Mar de agujas

Víctimas, madres coraje, policía, asociaciones, jueces y técnicos en dependencias reflexionan sobre el efecto de las drogas en Galicia

 

 

MANUELA GÓMEZ FERRO Y XOANA PEREIRO PÉREZ  | Vilagarcía de Arousa, Vigo, Catoira y Santiago de Compostela

Una “generación perdida”: víctimas, familiares, fuerzas de seguridad… nadie se quedó indiferente a la entrada masiva de droga por las costas gallegas entre los años 70 y 90. Comenzó como un negocio más para los contrabandistas, pero el narcotráfico pintó un escenario devastador totalmente inesperado:  “Hubo mucha gente de mi generación que se enganchó a la heroína [...] . Vidas perdidas por algo tan absurdo como el consumo de una sustancia que, a la hora de la verdad, lo único que hace es enriquecer a una serie de gente de perfiles indeseables”, comenta Xulia Alonso, una ex-toxicómana que contó su desgarradora experiencia en la obra autobiográfica Futuro imperfecto.

 

 

Desconocimiento inicial

Uno de los mayores problemas causados por la droga fue el desconocimiento, era algo nuevo sobre lo que nadie tenía experiencia ni control : “Nosotros no teníamos ni idea de lo que eran las drogas [...] las familias empezamos a hacer terapias de grupo para enterarnos de lo que estaba ocurriendo.”  Dice Carmen Avendaño, fundadora y presidenta de la Fundación Érguete, una entidad que trabaja por la reinserción de personas drogodependientes. Además, sufrió en su casa las consecuencias de las drogas, reflejadas en dos de sus hijos: “Al segundo me costó más trabajo, porque le guardé rencor, ya que había visto lo que pasaba con su hermano y también cayó”. Este desconocimiento también lo enfatiza Enrique León, ex-comisario de la Policía Nacional en Vilagarcía de Arousa, que afirma que “a una familia le podía aparecer un hijo drogadicto, pero no se daban cuenta [...] Algunas madres venían a la comisaría y te contaban: “Tengo un problema tremendo. Tengo un chaval que no va a clase, se queda en casa, tiene los estudios medios abandonados, sale poco por el día, está amarillo y utiliza camiseta de manga larga”.

 

Generación perdida

Una situación que en muchos casos desembocó en la muerte y que conmocionó a toda la población. El término “generación perdida” se acuña por el número elevadísimo de afectados que hoy día no siguen con nosotros. Según Manuel Isorna, psicólogo, técnico de prevención de drogodependencias en el Ayuntamiento de Catoira y profesor de la Universidad de Vigo, “un 15% de aquellos jóvenes de esa generación murieron de SIDA, sobredosis o bien son enfermos mentales”. Fue una época terrible. Lo común era salir a la calle y encontrarse con un panorama de gente enferma que, a plena luz del día, se inyectaba a ojos de todos: “El tema de la droga empezó en las clases altas, pero ellos consumían en los pisos, no eran visibles. Mientras, las clases bajas, se juntaba un grupito en la calle y los veías [...] Había muchos robos y atracos bancarios”, afirma Carmen Avendaño sobre la situación en esa época.

La heroína causó estragos en la población gallega, que era la más cercana a estas sustancias, ya que la entrada de la droga se daba en las rías. Según el juez José Antonio Vázquez Taín, un gran obstáculo para frenar esta oleada de muertes eran precisamente los civiles, que veían el narcotráfico como un beneficio económico más que una lacra social: ”El fenómeno del narcotráfico es muy sencillo de entender: dinero fácil, vida no fácil, pero es mucho dinero el que pasa por allí e incluso la gente honrada lo veía como atractivo [...] Se veía a la droga como algo bonito; era igual que se muriera la gente”.

 

Aceptación social

Un ejemplo de esta aceptación social tan problemática es la famosa intervención televisiva de un niño al que le preguntaban qué quería ser de mayor y afirmaba con toda seguridad: “Contrabandista, como mi padre”. Este niño finalmente cumplió su objetivo, pero no fue una autoprofecía muy gratificante, ya que acabó en la cárcel como tantos otros. Fernando Alonso, gerente y portavoz de la Fundación Galega contra o Narcotráfico (FGCN), piensa que esta aceptación del contrabando y del narcotráfico lo acaba arruinando todo: “Económicamente, el narcotráfico lo destruye todo [...] es decir, yo me dedico a traficar con lo que sea: ayer era tabaco, ahora es cocaína; con lo que haga falta para ganarme la vida trapicheando, haciendo de una actividad ilegal un medio de vida. Y eso es lo que más daño ha causado en esta tierra”. En resumen, que el narcotráfico solo trae desgracia, tanto para los negocios como para las familias y los propios narcotraficantes, que tienen que huir de la justicia y no llevan una vida sencilla a pesar de lo que pueda inducir a pensar el dinero fácil. El ex-comisario Enrique León habla también sobre el momento en el que la gente comienza a darse cuenta de las terribles consecuencias que traía la droga y, por ende, el narcotráfico: “La gente empezó a verlo mal cuando comenzó el “boom” del narcotráfico a partir de los años 80-90. Ahí es cuando realmente los ciudadanos de bien se empezaron a dar cuenta de la gran problemática que existía con el narcotráfico”.

