Un mar de plástico

Científicos y ecologistas defienden la necesidad de terminar con el sistema consumista de un solo uso para evitar catástrofes medioambientales como el vertido al mar de casi 10 millones de toneladas de plástico anuales

 

 

ALEXANDRE SOTO RODRÍGUEZ, LARA QUINTEIRO FERNÁNDEZ Y GAEL NODAR FERNÁNDEZ | Barcelona, Santa Pola, A Coruña, Vigo, Nigrán y Santiago de Compostela

La generación masiva de residuos así como su tratamiento y eliminación suponen uno de los mayores retos medioambientales de nuestro tiempo. No solo lo vemos en la prensa y en la educación, sino en nuestra vida diaria: vemos la basura en la calle, en el campo y en el mar. Es un problema que, además de afectar al planeta de forma global como en el caso de los microplásticos, incide cada vez más en la salud humana. Por otro lado, el aumento de residuos va de la mano del agotamiento de los recursos naturales. Por eso, la europarlamentaria Ana Miranda afirma que “hasta ahora las guerras han sido por el petróleo, por la energía, pero las guerras próximas van a ser por el agua”.

 

 

 

Residuos e investigación científica

Por eso es tan importante cuidar el agua del planeta, evitando verter en ellas todo tipo de basura. Y Uno de los pilares fundamentales de la lucha contra la generación de residuos es la investigación científica: cuanto mejor se conozcan los orígenes y características de la problemática, mejor podremos combatirla. La catedrática de química analítica especializada en estudios medioambientales Soledad Muniategui defiende que “la investigación nos permite conocer cómo enfrentarnos con estos problemas y buscar soluciones que mejoren los procesos, que permitan innovar y avanzar en la búsqueda de soluciones”. Según Muniategui, el fin del conocimiento derivado de la investigación es, además de “cuidar nuestro medio ambiente”, “preservar nuestra salud y el bienestar”.

 

Microplásticos

Un ejemplo de este papel de la investigación son los microplásticos. El informe de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) de 2017, Primary microplastics in the oceans, nos ha revelado datos muy relevantes para entender la dimensión del problema: se vierten al océano una media de entre un millón y medio y tres millones de toneladas de microplásticos al año. El informe también permite ver el origen de estas pequeñas piezas de plástico que no vemos. Aunque cuando pensamos en ellos, pensamos en los pellets diminutos de la pasta de dientes, en realidad la mayor parte de los microplásticos primarios (fabricados específicamente así, en contraste con los secundarios, derivados de piezas plásticas más grandes) vienen de la ropa sintética: un 35%. Por un lado, suponen una grave alteración del medio marino: “Los plásticos, y en concreto los microplásticos en el mar, pueden ser colonizados por otras especies. Está demostrado que transportan organismos de un medio a otro en donde no era su hábitat”, explica Muniategui. Jesús Gago, investigador del Instituto Español de Oceanografía (IEO) de Vigo matiza que, aunque “en el tema de los plásticos está claro el impacto en los organismos que se ven enredados, enmallados, en los microplásticos es un poco complejo y estamos dilucidando cuál es su impacto real. Pero está claro que están donde no tienen que estar”. Sin embargo, según José Antonio Martínez Cedeira, presidente de la Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños (CEMMA), “en el trabajo que llevamos a cabo en asistencia a los varamientos, no es extraño localizar elementos plásticos, tanto en el interior del cuerpo de los animales o incluso adherido a una aleta”.

Por otra parte, los microplásticos suponen un riesgo para la salud humana, además de la animal. Muniategui explica que “los plásticos en el medio marino pueden retener contaminantes que hay en el agua. Por una parte, reducen su concentración en el agua, pero, por otra, los concentran en valores hasta cien o mil veces mayores retenidos en los plásticos y también los transportan a otras zonas”. En este sentido, la eurodiputada del BNG (Los Verdes Europeos/Alianza Libre Europea) Ana Miranda afirma que “en 2050 se prevé que el 40% de lo que exista en el mar no sean peces, sino microplásticos, que pueden pasar a la cadena alimentaria”, lo que supone que los microplásticos acumulados en la cadena trófica pueden pasar, o ya han pasado, a la alimentación humana, junto a los contaminantes de otro tipo que transportan.

 

Investigación, concienciación y divulgación

El caso de los microplásticos demuestra cómo la investigación permite una mayor divulgación de los problemas: “El tema de las basuras marinas, los plásticos y los microplásticos han despertado un interés enorme de la comunidad científica, de la administración y de la sociedad. Todos los días están apareciendo noticias de descubrimientos en estos temas”, comenta Muniategui. Pero el avance científico “no sirve de nada si no hay una conciencia ciudadana, social”. En palabras de Jesús Gago, “un investigador no se puede aislar en una torre de marfil pensando que lo que hace es más importante que nada y que va a publicar un artículo o dos en una revista muy importante. Tenemos que abrir las puertas para que la gente los vea”.

