba Sito cuando escribía”. Para él, hablando de Miñanco, hay que dejarle al espectador la posibilidad de decidir lo que está bien y lo que no lo está: “A mí no me gusta tratar al espectador como un idiota y prefiero que decida. Sin embargo, en la serie no hay ningún punto en el que se justifique a Sito. De hecho, es un tipo que se queda solo y pierde muchas cosas por el camino”. Por su parte, Carlos Blanco es más explícito, claro y conciso cuando le plantean este dilema ético: “Pues yo no acepto lecciones de ética a estas alturas de mi vida. Que estudien ética ellos”.

 

¿Vencedores o vencidos?

“En una guerra no gana nunca nadie. Aquí perdió todo el mundo: perdió la gente que se drogó, las madres y padres que perdieron a sus hijos, una generación entera… [...] En cualquier tipo de conflicto de estas características no gana nunca nadie”, responde Javier Rey a la pregunta de quién triunfó en esta guerra contra el narcotráfico. Esto es algo en lo que coinciden todos. Carlos Blanco afirma que “los  narcotraficantes acabaron todos, sin excepción, en la cárcel. No sé si ganaron algo. Ganaron dinero, pero Oubiña se comió 23 años de cárcel, que no son pocos”. Finalmente, Carlos Sedes afirma que “perdimos todos como sociedad. Perdimos mucho. Cuando pasan cosas así deberíamos reflexionar más para que no vuelvan a pasar este tipo de cosas y que la sociedad no tenga que estar siempre por delante de lo que pueda ocurrir.” Y concluye: “Todos, como sociedad, deberíamos pensar más y aprender más de los errores para que esto no vuelva a suceder”. Una oportunidad de reflexión y análisis del pasado que tanto el libro de Nacho Carretero como la serie de Carlos Sedes y la productora Bambú ofrecen. Pasen y vean (y lean también).

 

 

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