 

Madres contra la droga

Una gran parte de esta lucha inicial contra la droga fue liderada por las madres, mujeres que se negaron a quedarse sentadas mientras sus hijos morían en las calles por culpa de delincuentes que se dedicaban a introducir droga en las rías. Entidades como Érguete, la FGCN o Proyecto Hombre fueron un gran incentivo para frenar la entrada y consumo de droga. Sin embargo, en la actualidad, Xulia Alonso echa en falta campañas eficaces como las que, en los ochenta, comenzaron por la preocupación social sobre el VIH, el cual tenía una vía de transmisión muy frecuente a través de las agujas de las jeringuillas de la heroína: “Hubo ciertas campañas que estuvieron muy bien diseñadas, como la de “Sí Da. No Da”, que era muy poco agresiva, con unos dibujos animados que ofrecían una información muy clara y muy concreta sobre las vías de transmisión”.

Por lo tanto, el colectivo de madres contra la droga y demás asociaciones fueron de gran ayuda a la hora de visibilizar una realidad tan aterradora como la que estaban viviendo en sus casas por culpa de la droga: “Hicimos una presentación pública, denunciamos a treinta y tres establecimientos en los que se estaba vendiendo drogas, con domicilios, nombres y demás. Nos movilizábamos y nos poníamos delante de bares que vendían [...] Estábamos allí para que los vecinos lo visualizaran [...]  Fuimos creando un estado de opinión”, explica con convicción Carmen Avendaño. Unas acciones con las que intentaron, mediante esfuerzo y dedicación, acabar con esa enorme injusticia social.

 

Narcotráfico globalizado

Estas pérdidas afectaron en gran medida a Galicia pero también a España y Europa: “La delincuencia organizada no es algo que esté en un sitio. No hay narcos gallegos; hay narcotraficantes mundiales”, afirma Vázquez Taín sobre el mundo del comercio de sustancias. Según el juez, en una de sus operaciones, el hecho de investigar a ciertos narcos lo llevó a mayores organizaciones de diversas partes del mundo. Es obvio que el tráfico de estupefacientes es un negocio de índice mundial que genera disputas en todas partes. No hay más que pensar en la violencia que se da en ciertos países como Colombia o México, relacionadas con el contrabando de droga: “Los mexicanos en este momento son los más salvajes. Además,  las muertes se dan en masa, con decapitaciones, etc. Vamos, que el que la hace la paga y nada más”, afirma Enrique León sobre la violencia que se da en estos lugares, todo alrededor de un negocio sucio y brutal que ocurre, según el ex-comisario, en Galicia de un modo habitualmente menos traumático, afortunadamente: “En Colombia y México no se les podía detener. Ese es es otro nivel. Es peligroso porque matan a la más mínima, sin consideración. Esto aquí, ni por casualidad”.

 

Invisibles

El problema con las drogas no es algo que se haya borrado por completo. Sigue ocurriendo, pero ahora los traficantes lo que buscan es ocultarse y permanecer en el anonimato:  Si algo no quieren los traficantes, y es una de las cuestiones para las que hacéis vosotros esta entrevista, es la difusión. El narco lo que quiere es que no se hable del tema”, alega Fernando Alonso.

Del mismo modo ocurre con los yonkis, ya que ese grado de aceptación social que se daba antes por desconocimiento, ya no existe: “Se dejó de hablar de las drogas, cuando las drogas siguen estando ahí. También es verdad que ahora no están en la calle como estaban en aquel momento, que eran visibles. Ahora los consumidores de heroína están en guetos como la Cañada Real, están en zonas muy concretas y no se ven, aunque los hay”, afirma Xulia, describiendo la situación actual del consumo fuera de la vista de la gente.

En suma, del desconocimiento inicial que lleva a una generación perdida a causa, principalmente, de la heroína se ha pasado a la invisibilidad actual tanto de los narcotraficantes como de sus víctimas, los drogodependientes. Del consumo social a la vista se ha pasado a la intimidad y a la soledad de las casas. En medio, hay una lucha llena de fuerza por parte de unas madres que veían como sus hijos se quedaban a veces por el camino mientras sus verdugos lucían pazos y coches de lujo. Una lucha a la que se sumaron la policía, los jueces y la sociedad gallega en general y que se saldó con muchos años de cárcel para los capos más conocidos: Oubiña, Charlín o Sito Miñanco; narcos que parecen ser incapaces de pasar página en su vejez después de media vida entre rejas. Una “generación perdida”: víctimas, familiares y fuerzas de seguridad hacen un recorrido hacia el pasado no muy lejano por una historia brutal de destrucción y lucha a la que todavía le quedan capítulos por escribir dentro de la invisibilidad de un futuro incierto.

 

 

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