 

Legislación y Unión Europea

A pesar de la importancia de la concienciación, el fiscal de medioambiente de Galicia y ex-presidente de la Asociación de Fiscales Progresistas Álvaro García Ortiz argumenta que “la gente en general se conciencia después de que se haya implantado la norma. No hay más que acordarse del tema de fumar o del reciclaje. Siempre ha ido primero la obligación y después la concienciación”. “Nos hemos tenido que dar de bruces con contaminaciones nucleares, con grandes desastres para empezar a pensar que la energía nuclear no es la solución. Hemos tenido que tener grandes catástrofes en gestión de aguas, centrales hidráulicas, para darnos cuenta de que esa no es la solución”. El fiscal defiende la importancia que tiene la Unión Europea en la regulación medioambiental: “Tenemos mucha suerte de pertenecer a la U.E. A veces no nos damos cuenta. Porque todos los estándares, todas las obligaciones ambientales provienen de la legislación comunitaria; si no, no estaríamos a la altura de países como Alemania, Francia o los Países Bajos”. También afirma que “la Comunidad Europea, con estas políticas, generalmente ha ido por delante, incluso a veces, de las demandas de los consumidores”, a pesar de que  “este tipo de medidas no son populares”. Y, finalmente, defiende que “es muy importante que el legislador comunitario, que es quien manda en los estándares ambientales, sea activo, que no se deje llevar por esta corriente consumista o económico-capitalista, sino que se centre en cumplir todas las prescripciones medioambientales de la UE”.

 

Humor medioambiental. / LARA QUINTEIRO FERNÁNDEZ

 

Economía circular

Por todas estas razones es importante buscar soluciones al problema de los residuos. Y una de las que se están imponiendo con más fuerza es la economía circular. De este modo, la legislación de la UE gira en torno a la visión de reducir, reciclar y reutilizar, pilares básicos de la economía circular. Jean Pierre Hannequart, experto en derecho comunitario y ex-presidente de honor de la Fundación para la Economía Circular, considera que “es cerrar el circuito de utilización, de la producción y del uso de los recursos. Es buscar un nuevo modelo de gestión de los recursos del planeta con muchos menos impactos ambientales y reducir el consumo de recursos, pero también la producción y la contaminación que va con la utilización de los recursos”. Su opción es clara: “Nosotros criticamos que las medidas propuestas en favor de la economía circular no sean suficientes, pero hay que reconocer que sí se ha dado un primer paso en el llamado “paquete” de economía circular”. Pero la clave está en la aplicación e implementación de estas directivas. “He trabajado mucho sobre la cuestión de un derecho europeo obligatorio. La interpretación de una directiva es un acto jurídico obligatorio y no es aceptable si un estado hace solamente una recomendación”, critica Hannequart. En este aspecto va en la misma línea que el fiscal García Ortiz y que Ana Miranda, que denuncia que “en España se ha empezado a tomar alguna medida, pero hay que hacer mucho más”. Aunque, según la eurodiputada, “nosotros criticamos que las medidas propuestas en favor de la economía circular no sean suficientes”.

 

El plástico y el sistema productivo

Sin embargo, no a todos les convence la economía circular. Jesús Gago no está muy a favor: “Me parece que, de alguna manera, está transmitiendo un mensaje negativo. Necesitamos más una economía verde”. Y propone otras alternativas: “La economía circular es bastante lógica y entendible por todos. Pero, ¿por qué no nos vamos a una economía más verde? Tenemos que pasar de las 3R a las 10R. En vez de recuperar, reciclar, reutilizar, ¿por qué no vamos también a re-diseñar los productos. Hay que repensarlos y rechazar aquellos que no son sostenibles. Ir hacia una legislación más restrictiva en la cual se tenga en cuenta el ciclo de vida completo de cualquier elemento”.

Según Álvaro García, “el residuo, en el fondo, es un fracaso de un sistema de producción. Un buen sistema de producción lo que tiene que hacer es ser capaz de revalorizarlo todo”. Surge entonces el problema de si nuestro sistema económico-productivo actual puede adaptarse a las necesidades ambientales.

 

¿Un futuro sin plástico?

Pero de este fracaso pueden surgir las soluciones, que están, como indica Jesús Gago, más allá de la desaparición de las bolsas en los supermercados. Para Álvaro García “no se puede querer salvar el mundo viajando al último confín; hay que empezar por nuestra casa y tener un comportamiento responsable”. Soledad Muniategui se muestra positiva y piensa que es importante “que las autoridades también estén involucradas en esa idea de protección del medio ambiente y, por supuesto, la implicación de todos los estamentos: la industria, la producción, etc”. Pero no todos son tan optimistas. Jean Pierre Hannequart no ve un cambio sustancial y cree que hay situaciones que no tienen marcha atrás: “Hay un momento en que no se puede retroceder. La cuestión climática es muy ilustrativa de esto. Las emisiones están ya, no se pueden captar ni retirar; a nivel de la biodiversidad, una vez que pierdes ciertas especies, no puedes recuperarlas, no vas a “construir” otra vez un dinosaurio”. Finalmente, Ana Miranda anticipa un futuro donde las guerras se iniciarán por un recurso básico: el agua, pero anuncia también “un fin de época y, como no nos demos cuenta, vamos a tener un serio problema a nivel de gestión de recursos, tanto alimenticios, como energéticos”. Es decir, que si no hemos llegado demasiado lejos, como afirma Hannequart, buena parte de ese posible futuro está en nuestras manos, evitando que los elementos contaminantes como los plásticos, pequeños y grandes, sigan destruyendo como en el presente los ecosistemas terrestres y marinos.

 

 

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